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26 de abril de 2022 | Séptimo Arte

Entrevista REALPOLITIK

Montana Story, un drama familiar atravesado por el contexto

Giles Nuttgens, director de fotografía de la nueva película de Scott McGehee y David Siegel, conversó con REALPOLITIK sobre cómo fue desarrollar esta historia.

HORACIO DELGUY

por:
Federico Carestia

Así como hoy en día en el cine solo se producen películas de superhéroes a gran escala, hubo una época en la que los westerns eran los que lideraban en cada proyección en la pantalla grande. Hoy en día, a pesar de que Marvel y DC siguen dominando y son las historias que más dinero consiguen para desarrollarse, hay relatos anclados en el oeste que logran colarse y hacerse un hueco entre tantas reversiones de Batman o producciones pensadas como sagas.

Se trata de westerns modernos, como el caso de Hell or High Water, o atravesados por la modernidad como la reciente The Power of the Dog en donde se puso el foco en el vínculo amoroso entre dos cowboys (algo completamente impensado tiempo atrás). Uno de los últimos en llegar a la pantalla grande fue Montana Story, la nueva película de Scott McGehee y David Siegel, que contó con Giles Nuttgens como director de fotografía.

Montana Story se centra en la vida de dos hermanos interpretados por Haley Lu Richardson y Owen Teague, quienes regresan al rancho en el que se criaron durante su infancia para lidiar con la inminente muerte de su padre. En ese contexto, deberán también lidiar con los dilemas y dramas que los empujaron a irse de allí, así como también redescubrir qué significa para ellos ese lugar. En diálogo con REALPOLITIK, Nuttgens contó cómo fue trabajar en este proyecto.

RP.- ¿Qué fue lo que lo atrapó para ser parte de Montana Story?

Tengo una larga relación con Scott Mcgehee y David Siegel, nos conocimos en el 2000 e hicimos una película llamada Deep End con Tilda Swinton y Fox Searchlight, que le fue muy bien, fue uno de esos éxitos independientes que no pasan a menudo. Fue un buen comienzo para nuestra relación y también fue mi primera película en los Estados Unidos. Eso cementó nuestra relación. Hice casi todas sus películas.

RP.- Como suele suceder en este tipo de relatos, los paisajes son un personaje más. ¿Cómo trabajó con eso en mente?

Lo que hay que recordar es que sí, el paisaje es un personaje, pero es un personaje en el sentido de que afecta cómo reacciona y responde la gente. Es algo banal decir eso, porque es evidente, muy obvio. Pero, por otro lado, se los suele tratar por separado. En algún punto podés ver que un fondo es un fondo. Podés tratarlo como un fondo o como una presencia en la película, no solo es una presencia sino que realmente determina cómo es la gente. Estados Unidos tiene esta rareza... Se suele decir que no tienen cultura, pero sí, todos tienen cultura y es muy específica: tiene que venir con los pioneros que llegaron al oeste. Y esto deriva en su mentalidad, su mentalidad cristiana, su ética del trabajo y los locos que portan armas. Todo llega de esos pioneros que luchaban contra todo lo que se encontraban: los nativos, el clima, el ambiente. Ese elemento de supervivencia existe en la cultura norteamericana. Cuando llegaron, la idea era domar la naturaleza, derrotarla. Ahí fuera está la presencia del clima, de la montaña. Es intenso.

Rodamos en un lugar que se llama Paradise Valley (Valle del Paraíso) porque por algunos meses del año parece el Paraíso. Pero podría llamarse lo opuesto el resto de los meses del año. Porque el viento cruza el valle y cuando impacta, alcanza los 20 grados bajo cero, y le tenés que sumar el viento. La gente de ahí anda a caballo protegiendo su tierra y su ganado... No es tanto un lugar de ganado sino más bien de caballos... Pero son duros. Y eso te forma, forma tu relación intrafamiliar: sos muy unido o sos muy frío. Y eso queríamos mostrar, además de la belleza del espacio alrededor.

Es un film muy simple que toma lugar en una casa y sus relaciones. Si tenés una limitación y avanzas a través de la emoción de la gente, con una narrativa muy simple, entonces la presencia de las montañas alrededor se vuelve muy importante, en parte, porque si no sería muy aburrido de ver. Son tres personas en una habitación y se limita a cuánto tiempo los podés mantener interesados. Usar el ambiente y la sensación de ese ambiente... Pero es algo difícil, porque no partimos con un film particularmente invernal...

Por supuesto, cayó muchísima nieve el primer día, con temperaturas bajo cero y se volvió más complicado. Odio el frío así que fue más complicado para mí. Pero la película no refleja eso porque la gente usa ropa normal. Tienen que batallar eso e ignorar el hecho de que se les congela el aliento y eso. Pero sí, lo que pasa es que el paisaje se ve muy muy bello y esperas que en el fondo, la gente... Y, obviamente, explotamos eso... La gente entiende que esta gente está aislada, y la intensidad que se da en las relaciones de esa familia probablemente sea muy extrema cuando sos muy joven porque estás aislado de todo lo demás. Tu vida social aunque la película no lo mencione, es ir a la iglesia el domingo o ir a un bar. Es una vida limitada.

RP.- Hay un cierto retorno al western, ¿cree que estamos volviendo a esas raíces?

No es que necesariamente estemos volviendo a eso... Cuando pienso en los western, pienso que todos los directores quieren hacer un western y no sé por qué. Es algo de Hollywood, todos queremos hacer un western pero la pregunta es si todos quieren ver un western. Hubo un punto en el que dejamos de mirarlos. El oeste no dejó de existir, la gente está ahí con esos paisajes y sus caballos. Sí, ahora tienen una camioneta también. Creo que hay algo interesante en la idea de una historia que se da en ese contexto, que se conecta a un western, la situación básica no cambió tanto, pero es un film moderno con una mirada moderna. (www.REALPOLITIK.com.ar) 


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