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25 de agosto de 2022 | Nacionales

El amor según la iglesia

Sacerdote, actor porno y matrimonio gay

Cuando uno lee las casi setecientas páginas que conforman el libro “Sodoma: Poder y escándalo en el Vaticano”, del periodista Frederic Martel, se encuentra con historias y hechos que muestran el lado B de una institución que condena y excluye a los homosexuales, aun cuando en las palabras puedan intentar ser más piadosos.

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HORACIO DELGUY

por:
Facundo Pereyra

La investigación de Frederic Martel da cuenta de cómo se realizan intercambios de favores sexuales, connivencia con la prostitución masculina en barrios cercanos al Vaticano y hasta dentro de los muros de la Santa Sede. Para ellos todo está permitido, mientras que quienes no forman parte de la jerarquía eclesiástica deben pedir “permiso para pecar”.

Sacerdote, actor erótico y gay, podría ser el título de la Sodoma nacional, pero lejos de cualquier ficción la zona de la vendimia ha sido testigo de una de las historias más calientes. Andrés Gioeni nació en 1971 y se ordenó sacerdote a los 29 años, en el año 2000, en Mendoza. Sus dotes actorales ya dejaban traslucirse: decidió anunciarle a su familia que entraría al seminario estando sentado en la mesa familiar, se quitó el abrigo que llevaba puesto y debajo tenía puesta una camisa de sacerdote.

Al poco tiempo de ser ordenado fue asignado como uno de los responsables del seminario sacerdotal, a sabiendas de su gran capacidad para el estudio y la formación de los futuros sacerdotes, y como referente de la Junta de Catequesis de la provincia. Sin embargo, el 2001 no solo puso en crisis a la sociedad entera por la hecatombe político económica que vivimos todos, sino porque al regresar a la parroquia donde vivía, Virgen Niña, decidió sentarse en su computadora probablemente a trabajar, pero en lugar de ello decidió entrar a un chat de encuentros gay.

Sus dudas e inquietudes ya daban vuelta por su cabeza, si bien antes de ingresar al seminario había estado de novio con una joven a la que dejó por los hábitos; luego dejaría a estos últimos pero por un joven de nombre Luis del que se enamoró y con quien decidió casarse en 2014. Pero quien en 2001 estaba del otro lado del chat se llamaba Fernando, luego de algunos intercambios de escritos decidieron encontrarse en un bar a tomar algo, y todo terminó en una edificio administrativo de la iglesia donde mantuvieron su primer encuentro íntimo.

Esos encuentros cesaron al poco tiempo, agobiado por la culpa y el peso de los hábitos, pero al año siguiente en un encuentro religiosa en la provincia de Córdoba decidió contratar un taxi boy y el vínculo se extendió mas allá del ardiente momento, lo que lo llevó a dejar temporalmente el sacerdocio e irse a vivir con una amiga lesbiana a Buenos Aires, según él mismo lo cuenta, vecina de una pareja de chicos. Esto le permitió conocer la noche y el ambiente, y comenzar a vivir una vida distinta de la que se había formado intelectualmente, aunque se ganaba la vida trabajando en una reconocida editorial católica que editaba, entro otros, los textos del por entonces cardenal Jorge Bergoglio de los que hoy tiene la exclusividad de los derechos.

Pronto llegarían ofertas actorales, entre ellas la de ser tapa de la revista Narciso, para la que posó completamente desnudo, y actuar en varias producciones teatrales y televisivas. Su provincia estaba en shock al ver al padre Andrés desnudo en una revista, que prontamente se hizo conocida en toda la comunidad. Esto produjo que el obispo del lugar, monseñor Arancibia, le escribiera una carta preguntándole por sus intenciones respecto de su vocación sacerdotal, a la que respondió que haría lo que correspondía pese a los deslices.

Sin embargo, y como si su respuesta hubiera sido en vano, en Mendoza hicieron circular una misiva del obispado que daba cuenta de que “el padre Andrés Gioeni ha elegido libremente una forma de vida contraria a la moral católica y a las normas de la iglesia para sus hijos, como ha resultado público y notorio”, esto fue un golpe en seco, no esperado, que terminó de derrumbarlo, junto a infinidad de mails de otros sacerdotes que lo cuestionaban duramente.

La decisión estaba tomada, dejaría los hábitos formalmente y se casaría con quien hasta hoy comparte su proyecto de vida. Le escribió cartas a la jerarquía de la Conferencia Episcopal y hasta el propio papa Francisco sin recibir respuesta alguna, y luego se dedicó a proyectar un texto que distribuye gratuitamente vía virtual donde se encuentran esas cartas y realiza un ensayo teológico acerca de la homosexualidad y la relación con Dios.

Su vida cambió para siempre. Veintidós años después de su ordenación no deja de sentirse excluido de la iglesia, para la que Dios es amor pero a la que le molestan algunos tipos de afecto. (www.REALPOLITIK.com.ar)


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