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8 de abril de 2022 | Historia

¿Esclavitud o mercado?

Dos modelos de sociedad en los orígenes de los EE.UU.

Los Estados Unidos tuvieron en sus orígenes un problema estructural: contaba con muy poca mano de obra. Eso se intentó salvar aplicando una gran dosis de tecnología. Por eso, los telares norteamericanos eran mucho más grandes y mucho más veloces que los ingleses.

HORACIO DELGUY

por:
Alberto Lettieri

Por lo general, el territorio de Estados Unidos era más benéfico: poseía fuentes de combustible y caídas de agua muy rápidas que servían como fuerza motriz para estos telares. De manera que, gracias a la guerra con Inglaterra (1812), la industria textil norteamericana en muy poco tiempo dio un salto notable.

Un factor que favoreció a la industria norteamericana fue la escasez inicial de mano de obra. Si bien dicho obstáculo sería menguado con el arribo de grandes contingentes de inmigrantes, en un principio los empresarios necesitaron incorporar tecnología para suplir esta falta, incentivando la industrialización temprana y creando una clase capitalista orientada a la inversión. Al culminar el conflicto, el norte se encontraba en una posición de privilegio, dado el fenomenal enriquecimiento de sus empresarios y del aparato estatal. Su industria estaba consolidada y su comercio se había extendido.

Bajo estas circunstancias resurgió el debate acerca de la conveniencia de establecer una Confederación o un poder central fuerte. Este debate no puede separarse de otro problema clave en la historia norteamericana: la esclavitud. Para los industriales del norte era muy importante la libertad de los esclavos, no por principios humanitarios sino para la constitución de un mercado consumidor, lo cual requería un sistema asalariado de producción.

Esta necesidad se agravaba por la escasez de población, por el cual los empresarios norteños presionaron al estado para que se sancionara una ley que aboliera la esclavitud y que obligara así a los propietarios de esclavos a contratarlos a cambio de un salario. Esto generó una nueva fuente de conflictos entre el sur y el norte. Los representantes del sur afirmaban que la relación entre amo y esclavo era más beneficiosa porque el esclavo profesaba una lealtad natural y retribuía con su esfuerzo, mientras el amo estaba obligado, a cambio de esa lealtad, a alimentar, cuidar y vestir al esclavo.

En la base de esta controversia yacía un importante elemento económico: para el amo, el esclavo significaba una inversión de capital. En cambio, con sólo recordar lo que sucedía en las industrias inglesas durante el proceso de Revolución Industrial, saltaba a la luz lo que hacía el capital con los trabajadores: la convertía en una fuerza antagónica, debido a que no evitaba hacer ningún tipo de sobreexplotación de una mano de obra que era fácilmente reemplazable e intercambiable. Por eso, la verdadera explotación del hombre por el hombre no se daba en la esclavitud sino en el capitalismo, en el marco de las reglas de juego de la economía de mercado.

El norte, por su parte, argumentó su defensa de la liberación del hombre utilizando estrategias religiosas, basadas en la Biblia y en valores éticos, lo cual era esperable ya que la mayor parte de los comerciantes e industriales eran parte de elites religiosas que habían tenido que exiliarse de Europa por cuestiones religiosas o políticas. Su retórica abolicionista fue acompañada por la práctica de los propietarios del norte, quienes tempranamente comenzaron a liberar a sus esclavos para dar el ejemplo de cómo debían funcionar las fuerzas productivas en una moderna economía de mercado.

Sin embargo, luego de liberarlos, no les fue reconocido el derecho al voto, demostrando que en realidad la libertad sólo se acotaba a las relaciones de producción, por antonomasia desiguales. En otras palabras, no se los consideraba con igual estatus que los blancos como para votar. Finalmente se llegó a una solución acordada en el marco del Parlamento norteamericano: se trazó una línea imaginaria que atravesaba el paralelo de 36° 6’ para marcar el límite de la libertad de los esclavos.

Al sur de esta línea, la esclavitud estaba permitida, al norte prohibida; dicha legislación previó una cláusula adicional que establecía que la abolición definitiva de la esclavitud sólo podía ser sancionada con la aprobación parlamentaria de dos tercios de las cámaras, lo cual en la práctica significaba que el sur se aseguraría mano de obra esclava en la medida que el Senado mantuviera igual cantidad de representantes de estados del norte y del sur, y mantuviera a raya el predominio norteño en la Cámara de Diputados.

Cuando el norte logró mayoría, éste se impuso sancionando la abolición de la esclavitud para todo el territorio norteamericano. Pero para eso falta una terrible Guerra de Secesión que arrasó al país entre 1860 y 1865. (www.REALPOLITIK.com.ar) 


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