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1 de febrero de 2023 | Pastillas de Colores

Paco Festa, el legendario basquetbolista de Boca que Bilardo quiso llevar al fútbol

El base brilló en el baloncesto del Xeneixe, aunque una vez lo invitaron a entrenar con la Primera de Boca, hizo dos goles y Carlos Bilardo analizó sumarlo al plantel.

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HORACIO DELGUY

por:
Juan Provéndola

En diciembre de 1996, Boca estaba embalado en ganar la Liga Nacional de Basquet, título que obtendría por primera vez en su historia seis meses después. Una sorpresa para la cultura xeneixe, que encontró en el equipo dirigido por Julio Lamas un remanso del fútbol, donde Carlos Bilardo completaba una de sus experiencias más deslucidas como DT. 

Fue un año particular: del despegue de Macri en la presidencia de Boca al debut de Riquelme en la Primera, el fútbol se meció en un plantel farragoso, donde convivían Diego en sus últimos aires como jugador, la primera era de Caniggia, la llegada de Verón, el ya histórico Manteca Martínez y Sandro Guzmán retirando al Mono Navarro Montoya

Un reflejo muy distinto exhibía Boca en el basquet. El plantel que le daba lustre a una ascendente LNB (los partidos eran transmitidos por TyC, generando otra forma de consumo) estaba integrado por inolvidables como el Mili Luis Villar, el yanqui de consumo local Bryon Wilson, el portorriqueño Jerome Mincy, el futuro dorado Gabriel Fernández, el otro Fernández, Gustavo, el Lobito, también Ariel Bernardini

Pero había un personaje que destacaba por encima de todos: Paco Festa. Un base desfachatado, atrevido y picante. Pícaro en la defensa y astuto en el ataque, se la bancaba en la zona pintada propia y hasta se animaba con éxito desde la línea de tres puntos rival. Como si todo eso fuera poco, además se tiraba al piso cuando el juego lo requería. Sebastián Festa hacía explotar las noches en La Bombonerita (estrenada ese año), donde las gradas se llenaban también para ver el show de Paco.

Festa fue el basquetbolista que mejor representó lo que hincha de Boca esperaba de un futbolista. Paco lo sabía, lo tenía muy claro. Por eso, antes de aquel diciembre de 1996, comenzó a decir abiertamente que quería jugar en la Primera. El diario deportivo Olé le dedicó una nota titulada "Paquito sueña con ponerse los botines", en la que se revelaba que Festa "les pidió a los dirigentes una oportunidad en el fútbol".

En su tiempo pareció que nadie había tomado muy en serio tal declaración. Ni siquiera el propio Julio Lamas, al que un día lo llamaron para avisarle que Sebastián Festa había sido convocado por Carlos Bilardo para un entrenamiento. Horas después, otra comunicación actualizó la información: Paco la rompió, hizo dos goles y Bilardo quiere llevarlo con la Primera. "Pregunté si era en serio", recordó Lamas. "Y luego dije que era imposible, porque a esa altura de la temporada no podíamos conseguir otro base. Si querían, se lo podían llevar, pero al final de la temporada".

En efecto, después de un partido en La Bombonerita, Lamas se despide de sus jugadores hasta el otro día, cuando debían reencontrarse por la tarde para volar hacia Comodoro Rivadavia. Aunque le solicita a Festa que se quede. Paco lo recuerda siempre: "Pensé que me iba a retar por alguna cagada en el partido". Para sorpresa de todos, el DT le indica que Bilardo lo esperaba por la mañana para el entrenamiento de la Primera. "Déjate de joder, Julio, me estás cargando", contestó. Festa ni siquiera tenía botines de fútbol.

En ese turno, el entrenamiento consistía en un partido. Nery Pumpido, entonces ayudante de campo de Bilardo, le pregunta esa mañana de qué juega. Paco responde: "Cinco con llegada". Lo ponen de volante central frente a Blas Giunta en un duelo que Festa jamás olvidará: al primer cruce, el base se impone ante el futbolista y lo desparrama por el aire. "Fue uno de los momentos más gloriosos de mi vida: choqué con Blas, lo revoleé y me quedé con la pelota. En ese instante, pensé: 'rómpanme el contrato de básquet; quiero jugar al fútbol", dijo Paco, entre risas y certezas. 

Las risas son por lo insólito y disparatado: una figura del básquet argentino aspirando a dejar todo por jugar al fútbol. Y las certezas, en tanto, por lo que dejó tras un picado que acabó 4 a 3 con dos goles suyos. "Como dije que era un 'cinco con llegada', fui a cabecear en un córner y me quedó la pelota. La toco de taco, rebota en el arquero y arremeto de puntín. El segundo fue hermoso: abro para el Tweety Carrario, quedamos los dos de contra frente al arquero y al final me la pasa para que defina. Salí gritando como loco y me colgué del alambrado como el Manteca Martínez, que por cierto esa vez también jugaba en mi equipo, jaja". 

Diciembre de 1996, el equipo de fútbol entraba en el receso y la pretemporada, mientras que el de basquet seguía las exigencias de la Liga Nacional, un torneo auténticamente federal que en ese entonces iba de Comodoro hasta La Rioja. Al término del entrenamiento, Bilardo le confesó a Festa su sorpresa. "Carlos: déme dos o tres meses para acomodarme a las dimensiones del fútbol y me pongo a la par", lo tentó Paco. El Narigón se lo tomó más en serio que nadie e inició algunos sondeos internos para ver cuán posible era aquello. 

Lamas, como él mismo lo reconoce, se negó a cederlo en ese momento, apelando a un razonamiento difícil de cuestionar: Festa era fundamental en un equipo de basquet que estaba disputando un título y se lo estaban pidiendo para hacer un experimento en un fútbol que no marchaba nada bien. Pocas semanas después, ya enero de 1997, Bilardo es despedido. Y en mayo Boca gana la Liga Nacional. Fue el primero de los seis títulos de Festa en el basquet (también ganó con Gimnasia de Comodoro y Peñarol de Mar del Plata). Y no se volvió a hablar del romance de Paco con el fútbol, a pesar de que él jamás lo olvida. (www.REALPOLITIK.com.ar)


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