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6 de julio de 2022 | Cultura

El genio maldito

​​​​​​​Atravesando todo límite: El futuro de Iorio después del choque en Bahía Blanca

​​​​​​​Aunque el episodio se configura como una contravención, sus antecedentes y algunos consumos problemáticos plantean otros interrogantes sobre presente del músico.    

HORACIO DELGUY

por:
Juan Provéndola

El accidente de tránsito que protagonizó Ricardo Iorio en el centro de Bahía Blanca durante la mañana del martes fue noticia en la ciudad del sur de la provincia de Buenos Aires, aunque no en la vida del músico, quien ya vivió anteriormente otros episodios similares. 

La novedad, en todo caso, residió en la rápida divulgación del hecho, quien ocupó la agenda periodística por la viralidad no solo de fotos y videos tomados instantes después del acontecimiento, sino además por la filtración de los distintos exámenes toxicológicos a los que Iorio fue sometido por agentes de tránsito y personal policial. 

Según fuentes oficiales, el cantante embistió contra un poste de luz cuando conducía una Toyota Hilux roja, aunque las imágenes que circularon después lo mostraban en el asiento del acompañante de una camioneta blanca, lo cual hace presumir que fue rápidamente asistido por gente de su entorno que acudió el su socorro. 

En ese contexto fue que le realizaron dos test de alcoholemia, el primero con 2.43 gramos de alcohol por litro de sangre y el segundo con 1.60, ambos valores muy por encima de los 0.5 permitidos de máxima. Estas mediciones fueron luego complementadas por un examen de consumos varios que arrojaron positivos de cocaína, marihuana y anfetaminas. 

Según distintas observaciones vertidas por efectivos policiales, y a pesar de tener antecedentes en episodios similares, el hecho quedó circunscripto únicamente al fuero contravencional, lo cual expone a Ricardo Iorio no más que la suspensión de su licencia de conducir por dos años y a una multa que rondaría los 200 mil pesos, la mitad de la sanción tope. En tanto, su vehículo permanece secuestrado en el depósito judicial de Bahía Blanca.

A pesar de que la policía pidió refuerzos “por sus antecedentes violentos”, Iorio no opuso resistencia alguna al procedimiento. Eso, y el hecho de que no hayan habido terceros damnificados, contribuyen a morigerar las consecuencias penales por un suceso que no ocasionó males mayores de milagro.  

Sin embargo el delicado estado en el que el músico fue visto en los videos (además de los altos valores arrojados por los distintos tests a los que fue sometido) pone sobre el tapete otras cuestiones que merecen mayor atención y obligan a repensar su futuro.

El 25 de junio pasado Ricardo Iorio cumplió 60 años en medio de una tanda de shows por el país que durante ese mes lo vieron cantar por la ciudad pampeana de Toay y Comodoro Rivadavia, Chubut, mientras que el periplo continuará en julio y agosto. Sin ir más lejos, este mismo sábado tiene un compromiso en el estadio Vicente Polimeni de Las Heras, Mendoza, a la vez que una semana después se lo espera en club Tribus de Santa Fe. La gira luego continuará por Córdoba y el microestadio de Atenas, el aforo techado más grande de la ciudad de La Plata. 

Pero más allá de su nutrida agenda musical, el cantante no atraviesa el mejor de sus momentos personales. En junio fue detenido un sujeto que ingresó a la finca de Ricardo Iorio en Coronel Suárez y generó alarma en su seno íntimo. Además el año pasado su padre se mató con un arma, hecho que recuerda al que fue acaso el episodio más doloroso de la vida del cantante: el suicidio de en 2001 de Ana Mourín, madre de sus dos hijas, una tragedia que marcó un antes y un después en un Iorio que simultáneamente comenzaba a verse entreverado en sucesivas polémicas por distintas declaraciones públicas.   

A principios de la década del 2010, y cuando ya acumulaba una frondosa carrera artística, la dinámica pública de Iorio adquirió nuevas dimensiones a partir de las entrevistas que le concedió al programa televisivo de Beto Casella. Sus frases entre urticantes, precisas, disparatas y agresivas le dieron otro volumen a su figura, convirtiéndolo en un objeto de consumo irónico que menoscababa su incuestionable valor como autor y compositor de canciones fundamentales para la cultura heavy metal de Argentina.

El sesgo humorístico que adquirían sus declaraciones fue también estimulado por él mismo, quien a partir de entonces era entrevistado más para esperar que arrojara titulares estridentes que por su trayectoria musical. Los vasos de whisky camuflados en tazas de café eran acaso la muestra más patente de cómo intentaban minimizarse los consumos problemáticos que se fueron incrementando con el tiempo, dejando como corolario este desenlace que debe ser tomado más como una alarma a tiempo. 

La imagen de tipo rudo e invulnerable se da de bruces con un presente en el que parece estar pidiendo ayuda a gritos, incluso cuando ni siquiera lo exprese de manera literal: los videos que circularon el martes no deben dar bronca, sino pena por alguien a quien el personaje que los medios alimentaron para su beneficio se lo está devorando. 

La construcción simbólica acerca de lo que “debe ser” una figura del rock es confusa y tiende trampas. Los ejemplos de Charly GarcíaPity Álvarez y Chano Charpentier dan cuenta de esto: la condescendencia con las conductas autodestructivas nunca auguran finales felices y el propio Ricardo debería saberlo, a pesar de que logró sobrevivir a todos estos trances. La suerte, de momento, parece estar de su lado, aunque no convendría seguir llevándola hasta límites inconvenientes. Ojalá su entorno repare en esto cuando todavía se está a tiempo. (www.REALPOLITIK.com.ar)


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