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7 de agosto de 2022 | Nacionales

¿Un crimen con final abierto?

Curia, muerte y censura en América TV: El caso que conmovió a todo Chascomús

A veinticinco años de la aparición sin vida del joven Emilio Blanco, de dieciséis años, en Chascomus, la incógnita sobre las causas y responsables de su muerte permanecen. Un juicio tardío sospechado de estar “embarrado”, un programa de Moria Casán en América TV censurado y un suicidio.

HORACIO DELGUY

por:
Facundo Pereyra

La noche del 28 de septiembre de 1997 Emilio Blanco, un joven de 16 años de la ciudad de Chascomus, salió de su casa para juntarse con sus amigos, como lo hacía habitualmente. Lo que tal vez no sabían ni él ni su familia es que aparecería muerto en torno a las vías del ferrocarril. Su caso impactó a la comunidad, que desde un primer momento reclamó justicia en numerosas marchas.

Los ojos estuvieron puestos siempre en agentes de la Policía Bonaerense. La causa sostuvo que el joven fue “levantado” por un móvil policial, torturado y muerto, para luego ser “depositado” en torno a las vías del tren simulando una muerte por accidente ferroviario, aunque su cuerpo se encontraba direccionado en sentido contrario en el que debería encontrarse fruto del impacto del tren.

Las primeras declaraciones de los agentes de policía de guardia esa noche dan cuenta de no recordar nada, e incluso de no ”levantar” a nadie durante esa noche. El juicio por esta dudosa muerte, tal como se la caratuló en un primer momento, para luego sostener que se trató de un homicidio, demoró 18 años, hasta que recién en 2014, el sargento Fermín Basualdo fue condenado a prisión perpetua por ser coautor de torturas seguida de muerte.

Sin embargo, la causa aun sigue abierta para muchos que descreen de esta única versión. Al año siguiente, un joven de nombre Samuel Leandro Gonzalia, también de Chascomus, se presentó ante la UFI Nro. 1 de la localidad de Dolores, para agregar pruebas en torno a un supuesto vínculo entre Emilio Blanco y el por entonces obispo de Chascomus, Juan Carlos Maccarone, quien al año siguiente fue removido y trasladado a la provincia de Santiago del Estero, donde en el 2005, una cámara oculta realizada por uno de sus acompañantes, dejó al descubierto prácticas poco “santas” para un jerarca de la iglesia y debió partir hacia México para regresar ya anciano y morir casi una década después.

En la mencionada declaración Gozalia sostiene que, junto a su madre, fueron al programa televisivo “Amor y Moria”, conducido por la hoy “suegra” del superministro Sergio Massa, para dar su testimonio acerca de lo difícil que era ser gay por aquellos años, dando cuenta de la discriminación que sufría por parte de la sociedad, y contar que desde hacía algún tiempo mantenía una relación amorosa con un sacerdote del lugar. La producción del programa le había “recomendado” no dar nombres sino referirse solo a la investidura eclesiástica.

A sabiendas de la grabación de este programa, el obispo Maccarone citó a Gonzalia al obispado para preguntarle si era cierto lo de sus dichos en el ciclo televisivo, que aunque sin mencionarlo lo involucraba, dado que la supuesta relación era con éste. Asustado, Gozalia le negó su participación en este programa, a lo que el obispo Maccarone respondió que si era así se quedara tranquilo, dado que “vos no sabés con quién te estás metiendo”, que “tuviera cuidado con la gente con la que hablara”, porque sino “podía terminar como Emilio Blanco”,luego de decirle esto se retiró a su despacho y regresó con 200 pesos (dólares) de la época y se despidió, citándolo luego a la casa que el obispado tiene en la localidad vecina de Gándara por la noche, advirtiéndole que fuera solo.

Gonzalia nunca fue, siempre creyó que eso le había salvado la vida, aunque debió sufrir reiteradas amenazas de sujetos que lo seguían a todas partes en un auto. Declaraciones posteriores de su madre dan cuenta de una relación amorosa entre su hijo y el obispo, al tiempo que en un hecho ocurrido por entonces, como fue el robo de la imagen de la virgen de la iglesia Catedral, que luego apareció en un banco del templo, su casa fue requisada y Gonzalia entregó, entre otras cosas, una camisa sacerdotal color negro que, dijo, pertenecía al obispo y se la había dado en una oportunidad.

