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18 de febrero de 2022 | Cultura

Imágenes retro

Soda Stereo, la banda que abrió el mar

En enero de 1986, el trío se embarco en una quincena de shows que constituyeron toda una novedad: por primera vez, una banda argentina de rock giraba por la Costa Atlántica.

HORACIO DELGUY

por:
Juan Provéndola

Si hay una ciudad balnearia que definió crucialmente a Soda Stereo, esa fue Punta del Este, lugar en el que coincidieron Gustavo Cerati y Zeta Bosio en la temporada de 1982. Cada cual fue con su banda, aunque al final de ese verano terminaron arrimándose para sembrar el germen de lo que, a la vuelta, en Buenos Aires, se fundó como el nombre de Soda Stereo.

Pero lejos del glamour excluyente de la Avenida Gorlero y las playas Mansa y Brava, los músicos de una de las bandas fundamentales de la historia de rock en Latinoamérica guardarán para sí mismos los recuerdos de aquellas salvajes y experimentales aventuras por otra localidad turística que jamás olvidarán, aún a pesar de haber tocado mil quinientos shows en cien ciudades distintas de América y Europa. Hablamos de Villa Gesell.

"No era nuestro lugar habitual de veraneo, porque generalmente íbamos a Pinamar o a Ostende, aunque nos cruzábamos a Gesell, ya que tenía mucha movida para salir de noche. Y, por supuesto, fue una fija de nuestras giras de temporada alta con Soda por su gran cultura rockera", cuenta el bajista Zeta Bosio. 

Aunque ya a fines de 1982 se mostraron en una fiesta privada, su debut oficial se produjo el 22 julio 1983 en la discoteca Airport. Con la producción de Federico Moura, líder de Virus, el primer disco llegó en 1984 y llevó el mismo nombre del grupo. El álbum titulado "Soda Stereo" fue presentado por Capital Federal en los últimos meses de aquel con una intensa cantidad de shows, entre los que se destacan dos presentaciones en los lagos de Palermo con Juan Alberto Badía como presentador y, tal como ya lo sugería el ABC de las bandas de esos tiempos, la inminencia del verano obligaba a acercarse a la Costa Atlántica, donde gran parte de los argentinos pasaban su vacaciones estivales. El punto de partida fue el 14 de enero de 1985 en el cine-teatro Atlas de Gesell. 

Pero fue recién en 1986 donde se produjo una novedad: a diferencia del año anterior, donde la banda piloteaba entre localidades balnearias, Buenos Aires y el Conurbano, esta vez el grupo se estableció exclusivamente en la Costa Atlántica para hacer base allí. Por primera vez, un grupo de rock argentino instalaba la noción de gira de verano por playas bonaerenses. Soda acababa de sacar "Nada personal", su segundo disco, plagado de hits como "Estoy azulado", "Cuando pase el temblor", "Juego de seducción" o el que da nombre al disco.  

"La agencia que nos manejaba los shows vendió como veinte conciertos en veinte días, lo que implicaba llegar a cada ciudad, armar las cosas, subir a tocar, desarmar y volver a viajar, tareas que en esa época hacíamos casi exclusivamente nosotros, sin la ayuda de asistentes ni de nadie. Nos subieron a un micro en Buenos Aires y terminamos destruidos", recuerda Bosio. "Encima, esa vez, tuvimos problemas con el micro porque los equipos no pasaban por la puerta, así que viajamos todos apilados en una F-100 que conseguimos a último momento, algunos amontonados en la caja con los bafles. Improvisamos a las ocho de la mañana y llegamos sobre la hora".

El músico Diego Lucente, quien incorporó al staff de producción de Soda pocos años después, recuerda a Cerati ponderando aquellas experiencias. "Gustavo decía que aquel show en Gesell en 1985 fue el primero que hicieron en su historia en la costa atlántica, una zona que luego se volvió habitual y multidinaria en sus planes de verano. Por eso para 1986 alquilaron un colectivo de la línea 113, de Buenos Aires, y tuvieron que sacar el vidrio de atrás para ver si podían meter la batería, no la del colectivo, jaja, sino de Charly Alberti".

Para aquella seguidilla de shows la banda llevó más cajas de sonido por las dudas... y terminó usando no sólo todas las propias, sino incluso algunas ajenas que consiguieron sobre el momento. "Picoteábamos en cada ciudad pero era muy lindo porque en verano nos salíamos un poco del libreto haciendo cosas que no pintaban durante el año. Era típico de nosotros teñirnos el pelo y hacernos cosas raras, como ese verano que aparecimos rubios los tres", describe el bajista.

Conocidos por el particular esmero con el que atendían su imagen, el trío giraba de aquí para allá con sus toneladas de pinturas y maquillajes a cuestas. Un celo estético que, a veces, los privaba de disfrutar las bondades naturales que les ofrecían los lugares por los que transitaban. "Tratábamos de tocar un poco el mar porque nos gustaba, aunque estaba claro que tampoco íbamos de vacaciones", apunta Zeta, aunque remata: "La playa era muy incómoda para nosotros, sobre todo en la época que nos maquillábamos y nos peinábamos con laca. ¡No era el lugar más feliz de los que podíamos visitar en nuestras giras por las costa!".

"Normalmente, esas giras eran muy divertidas y en total clima de distensión, porque eran las que más premios tenían y menos sacrificios demandaban en comparación a los tours por el extranjero, en donde teníamos que rompernos bastante y hacer un gran esfuerzo para adaptarnos, promocionarnos, hacer gustar lo nuestro y llevar adelante unas campañas de prensa agotadoras. Acá, en cambio, nos conocían y nos trataban de primera. Era un placer demoledor, pero placer al fin". (www.REALPOLITIK.com.ar)


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