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8 de mayo de 2023 | Opinión

Sin rumbo

La Argentina indefensa

Degradación cultural, anomia política, desastre económico, corrupción generalizada. En un país inmensamente rico, 50 por ciento de pobres e indigentes. Este es el éxito de nuestra “clase dirigente” desde 1983. Casi 30 años de destrucción de los cimientos culturales de la Nación.

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por:
Jorge Corrado

Más de 2500 civiles muertos en el Gran Buenos Aires en los últimos años y más de 50 agentes de seguridad asesinados a mansalva, grandes áreas geográficas fuera de control, villas atestadas de drogas, áreas rurales libradas al amparo de Dios, contaminación por cohecho, compra de voluntades de grandes sectores del estado y el clamor social pidiendo que alguien se haga cargo de la caótica situación socio-económica , no son más que el reflejo de una realidad cotidiana, que nos duele como argentinos. Este es el éxito de nuestra “clase dirigente” desde 1983. Casi 30 años de destrucción de los cimientos culturales de la Nación.

Los resultados están a la vista. Y, ¿por qué hemos llegado a esta situación terminal, escandalosa? Sencillamente porque nos han gobernado hombres mediocres. Transculturizados e ideologizados mediocres. Nuestros dirigentes no entienden la naturaleza de las cosas. Carecen del mínimo sentido común. La ideología mató a la política y los negocios bastardos al bien común. Pueden mirar, pero no ven. Pueden apreciar, pero no sienten.

El narcotráfico, la corrupción y la violencia consecuente, ha debilitado al estado en todos sus planos, feudalizando a sus Instituciones. Los casos, en América Latina, son abrumadores. México (con más de 140.000 muertos) Bolivia, Perú, Colombia, Venezuela, Brasil, Paraguay, Ecuador. Miles de muertos, áreas geográficas sin soberanía estatal, violencia, corrupción generalizada, falta de inversión, desocupación, pobreza, hambre y desnutrición.

Solamente con un sano y sólido estado, Argentina podría haber quedado al margen de ésta realidad. Pero nuestras Instituciones están destruidas, malversadas y decadentes, gracias a hombres mediocres que han optado por hacer ideología barata, extemporánea y superflua, por resentimiento o por ignorancia. Desde hace treinta años el Instituto de Estudios Estratégicos de Buenos Aires viene alertando sobre esta realidad. Hemos expresado que el eje de la maniobra del crimen organizado se realiza a través de tres vertientes operativas: el acceso a las redes de poder, el capital y la violencia.

El narcoterrorismo en América Latina ha utilizado estas vías de modo similar en todos los países. Siempre en forma planificada, a fin de controlar y dominar a los poderes políticos de turno. Mientras tanto, nuestros mediocres dirigentes creen que el problema de la seguridad está en comprar más patrulleros, cámaras y sacar en 6 meses oficiales de policía que sólo disparan un par de tiros, sin la más mínima capacitación intelectual y fundamentalmente espiritual. Todo comentario parece obvio ante el propio drama sin sentido, ante tanta sangre vertida a diario en nuestras calles, de gente inocente.

Nuestros gobernantes, carentes de la idoneidad exigida por la Constitución, (hemos tenido Ministros de Defensa médicos y Ministros de Seguridad antropólogos) no parecen entender la gravedad de la situación que nos aplasta. La paz de la Nación está en riesgo y sus únicas preocupaciones están circunscriptas al marco de una ideología extemporánea y de sus seguidores, que siempre divide, corrompe, debilita y nunca aglutina, nunca construye.

La salvaje lucha facciosa dentro del partido gobernante, no hace más que agravar la ya de por sí penosa realidad de millones de argentinos que contemplan atónitos y asombrados las ridículas contradicciones que a diario nos regalan las máximas autoridades de nuestra decadente Argentina 2022. El Gran Buenos Aires y otras zonas del país, se han convertido, por obra y gracia de la “corrupción política y dirigencial”, en una gigantesca área geográfica donde sobreviven penosamente millones de personas, sin estado. Allí ninguna Institución cumple su rol básico. ¿Esperaremos llegar al estadio terminal mexicano para tomar alguna medida coherente y responsable?

De no mediar la inmediata instrumentación de una estrategia de seguridad nacional y de un planeamiento estratégico integral, que abarque a todos los factores del poder nacional: político, económico, psico-social, militar y tecnológico, la situación será insostenible. Y el estado fallido una dramática realidad. El drama de la guerra civil o “guerra social” será el paradigma del conflicto en siglo XXI, en nuestra región. Debemos evitarlo. Hemos vivido gran parte de nuestra historia en guerra interna, nos hemos desangrado inútilmente y no hemos aprendido de nuestra historia.

