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24 de enero de 2023 | Pastillas de Colores

¿Tiene un secreto?

¿Suerte o destreza? Mitos y verdades sobre las cascadas de fichas y los sacapeluches

Aunque muchos se resistan a creer que todo dependerá de la destreza personal, lo cierto es que el éxito en esas máquinas está determinado por un azar predefinido. ¿Cómo? Conocé los trucos y secretos de estos clásicos de cada verano en Argentina.

HORACIO DELGUY

por:
Juan Provéndola

Desde pararte en la tabla y domar la ola hasta subirte a la banana y no caer, ser el mejor del fulbito playero de la tarde o en el Daytona de la noche, comer churros y no indigestarte a evitar que el sol te rostice: la lista de pequeñas grandes conquistas del veraneante en la costa argentina es infinita. Pero hay una que debe quedar excluida: a pesar de que los ocasionales ganadores se golpeen el pecho, las victorias en las máquinas sacapeluches y en las cascadas de fichas no dependen de la destreza individual sino del previo seteo de un algoritmo, palabra ahora de moda pero ya instalada en ese universo desde su explosión en los años 80s. 

No hay verano sin sacapeluches ni cascadas. ¿Quién no ha sucumbido ante la tentación de probar suerte en estas maquinitas? Y la palabra "suerte" nunca fue mejor empleada, pues el azar determina el momento justo en el que ese androide escupe muñecos o fichas. "Ambas máquinas tienen dispositivos internos para determinar en qué momento la fortuna beneficiará al jugador", señala Claudio, que durante temporadas trabajó en una legendaria cadena que aún hoy sigue operando en Pinamar y alrededores.

¿Cómo funciona el asunto? Según Claudio, las cascadas se rigen por un sistema que analiza el movimiento de las bandejas y el peso de las fichas. A pesar de lo que comúnmente se cree, no hay imanes que atoran las monedas para que no caigan. Y si alguien se anima a golpear la máquina, una estruendosa alarma bloqueará el tiro y pondrá en ridículo al impaciente apostador. Pero eso es todo. "Es matemática pura. En algún momento, la máquina entrega fichas, aunque desde luego es más lo que come que lo que caga". Buen provecho.

Con los sacapeluches hay más variedades de mecanismos, aunque todos tienen que ver con la fuerza de agarre de la pinza. Algunos trabajan con distintas intensidades de voltajes (entre 6 y 12 V), otros lo hacen a partir de la presión generada por una pequeña bomba de aire y, los más comunes, resuelven de un modo más sencillo: activando o desactivando una de las varillas en conforman la garra de acción. "En todos los casos, los intervalos en los que la pinza apretará con la fuerza necesaria para agarrar el 'premio' están seteados a partir de un pequeño dispositivo interno. No es trampa, sino negocio: sería insostenible que la máquina entregara premios permanentemente, por la sencilla razón de que los muñecos valen mucho más que las fichas. Así y todo, nunca faltan los burros que disponen del tiro de gracia y lo yerran. En ese caso, la máquina ofrece una segunda oportunidad, aunque siempre es necesario un poquito de virtud", explica Darío, propietario de una histórica casa de juegos sobre la peatonal de Villa Gesell. "Hay gente que juega mucho y no gana nada, y luego aparece otro y al primer intento saca un muñeco. Es muy gracioso ver cómo se hacen los cancheros adelante de su novia o sus amigos, cuando uno sabe que en realidad el mérito no fue de él, sino de los que jugaron antes y le dejaron servido el tiro ganador".

Es común que la pinza agarre un muñeco y lo deje caer antes de depositarlo en la boca de salida. "Es un truco para dejar manija a la gente y que siga jugando", apunta Federico, ex encargado de mantenimiento de otra cadena, acaso la más grande de toda la costa. Un verano, le encomendaron la tarea de colocar una base de pelotitas de plástico para darle más altura a la piscina de peluches. "La idea es que nadie las viera", dice Federico. "Pero una vez quedó una a la vista, y un pibe se la pasó toda la tarde jugando para sacarla. A lo mejor creyó que adentro tenía un premio secreto, ignorando que por mucha menos plata podría haberse metido en un pelotero que estaba a tres metros... y llevarse todas las que quisiera".

Al otro extremo de la rueda de la fortuna, Nadia recuerda la vez que sacó seis muñecos al hilo en una máquina de un pequeño local de la costa con nombre de ciudad estadounidense. Su estrella se agotó cuando apareció el dueño de la sala para abrir la máquina. "Debo reponer muñecos", fue su excusa. Reiniciado el juego, la pinza ya no volvió a entregar premio.

Todos los especialistas coinciden en que la única forma de ganar es descifrando el intervalo exacto en el que los sacapeluches y las cascadas ofrecen su esporádica generosidad, aunque eso ameritaría decenas de intentos y largas horas de observación. En tal caso, siempre será más barato comprar el muñeco en una tienda de regalos o las fichas en la caja. Pero eso ya no sería un juego. (www.REALPOLITIK.com.ar)


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