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8 de febrero de 2022 | Nacionales

Camino al 2023

La UCR y el desafío de la gobernabilidad

En el camino hacia el poder aparecen obstáculos, semáforos en amarillo, novedades en general, que convierten al recorrido en algo tan preocupante como apasionante y alejado de toda monotonía.

En un mundo donde la territorialidad no lo explica todo para la política argentina, aparecen personajes, referentes, liderazgos y postulantes que aportan al gran temario del debate político. Que intervienen para alimentar su propia imagen o para contribuir a la cartelera de propuestas.

VOLVER DE LAS CENIZAS

En el radicalismo, la territorialidad se venía resaltando como un enorme activo importante. Pero hubo un 2001 que lo redujo casi a cenizas, con comités casi vacíos y un partido a punto de perder su personería allá por 2003 cuando fue candidato a presidente Leopoldo Moreau, quien sólo atrajo las voluntades de poco más del dos por ciento de los votos en todo el país.

Fue así que se generaron alternativas para una silenciosa mayoría radical caracterizada en más de una charla de café como la integrada por combatientes del populismo, con sentido nacional y federal, defensor de la división de poderes y, por tanto, del sentido de República.  

Nacieron por aquel entonces el ARI, de Elisa “Lilita” Carrió, el GEN de Margarita Stolbizer y algunas aventuras de frentes vecinales en algunos distritos. Todo indicaba que había un gran mercado electoral que requería respuestas, conformado en su gran mayoría por profesionales, comerciantes, trabajadores de clase media y de gran arraigo universitario. La condición necesaria, aunque no suficiente era la confesión de una importante sensación genética de antiperonismo.

Esto explicó una importante diáspora de militantes pero, sobretodo, de cuadros importantes que probaron, a su suerte y con distintos resultados, su proyección para la conquista de intendencias, concejalías y otros cargos electivos provinciales y nacionales.

Bueno es saber que la última interna radical de marzo del año pasado sirvió de enorme excusa para que muchos de quienes se habían ido pudieran volver a participar en el centenario partido. Gustavo Posse, un viejo conocedor de estas idas y vueltas; Martín Lousteau, un recientemente ingresado; y Federico Storani, alguien que nunca se fue de la UCR, hicieron un ámbito de contención para recibir con los brazos abiertos a los viejos correligionarios que decidieron volver, sobre todo muchos del GEN.

En algunos casos, la vuelta a casa no fue gratuita y muchos recibieron los rigores de la carta orgánica que les impidió, por ejemplo, postularse para determinados cargos partidarios. Pero la preocupación no abarca a las necesidades individuales y puntuales de algún militante, sino que motiva a pensar en el futuro partidario inmediato con vistas al 2023. Y si hay condiciones de relanzar y poner en valor a la UCR para un juego de grandes ligas presidenciales.

LA POLÉMICA

El debate toma mayor crédito cuando alguna provocación proviene de un flamante referente que ya vulneró hace rato el filtro de los medios nacionales como Martín Tetaz. Fue cuando aseguró que si hoy fueran las elecciones, el radicalismo no estaría a punto para gobernar.

Martín Tetaz tuvo una meteórica carrera en la cual nadie le ha regalado nada. Supo aprovechar al milímetro cada una de sus oportunidades. Superando su etapa de analista y periodista ahora suma una fase política legitimada con su actual cargo de diputado nacional. Además, adquirió un rol que no todos los legisladores poseen y es el de “newsmaker”. Este término está reservado desde viejas teorías de comunicación norteamericanas como “agenda setting” que reserva tal apelativo a quienes, justamente, generan temas para la polémica.

En principio su afirmación no cayó nada bien en las filas de muchos dirigentes que hoy por hoy tienen responsabilidades en la conducción partidaria. Máxime, teniendo en cuenta que el flamante presidente del comité nacional y gobernador de Jujuy, Gerardo Morales, inició una campaña para poner a la UCR en actitud desafiante para llegar a las altas cumbres del poder en el 2023.

También llamó la atención de este “sincericidio” –con el que tiene acostumbrado a más de uno– porque milita en una corriente como “Evolución”, cuyo referente es el senador nacional, Martín Lousteau y es uno de los principales pretendientes para la Casa Rosada y que se siente, según su entorno, con toda la energía puesta para desplegarla si eventualmente accede al sillón de Rivadavia

Muchos señalan que la afirmación de Tetaz no fue tan categórica como lo resaltaron en medios nacionales, incluso en muchos de la órbita K. Tal pensamiento hay que ubicarlo desde el punto de vista de algún aspecto más relacionado con las herramientas y recursos que actualmente posee la UCR. Léase: masa crítica de cuadros, equipos técnicos, propuestas bien diferenciadas de las proclamadas por el Pro y un posicionamiento importante no sólo en lo mediático sino también en lo institucional.

Y aquí se vuelve a la situación de realimentación de las filas radicales con quienes volvieron que, a su vez podrían ensanchar la grilla de cuadros y equipos y militantes dispuestos a actualizar y recrear una plataforma doctrinaria y una propuesta instrumental de gobierno.

Allí será clave el papel de la generación de debates y formación y el impulso que se dé a partir de la participación de fundaciones como Alem, Karakachoff, Rojas y muchas otras, que tuvieron alguna convocatoria, como la que realizó el titular del comité provincia, Maximiliano Abad y que daría sus frutos este año. 

Tal vez a esto se refería el novel legislador cuando hablaba de falta de preparación. Sin embargo, la formación de cuadros y la formulación de propuestas no sería lo único que pone en valor a un partido para gobernar, pero podría ser el inicio de un camino en el cual todas las corrientes internas están coincidiendo. (www.REALPOLITIK.com.ar)


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