Vivimos en una compleja triple posguerra de pugnas peleadas en los últimos 60 años y ninguna de ellas ha sido explicitada, asimilada o superada. No aprendimos a aprender. La ideología ha reemplazado entre nosotros a la política y hoy pagamos con sangre en las calles dicho despropósito, dicho desconcepto. Nuestra debilitada cultura busca en los otros la causa de la propia ineptitud dirigencial. La evasión, por transferencia de responsabilidades, es un mal endémico de nuestros extraviados gobernantes. Escuchar sus discursos es una prueba elocuente de ello y nuestros ciudadanos parecen anestesiados por la desinformación, en particular aquellos que habiendo recibido educación superior, carecen de capacidad de análisis de la realidad que padecen diariamente.

Aprendamos de la dramática experiencia de nuestros hermanos iberoamericanos y entendamos el proceso civilizatorio en curso. Desde hace medio siglo viven ensangrentados por el terrorismo ideológico y las drogas, tratando de encontrar una salida realista a la guerra civil. El año pasado el presidente colombiano solicitó a los mandatarios de América Latina que efectivicen concretamente su rechazo al narcoterrorismo, en todas sus manifestaciones. Obtuvo muy pocas respuestas. Algunos de sus vecinos y otros más lejanos, están ocupados, no están, no contestan.

Están tratando de recrear el sueño de una Internacional Socialista Latinoamericana, junto a los herederos de Fidel y a espaldas de sus mandantes, Foro de San Pablo mediante. Y lo que está en juego son los valores de nuestra constitución de 1853. Es decir, La Libertad como principio rector de toda la sociedad. En las calles de nuestro país se percibe, tristeza, pesadumbre, desesperanza, fastidio, bronca.

La violencia remplazó al trabajo genuino y la dádiva planera al esfuerzo constructivo. El delito y la desintegración social son denominador común. En los últimos tiempos los máximos responsables de la seguridad pública en la provincia de Buenos Aires y especialmente en Rosario admitieron abiertamente su propia derrota: “Con nuestros medios no podemos controlar la situación”. El auxilio de una fuerza federal es la manifestación más acabada de la pérdida de poder de esas “administraciones” provinciales, sólo por tomar dos ejemplos.

Los casi 90 mil miembros de la policías de de esas dos provincias no fueron capaces, “per se”, de encauzar la situación. No tuvieron, ni tienen una doctrina de seguridad actualizada para enfrentar al crimen organizado ni sus nefastas consecuencias. Ayer y hoy carecen de “voluntad política” para alcanzarlos ni los conocimientos adecuados tomando la experiencia internacional. No hay objetivos a corto, mediano y largo plazo, no hay liderazgo, equipos idóneos, cohesión espiritual de las fuerzas, sistema judicial acorde a los tiempos que corren donde la tecnología acelera el ritmo del tiempo, y por ende la toma de decisiones.

No hay ni hubo respaldo político, ni judicial, ni mediático, al accionar integral de fuerza. Todo se hace por reacción y extemporáneamente. Todo es parcial, secundario y superficial. Todo está en manos de mediocres. Y los resultados están a la vista. La profunda y añeja crisis cultural, se tornó política, y por ende económica y social. La mediocridad reemplazó al mérito, expreso anhelo presidencial. Nuestro pueblo viene siendo “derrotado” diariamente por un mensaje perverso, burdo y falaz.

Sin embargo, en sus más profundos pliegues jamás “claudicará” en el sostén de sus valores y principios. Hay confusión, pero también hay capacidad de reacción en sus sectores más cultos, frecuentemente los más humildes, así como normalmente no la hay entre los más civilizados. Las reservas están en la profundidad de las raíces culturales, en la tradición histórica y religiosa del pueblo. Allí está, sin duda, el núcleo vital, la savia y el sostén de la reconstrucción de una nueva Nación, mayoritariamente trabajadora, sana, libre y decente. Ojalá lleguemos a tiempo. (www.REALPOLITIK.com.ar) 

 

*Jorge Corrado es Director del Instituto de Estudios Estratégicos de Buenos Aires. Profesor titular Ciencia Política, Estrategia y Geopolítica Universidad Católica de La Plata.


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