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17 de octubre de 2022 | Nacionales

De cara al 2023

Alberto tensiona su relación con el cristinismo

En plena crisis, Alberto Fernández insiste en tratar de construir el albertismo. Daniel Scioli, Jorge Argüello y Santiago Cafiero en el eje de su estrategia.

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Alberto Fernández parece querer renacer de sus cenizas. Para muchos, en el peor momento. El presidente no quiere ni oir hablar de esta caracterización. Como alfonsinista de pura cepa, la debilidad parece constituir el terreno en el que se siente más seguro. Y claro, hay poco qué perder.

Sabe que a Sergio Massa se le está agotando el tiempo. La inflación no cede y el malestar social se incrementa. Y el cristinismo ya ha iniciado su cuenta regresiva para tomar distancias del ministro de Economía, y desde hace varios días multiplica sus críticas, aunque todavía sin la frontalidad acostumbrada. El ajuste y las elecciones nunca se han llevado bien. Cristina, La Cámpora y los intendentes y gobernadores lo saben.

Por esta razón Alberto, como estratega de la política que transcurre tras la escena, espera confiado esa ruptura, y va dándole forma a su juego para tratar de alcanzar su reelección. Sus figuras clave son las tres nuevas ministras -Kelly Olmos y Victoria Tolosa Paz son propias; Ayelén Mazzina confirma la alianza con Alberto Rodríguez Saá-; el presidente del Banco Central Miguel Pesce; y el sindicalismo y los movimientos sociales cercanos que si bien han tomado cierta distancia táctica, están dispuestos a volver en cuanto la estrategia de Alberto consiga tomar forma. Si es que es alguna vez llega a hacerlo.

El diseño del nuevo gabinete albertista incluye la reinstalación de Santiago Cafiero en la jefatura de Gabinete, designar en su reemplazo en la cancillería a Jorge Argüello, y unificar las carteras de Turismo y Ambiente, para ponerlas a cargo de Daniel Scioli, eyectando a Matías LammensJuan Cabandié.

El motonauta es la carta ganadora que pretende sumar Alberto Fernández, para fortalecer su relación con el PJ. En la mente del presidente aparece como el compañero de fórmula presidencial ideal, que podría ser catapultado a la candidatura por la primera magistratura si los números le siguen siendo esquivos al primer mandatario.

En el entorno de Scioli afirman: "Nada que ver, Daniel está abocado a la gestión". Después de su fallido paso por el gabinete ante la prescindencia absoluta de Alberto Fernández, la cautela parece ser la mejor alternativa.

El sábado pasado, en el Coloquio de IDEA al que se hizo invitar, Alberto denunció veladamente la corrupción del cristinismo en materia de obra pública. Y también defenestró a Cristina, al hablar de la "prepotencia de los soberbios". En su momento más culminante, se abrogó la exclusividad de estar “arreglando” los problemas de la Argentina, pese a la debilidad que le adjudica la mayoría.

En el cristinismo estas declaraciones cayeron como una bomba. "Se olvida que en el momento que menciona supuesta corrupción en la obra pública, él era el jefe de Gabinete", rezongan desde La Cámpora, para luego enrostrarle el escándalo ocurrido en la Superintendencia de Seguros que manejaba su entonces mano derecha, Claudio Moroni, y que terminó con la censura del periodista denunciante, Julio Nudler.

La gravedad de la confrontación es tal, que ya Alberto ha sido considerado como excluído de la coalición gobernante, aunque ejerza la presidencia. "Los que construyeron al Frente de Todos, Cristina, Massa y los gobernadores peronistas, siguen juntos", afirma un reconocido dirigente muy cercano a la vicepresidenta.

No es una consecuencia inesperada por el presidente, quien ha decidido presentarse como competidor interno de Cristina y el ministro de Economía y, de ser posible, dinamitar esta relación. (www.REALPOLITIK.com.ar) 


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