Cabe destacar que la familia Gonzalia lograba sobrevivir con mucho sacrificio, dado que tenía en total nueve hijos, y la ayuda de la iglesia se había vuelto de gran importancia. Lo cierto es que días después, la producción del programa de Moria Casán se comunicó con la familia Gonzalia para confirmarles que el programa había sido levantado del aire por las autoridades de América TV, asegurando haber recibido fuertes presiones de la curia.

En esa misma declaración, en la ciudad de Dolores, Gonzalia sostuvo ser testigo de reiteradas visitas de Emilio Blanco a la casa del obispo, de la misma forma que él, sosteniendo que iba allí a buscar el consuelo que no encontraba en su familia desde que les había revelado su inclinación homosexual.

La madre de Gonzalia fue testigo, a su vez, de una de estas visitas ocultas de su hijo a la casa del obispo, dado que preocupada por sus extraños movimientos y una depresión que habría estado cursando por entonces lo siguió hasta la casa de obispo, espero afuera hasta que decidió tocar a la puerta y fue maltratada por éste, quien negó que su hijo se encontrara allí, aunque lo vió asomarse por detrás del sacerdote.

Su historia terminó en octubre de 2016, cuando fue hallado sin vida por su madre en la casa en la que vivía, y se confirmó que se trató de un suicidio. Un año antes había muerto el obispo Maccarone, siendo despedido por los llamados “curas villeros”, en una carta publicada el 1 de abril de 2015 como quien “expresó con dolor fraterno la incoherencia entre el discurso de los pastores argentinos y la trama menemista. Desafió al poder feudal en Santiago del Estero, hecho que le valió que hurgaran sus debilidades y lo borraran del mapa con una denuncia poco creíble”.

La denuncia poco creíble en realidad es un video de relaciones consentidas explícitas que llegó a las altas fuentes vaticanas, incluso hay quienes sostiene que el mismo Papa Benedicto XVI fue quien mandó a expulsar a este obispo.

Al mismo tiempo, un año antes, en 2014, el sargento Fermín Basualdo fue condenado y, tal como se desprende de declaraciones posteriores, sostiene estar preso fruto de oscuros hechos de corrupción, tal como se desprende del recurso de amparo presentado, presiones eclesiásticas y políticas, dado que dieciocho años después de la muerte de Emilio Blanco solo una testigo sostuvo haber visto a Basualdo en el lugar del hecho. Curiosamente, días antes de su declaración, a esta mujer, de nombre Verónica Agüero, la municipalidad de Chascomus le había entregado un subsidio para cubrir gastos de construcción, hecho por el cual Basualdo, a través de su abogado defensor, denunció al por entonces intendente Juan Alberto Gobbi. Esta sola declaración bastó para su condena, el resto de los oficiales padecieron amnesia circunstancial respecto de sus declaraciones de 1997.

Entre la muerte de Emilio Blanco y la de otro joven, también de apellido Gonzalía, llamado Marcos, solo pasaron diez días. El mismo fue hallado sin vida en un lavadero de autos de esa ciudad. Las versiones del momento dan cuenta de que ambas muertes se vieron atravesadas por la compra y venta de drogas. Blanco, hijo de un policía, fue hallado muerto en las vías del tren por el padre Carlos Kipes. Nunca se pudo comprobar el traslado del cuerpo de un lugar a otro pese a los intensos peritajes realizados a móviles policiales.

Leandro Gonzalía se suicidó muchos años después, víctima del poder, de engaños y mentiras, que lo llevaron a sobrellevar su vida entre angustias y consumo de drogas. Muchos cabos sueltos en un intento por simplificar los anales del paso del “obispo cercano al pueblo” por la ciudad de Chascomus, que terminaron con la condena del sargento Basualdo, quien aun hoy desde prisión y ante, incluso, la Corte Interamericana de Derechos Humanos, sigue clamando por su inocencia.

¿Una vez más se tratará de un caso en el que pagaron justos por pecadores? ¿Sabremos algún día la verdad sobre estas historias que aquietan las aguas de la laguna chascomunense y han producido muchos dolor en tres familias y en todas una comunidad?

El tiempo lo dirá. (www.REALPOLITIK.com.ar)


ETIQUETAS DE ESTA NOTA

Moria Casán, Chascomus, Fermín Basualdo, Emilio Blanco, Sergio Massa, Benedicto XVI, Carlos Kipes, Juan Alberto Gobbi, Verónica Agüero, Juan Carlos Maccarone, Leandro Gonzalia

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