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1 de mayo de 2022 | Turismo

Cultura, historia y turismo

Marruecos, tesoro para viajeros y puerta del desierto

Marruecos es una perla para viajeros, que vale la pena descubrir. El país se encuentra ubicado en el extremo noroeste de África, en la encrucijada que une el Mediterráneo con el Atlántico, en los límites del viejo mundo.

HORACIO DELGUY

por:
Sabino Mostaccio

Esta tierra posee una historia milenaria y fue durante siglos el punto de encuentro de distintas culturas y hogar de muchos pueblos que dejaron su marca en el paisaje y sus tradiciones.

Actualmente, este país de casi 37 millones de habitantes pertenece al mundo islámico, pero en tiempos pasados fue codiciado por imperios y reinos, pasando por las manos de los romanos, los bizantinos, los árabes, los turcos, los españoles y los franceses, entre otros imperios, hasta que en 1956 obtuvo su independencia, que su pueblo reivindica con orgullo hasta nuestros días.

Conocer Marruecos es conocer un tapiz de muchos colores, desde el verde de las praderas, oasis y llanuras del norte mediterráneo y de la costa atlántica, hasta el ocre de las arenas del eterno Desierto del Sahara, pasando por el gris y blanco nevado de la imponente cordillera del Atlas. Tras el origen de muchos mitos y leyendas, se halla la tierra marroquí.

El turista podrá disfrutar de su exquisita gastronomía, sus exóticos paisajes, sus antiguos monumentos históricos, y la hospitalidad de su pueblo. Es recomendable comenzar el viaje por la ciudad de Marrakech, antigua capital del reino y una de las ciudades más esplendorosas. Como patrimonio de la humanidad, destaca la ciudad antigua, la “Medina”, con sus construcciones de adobe y ladrillo rojo, rodeada por sus murallas de 10 metros de alto y 15 kilómetros de extensión que bordean su perímetro. La antigua capital destaca también por sus barrios modernos, la llamada “Ciudad Nueva”, con sus tiendas y su vibrante vida comercial y cultural. Imperdibles la plaza Central de Jemaa el Fna (punto neurálgico de la Medina), el Zoco (impresionante mercado público en donde es posible hallar todo tipo de productos), la Madraza Ben Youseff (antigua escuela superior islámica que data de 1565), la mezquita de Koutoubia (de las más antiguas del país, que data de 1169), el Palacio Bahía (palacio real del siglo XIX) y los Jardines Majorelle (mayor paseo público de la ciudad).


La mezquita de Koutoubia.

En los alrededores de la ciudad, merecen una visita las cascadas de Ouzoud (con sus caídas de agua de 110 metros de altura), el Valle del Ourika (bordeando los montes Atlas con sus tradicionales pueblos bereberes y su cultura) y la antigua ciudad fortificada de Ouarzazate, que se considera la puerta al desierto y en la que se han rodado una infinidad de películas, siendo además sede de la industria cinematográfica del país.

Luego conviene continuar por la antigua ciudad de Tánger, ubicada junto al estrecho de Gibraltar, y que durante siglos fuera disputada por distintos imperios. Dignos de visita son la Kasbah (antigua ciudad amurallada con sus pintorescas calles), la Medina (con sus mercados y talleres de artesanos), el boulevard marítimo Rey Mohamed VI, el puerto (el más activo de Marruecos), el Paseo Marítimo (con sus playas de arenas blancas), las Cuevas de Hércules (grutas de piedra caliza ubicadas cerca del estrecho de Gibraltar) y pueblos pesqueros como Asilah.


Las Cuevas de Hércules.

Tenemos también la antigua ciudad de Fez, centro cultural y religioso del país. Empezaremos por la Ciudad Vieja Fez el-Bali (La Medina): ingresamos por “Bab Boujloud o Puerta Azul” (la parte exterior es azul, símbolo de la ciudad y la parte interior verde, el color del Islám) es la puerta principal de entrada a La Medina de la que parten las dos calles más comerciales “Tala’a Sghira y Tala’a Kbira”. Seguimos por la madraza Bou Inania (funciona como universidad y mezquita a la vez), la plaza Nejjarine (en ella destacan la fuente más antigua de la ciudad y el museo de la madera).

También merecen una visita la Universidad Al-Qarawiyyin (la más antigua del mundo que sigue en activo, desde el siglo IX), la Madraza Attarine es la más bonita de Fez con su estructura tradicional de patio central con aulas alrededor, el Mausoleo de Moulay Idriss (zona sagrada para los fieles musulmanes de todo Marruecos), la plaza Seffarine y las calles cercanas con los distintos zocos que la rodean. El más llamativo es el de “Attarine”, con tiendas de productos farmaceúticos y especias. En el de “Nejjarine” están los carpinteros. En el de “Chemainne” se encuentran frutas secas y asadas.

En la Fez el-Jdid (la nueva Medina), destacan el antiguo barrio judío de Mellah, con su sinagoga Ibn Danan, que data del siglo XVII y un ejemplo de arquitectura judía que ya no se encuentra en muchos lugares y el palacio real del que solo se pueden contemplar sus grandes puertas de latón, rodeadas de azulejos y madera tallada de cedro.

En la Ville Nouvelle, la ciudad nueva, se encuentran los servicios administrativos de la ciudad, las mezquitas más modernas, la estación de tren, el Banco de Marruecos, grandes hoteles o la plaza de Florence. Las amplias avenidas están plagadas de tiendas, cafeterías, terrazas y restaurantes.


Ruinas arqueológicas de la ciudad de Volubilis.

La zona posee una fuerte impronta de la arquitectura europea, francesa, sobre todo, de fines del siglo XIX. Fez es punto de partida para muchas excursiones al desierto (que ningún turista suele perderse por lo general), a las montañas Atlas y a las ruinas arqueológicas de la cercana ciudad de Volubilis, construida por tribus mauritanas en el siglo III AC y que fue en tiempos romanos una de las más grandes ciudades de África del Norte.

Como sea, vale la pena un recorrido por Marruecos, tierra del ocaso del sol y hermoso paseo para los amantes de la historia y la belleza. (www.REALPOLITIK.com.ar)


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