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6 de abril de 2022 | Pastillas de Colores

Las playas y sus ciudades

La historia detrás de los nombres de nuestra costa atlántica

Homenajes a familiares y a la naturaleza, a santos y a indígenas, secretos íntimos y desconocidos: los distintos bautismos de las localidades balnearias de Argentina.

HORACIO DELGUY

por:
Juan Provéndola

Toda ciudad guarda historias increíbles, y entre ellas suele estar la que dio origen a su nombre. Una tarea de gran responsabilidad: en ese acto, además, se está eligiendo el primer rasgo identitario del lugar. En ese sentido, las localidades de la costa atlántica atesoran una buena cantidad de anécdotas vinculadas con sus "bautismos".

A diferencia de lo que muchos suponen, Carlos le puso Villa Gesell a su creación no por referencia a sí mismo, sino a su padre, el hoy rescatado economista Silvio Gesell, por quien guardaba profunda admiración. Los nombres de las otras localidades del Partido, en cambio, son bastante simples de intuir: Mar Azul, Las Gaviotas y Mar de las Pampas aluden a una referencia geográfica bastante clara. 

Algo similar sucede con Mar del Plata y Miramar: ese "cielo debajo del cielo" (como lo llamó Ricardo Güiraldes en Don Segundo Sombra) se impone de entrada en la manera de llamar al lugar.  O con Pinamar: lo pensaron Valeria Guerrero y Jorge Bunge cuando tuvieron que ponerle título al proyecto de balneario que ambos compartían en ese lugar lleno de pinos sobre la playa. Lo que nunca se especificó es a cuál de los dos socios se le ocurrió primero. Sí se sabe, en cambio, que Valeria Guerrero fue quien decidió el nombre de Valeria del Mar, aunque no por ella, sino por Valeria Cárdenas Cueto, su abuela.

Valeria del Mar y Pinamar pertenecen al Partido de éste último. Lo mismo que Ostende, así llamado en honor al balneario de Bélgica, país del que provenían Fernando Robette y Agustín Poli, dos de los tres fundadores del lugar (el otro fue el francés Jean Marie Boure). En tanto, Cariló significa "médano verde" en mapuche. Elección curiosa, habida cuenta del nulo vínculo entre el coqueto pueblo pinamarense y la patagónica comunidad originaria.

En el Partido de La Costa (el primero viniendo desde el norte, donde la Bahía de Samborombón divide el Río de la Plata del Mar Argentino) abundan referencias a santos. Empezando, claro, por San Clemente del Tuyú, la primera de las localidades balnearias sobre la costa atlántica llegando desde Buenos Aires por la ruta 11. 

Aunque no todos los santos y santas costeros fueron invocados originalmente por la liturgia católica. Tal el caso de San Bernardo, en honor al nombre de la estancia del terrateniente Enrique Duhau, propietario de aquellas tierras. Y se cree que Santa Teresita es por Teresa Lacroze, esposa de aquel. Duhau le había puesto "Santa Teresa" al primer almacén que emplazó en sus tierras y los posteriores fundadores de la localidad como tal lo modificaron al diminutivo para denominarla.

A propósito de Tuyú (nombre que comparten no solo San Clemente sino también Mar del Tuyú, localidad cabecera del extenso Partido de la Costa), litigan varias versiones. Así las cosas, se impone la que indica la procedencia guaraní de la palabra. En esa lengua, Tuyú significa "barro", que es lo que vieron aquellos indígenas guaraníes traídos el siglo XIX en expedición hacia la zona cercana a Samborombón, donde la convergencia entre las aguas del río y el mar avanzaban sobre las tierras de la zona, convirtiendo el suelo en un extenso fango (tal como se puede apreciar actualmente, sobre todo en la zona de la Reserva Natural de la Bahía en ciernes).

A diferencia de otras regiones del país, en la costa atlántica no abundan referencias a los "próceres" que instaló para siempre en nuestros manuales de Historia Argentina la Generación de 1880. Apenas una: aquella que eterniza a Mariano Necochea, militar porteño que en 1812 se unió al Regimiento de Granaderos a Caballo recientemente fundado por José de San Martín y participó en todas las campañas libertadores de Sudamérica, tanto bajo las órdenes de este como de las de Simón Bolívar.

Otro caso curioso es el de Las Toninas, claramente inspirada en esos pequeños delfines negros y blancos que suelen merodear esas playas. No tan claro está, en cambió, la denominación de La Lucila del Mar. Originalmente se decía que el nombre había sido recogido del de la hija de Andrés Zapatero, quien le compró al mencionado Enrique Duhau una parte de sus posesiones sobre lo hoy se conoce como Partido de La Costa. 

Hasta que el historiador lucilense Carlos Abruzzese aportó un dato clave: Lucila Zapatero nació diez años después de haberse constituido el balneario. Según Abruzzeze, el nombre tiene que ver con la localidad del partido de Vicente López llamada La Lucila, de la cuál provenían los primeros compradores del loteo.

Como vemos, abundan entre las inspiraciones de las localidades de la costa atlántica aquellas que tienen que ver con el entorno natural, o bien con sus fundadores. Pero hay una que encierra una curiosidad. Una que, al igual que todas, lleva al mar en su nombre... aunque no precisamente por el mar. Pues Mar Chiquita no se llama por la porción de agua que precede al océano, sino, en verdad, por la laguna de ese nombre que el propio Partido encierra, reflejando en su denominación a otro accidente geográfico habitual de estas playas recostadas sobre las pampas. (www.REALPOLITIK.com.ar) 


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