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9 de marzo de 2023 | Historia

Precursor de la sociología clásica

Alexis de Tocqueville: La democracia en los EE.UU. y los riesgos para la libertad

Alexis de Tocqueville nació en París en 1805, en el seno de una familia que había perdido buena parte de sus privilegios con la Revolución Francesa. Rendido ante lo inevitable, fue mucho más liberal que democrático.

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por:
Alberto Lettieri

 

Estaba convencido de que la libertad, sobre todo la libertad religiosa y moral (más que la económica), era el fundamento y el fermento de cualquier convivencia civil. Pero había entendido que el siglo nacido con la Revolución Francesa corría precipitada e inexorablemente hacia la democracia.

En La democracia en América, confesaba que había escrito bajo una especie de terror religioso ante la revolución irresistible que continuaba avanzando. Después de su corto viaje a los EE.UU., entre 1830 y 1831, había tratado de entender las condiciones de una sociedad democrática en un mundo tan diferente del europeo. En ese momento se formuló la pregunta decisiva: “¿Podrá sobrevivir, y cómo, la libertad en la sociedad democrática?”.

Tocqueville entendía por democracia tanto una forma de gobierno donde participaban todos de la cosa pública –lo contrario de la aristocracia–, como una sociedad que se inspiraba en el ideal de igualdad y que, al extenderse, terminaría por sumergir a las sociedades tradicionales. Para él, la amenaza de la democracia como forma de gobierno era caer en la tiranía de la mayoría, que arrasaba con los derechos de la minoría. De este modo, para él, el peligro que corría la democracia como realización progresiva del ideal igualitario era la nivelación que termina en el despotismo. Despotismo y tiranía de la mayoría eran, a su juicio, dos formas de tiranía que, en diversa medida, constituían la negación de la libertad.

Examinando el caso francés, consideraba que la revolución había creado la ficción de que todos los hombres eran libres e iguales ante la ley; sin embargo, si bien el concepto de ciudadano significó la igualdad jurídica, independientemente de su riqueza, también sería el origen de la tensión inevitable entre igualdad y libertad, ya que la libertad y la igualdad de derechos planteada por la constitución no había tenido un correlato en las características que iba adquiriendo la sociedad francesa.

Al asumir a la igualdad como una conquista inalienable, las clases subordinadas comenzaron a reclamársela a los estados, que se vieron obligados a optar entre proteger la libertad y aceptar la desigualdad, o limitar la libertad en algún grado, para asegurar una menor desigualdad.

Tocqueville se mostraba como un escritor liberal y no democrático cuando consideraba la democracia no como un conjunto de instituciones, sino como exaltación del valor de la igualdad en detrimento de la libertad. En tal sentido, no tenía dudas al anteponer la libertad del individuo a la igualdad social. Advertía con desesperación que los hombres tenían una inclinación natural hacia la igualdad, una pasión insaciable, que los lleva a querer tenerla en la esclavitud, de no poder tenerla en la libertad.

Estaban dispuestos a soportar la pobreza, pero no la aristocracia. Para él, los efectos de la tiranía de la mayoría eran muchos, y todos ellos muy negativos: la inestabilidad del legislativo, el ejercicio arbitrario de los funcionarios, el conformismo de las opiniones, la disminución de hombres confiables en la escena pública. El problema político por excelencia, sostenía, no es tanto el de quién detentaba el poder, sino la manera de limitarlo y controlarlo; a su juicio, la democracia no ofrecía reaseguros sólidos.

A través de la obra de Tocqueville se radicaliza la incompatibilidad en última instancia entre el ideal liberal, para el que cuenta la independencia de la persona en la esfera moral y sentimental, y el ideal igualitario, que desea una sociedad compuesta por individuos semejantes en sus aspiraciones, gustos y condiciones. El gobierno democrático, aunque inevitable, encarnaba una nueva forma de despotismo, a causa de su creciente centralización y omnipresencia.

De todos modos, Tocqueville sugería algunos correctivos para proteger la libertad del avance del igualitarismo: la libertad de prensa y de asociación, y la práctica del interés bien entendido, es decir, el interés que llevaba a los propietarios privados a participar del espacio público para defender sus intereses de la rapiña del Estado. Sin embargo, esto no le impide concluir afirmando que, en general, los derechos del individuo son menospreciados en el estado democrático, en nombre del interés colectivo. (www.REALPOLITIK.com.ar)


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