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17 de marzo de 2022 | Nacionales

Confesión precoz

Alberto de la Rúa

Alberto Fernández anunció este martes que el viernes, tras la aprobación del acuerdo con el FMI, se iniciará la “guerra contra la inflación”. Una vez más, sus declaraciones fueron poco felices y así se lo hicieron saber de todo el arco político y mediático.

Llama la atención que a Alberto Fernández le haya llevado dos años darse cuenta de cuál era el problema de fondo en la Argentina. Mucho más que anuncie una “guerra” en medio del conflicto en Ucrania, y que avise con varios días de anticipación al “enemigo” para que tenga tiempo de remarcar precios y definir estrategias.

Los dichos presidenciales dispararon una avalancha de memes y de críticas devastadoras. Desde el primer día el gobierno comunicó mal y definió peor sus estrategias, casi siempre anunciando decisiones que aún no habían sido implementadas –y, a veces, ni siquiera tomadas-, que hicieron naufragar sus propósitos ante adversarios ya alertados y organizados. La suba de las retenciones o la creación de la subsecretaría de la Resiliencia son los dos últimos papelones de una lista demasiado nutrida.

Para peor, Alberto Fernández ha ridiculizado la investidura presidencial. El tratamiento mediático que recibe es similar al de los peores días de Fernando de la Rúa. Nadie lo toma en serio y él contribuye cotidianamente a que esa declinación se profundice, al ritmo de la fractura interna del Frente de Todos, cada vez más fragmentado y controversial. 

Por estas razones, las declaraciones de los protagonistas deben leerse en una doble clave: la pública y la interna. De este modo, cuando este miércoles el diputado nacional Carlos Heller salió a respaldar la afirmación presidencial, subrayando la necesidad de implementar políticas que contengan la suba de precios, todas las miradas se dirigieron al ministro Matías Kulfas

"Deberíamos poder intervenir y conocer todos los participantes de la cadena de valores", sostuvo Heller, en sintonía a la estrategia que viene sosteniendo Roberto Feletti desde su designación como secretario de Comercio Interior. Una estrategia que repetidamente chocó con el veto del ministro de Desarrollo Productivo, a quien poco le interesa el mercado interno y mucho, en cambio, el comercio exterior. Sus mandantes –bancos, empresas y consorcios exportadores, compañías energéticas- han recibido beneficios extraordinarios en sus casi dos años y medio de gestión que, en la mayoría de los casos, abonaron la espiral inflacionaria en la Argentina al suprimir o limitar retenciones y derechos de exportación.

El legislador habló tras conocerse el altísimo índice inflacionario del INDEC para el mes de febrero, sobre todo en el rubro alimentos y bebidas. "Es una situación muy preocupante teniendo en cuenta el número de inflación que se dio a conocer", consignó, y destacó que "hacen falta medidas, hay que ver cuáles son porque enfrente hay jugadores, hay que asumir los conflictos y los riesgos que trae tomarlas". Esta afirmación fue leída por algunos como una tácita desaprobación a la angustia oral que padece el presidente al hacer uso público de la palabra.

Suscribiendo la tesis de Roberto Feletti, Heller enfatizó que "todo lo que está pasando va a parar al precio de los productos que compra la gente, hay que intervenir en las cadenas de valor". Y como aquél, postuló que "deberíamos poder intervenir y conocer todos los participantes de la cadena de valores, entender cuáles son las ganancias, los productores tienen que tener una compensación adecuada". Y para que no quedaran dudas, subrayó que "la economía debe tener un estado que la regule, tiene que haber mayor intervención".

Finalmente, concluyó indicando que "hay que esperar las medidas que se tomen luego de los dichos del presidente", tras recordar que "a lo largo del tiempo ha habido mucha especulación, es un tema de mucha complejidad, hay que habilitar el tema del abastecimiento directo de frutas y hortalizas". "Los consumidores deberían poder pagar sin problema el precio de los productos", completó.

Sin embargo, no está en claro que el gobierno tenga en claro lo que debe hacer, o si está en condiciones de hacerlo, a partir de la debilidad manifiesta que ha cultivado hasta ahora. Pocos son los que creen que está en condiciones de sostener alguna medida que afecte a los sectores más concentrados del poder corporativo, en un escenario con un pronóstico inflacionario aterrador, ya que los números del INDEC para febrero -4,7 por ciento general y 7,5 en alimentos- prácticamente no fueron afectados por la escalada de precios internacionales que provocó la guerra en Ucrania, iniciada a fines del mes pasado.

Marzo y los meses sucesivos amenazan con una disparada de la inflación a niveles desconocidos en los últimos veinte años. Eso será una nueva prueba de fuego para la continuidad de un gobierno agotado. (www.REALPOLITIK.com.ar)


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