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11 de marzo de 2022 | Pastillas de Colores

Clave para la conectividad

El curioso Puente Holandés que dio vida a Ensenada

En simultáneo a la aparición del Puerto La Plata, el viaducto levadizo fue clave para la conectividad de la zona tras la creación del Canal Oeste. Historia del máximo símbolo ensenadense. 

HORACIO DELGUY

por:
Juan Provéndola

Hasta el año 2020, apenas unas estructuras maltrechas de acero habían sobrevivido a lo que a fines del siglo XIX se inauguró a toda pompa como un puente levadizo. Cuatro mil obreros fueron necesarios para esa obra fundamental en el crecimiento de Ensenada: tras la canalización del Río Santiago, era necesario un viaducto que reconectara el paso por la estrecha bahía. 

Argentina comenzaba a convertirse en lo que la oligarquía terrateniente deseaba caracterizar como "El granero del mundo" gracias, en parte, al Puerto La Plata como alternativa al de la ciudad de Buenos Aires, en tiempos donde la ciudad de las diagonales se creaba para darle a la provincia bonaerense una nueva capital.   

Pero, además del embarcadero, al ingeniero holandés Juan Abel Waldorp se le ocurrió crear dos canales paralelos al Río Santiago con el objetivo de que el agua no se estancara: el Este (donde hoy está Berisso) y el Oeste, propiamente en Ensenada. Naturalmente, ambos necesitaban ser atravesados por puentes. 

Durante la década del 1880 se construye el puerto, se dragan los dos canales y también comienzan las obras de los puentes varios, entre ellos el que más perduraría en el tiempo: aquel que se extiende sobre la calle Ortíz de Rosas y que, en efecto, es hoy el único habilitado para el tránsito vehicular.

Pero el más emblemático de todos fue (y es) sin lugar a dudas aquel de la calle Italia que ni siquiera tiene nombre oficial, aunque se lo suele mencionar de tres formas distintas: algunos le dirán Puente Colgante, otros, Puente Levadizo o, como más se lo cita, Puente Holandés. 

El gentilicio responde no solo al país de origen del ingeniero Waldorp, sino fundamentalmente al lugar del cual provino el viaducto casi terminado. Trabajaron unos cuatro mil obreros, entre ellos también herreros y albañiles, ya que hubo que combinar hierro con maderas, y luego estas con los mecanismos que permitían hacerlo levadizo para que pudieron avanzar barcos. 

Inaugurado formalmente el 30 de marzo de 1895, fue transitado durante ocho décadas por las miles y miles de personas que comenzaron a habitar Ensenada, y fundamentalmente por aquellas que trabajaban en el Puerto al que llegaban granos y carnes de todo el país. También pasaban por él carretas y caballos. 

El tiempo, su utilidad y la estética arquitectónica convirtieron al Puente Holandés en el verdadero símbolo iconográfico de Ensenada. Así lo demuestra su protagonista en pinturas, textos de ficción y el recuerdo de generaciones y generaciones.

Sin embargo, en la década del '70, y mientras el puente de Ortíz de Rosas era reforzado, el de la calle Italia fue inutilizado, desguazado y vendido como chatarra. Solo quedaron las estructuras fijas como fantasmas espectrales de un gigante de otro tiempo.

Así pasó casi medio siglo en donde el puente de Ortíz de Rosas era para vehículos, mientras que el de las calles Lavalle y Holanda, unos 500 metros al sur, para peatones y bicicletas. Hasta que en 2020, en la víspera del 220 aniversario de Ensenada, se pensó una reconstrucción simbólica.

De ese modo se intentó copiar el original con su piso de quebracho y la sensación de una estructura móvil, aunque en rigor de verdad es simplemente un efecto estético da la sensación de que el puente se está elevando. De noche lo iluminan luces verdes y violetas. 

Finalmente, funciona como un paso peatonal sobre el canal Oeste, además de ser un punto de encuentro encima de ese estrecho ensenadense que, a esa altura, parece más bien un bañado lleno de juncos. De fondo, los humos y fósforos de la destilería YPF (más los olores que se sienten especialmente los días de humedad) le dan un entorno muy Springfield, casi distópico, dejando como resultado una poderosa metáfora visual: lo bello versus el desarrollo, la estética pulseando con la funcionalidad. El progreso del tiempo avanzando entre los colores del pasado. (www.REALPOLITIK.com.ar)


ETIQUETAS DE ESTA NOTA

YPF, Ensenada, Berisso, Mario Secco, Juan Provéndola

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