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21 de mayo de 2023 | Nacionales

Futurología

El Frente de Todos y las consecuencias de la orfandad política

En una entrevista concedida a un comunicador del mismo palo, un ex funcionario nacional confesaba su desazón con la determinación de Cristina de confirmar su paso al costado como candidata en las próximas elecciones.

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Tras reconocerse como “rosquero fallido” y recordar que "al final, siempre era ella la que me llamaba”, no hacía ningún esfuerzo por ocultar la “sensación de vacío” que le embargaba. El  periodista compartía respetuosamente sus conceptos, que podían sintetizarse en la sensación de “orfandad política” que experimentaban ambos. Hombres maduros, con vasta experiencia política, reconocían su impotencia en su tácito reproche a la determinación de una jefa que los había dejado en banda a la hora decisiva.

Más predispuestos a organizar un grupo de autoayuda que a convertirse en referentes para lo que vendrá, no sólo expresaban su fragilidad respecto del futuro, sino también su espanto al comprobar en qué los había convertido el estilo de liderazgo de Cristina Fernández de Kirchner: personajes estériles, sin voluntad propia, sólo acostumbrados a obedecer y agachar la cabeza a cambio de cargos y beneficios económicos.

Pero lo que más los impactó fue la sentencia de la vicepresidenta: “Espero que los hijos de la generación diezmada sean los que tomen la posta”, que sin anestesia los condenaba a la jubilación. Y, por si con eso no alcanzara, su caracterización de que se la próxima sería una elección de tres tercios, en la que el máximo objetivo consistirá en entrar al balotaje para no caer en el basurero de la historia, completaba el panorama apocalíptico. Jubilados, en pampa y la vía. Cristina nunca había sido buena pagadora. Sólo que ahora les tocaba a ellos.

El reportaje tenía lugar apenas unas horas después de que Juan Grabois presentara su candidatura presidencial. La foto que el precandidato subió a su cuenta de Twitter, acompañada de la frase: “Nosotros, los hijos de la generación diezmada vamos a tomar la posta, junto a los nuevos descamisados y la juventud argentina. Vamos a garantizar la opción política y un programa de gobierno transformador. Vamos a garantizar la más fuerte batalla contra la derecha neoliberal”, confirmó el drástico trasvasamiento general que impuso Cristina. Los comentarios descalificadores que mereció la publicación demuestran que, una vez más, sus decisiones políticas siguen en la órbita del realismo máximo.

¿Wado de Pedro y Juan Grabois son los referentes del cristinismo para la derrota? ¿Se resignará el peronismo -que viene obteniendo muy buenos resultados en las elecciones provinciales- a aceptar el decreto de defunción redactado por Cristina y que lo condena a disputar por los pisos electorales y no por los techos, a diferencia de lo que confirman sus ochenta años de historia? ¿Resulta sensato reconocer un liderazgo que condiciona el destino común a la evolución de los humores y de los intereses personales de su líder?

Si hay algo que puede confirmarse, mal que le pese a sus conversos, es que en los últimos años el corrimiento hacia la derecha de Cristina Fernández es sistemático. La elección de Alberto Fernández como candidato, y ahora el señalamiento de Wado de Pedro demuestra su determinación de agradar al poder establecido antes que desafiarlo.

Al ser consultado respecto de qué peronismo era el que pretendía representar Soberanxs, su precandidato presidencial, Gabriel Mariotto, respondía: “Soberanxs representa el peronismo que no claudica en la entrega -o delegación- de los atributos administrativos que deben ser pertinencia de la administración estatal en pos de profundizar cada vez más la soberanía del país y la mejora de la vida de sus habitantes”.

Justamente ese peronismo es el que ha sido atado de manos por Cristina y sus acólitos. Proscripto por el “dedazo disciplinador”, aceptó integrarse desde la disidencia al Frente de Todos o rompió directamente con una coalición en la que el peronismo sólo ofició como furgón de cola, a semejanza del radicalismo en Cambiemos pero con muchísima menos fortuna a la hora del reparto de cargos y de cajas.

La eliminación de la competencia en las PASO que, fiel a su naturaleza, plantea el cristinismo, es resistida por Soberanxs. El propio Mariotto lo explica así:  “Para Soberanxs (las PASO) son indispensables. Creemos que en la metodología están el triunfo y/o la derrota.  Este año no hay posibilidades de dedos -o tuits- para designar candidatos. Las PASO deben ser de inclusión y no de atomización; digo que quien gane abrace a los demás candidatos y sus programas, para que, en virtud de ese abrazo a los sectores que no ganaron, puedan aportar al frente -en las generales- más votos por sector que los obtenidos en las PASO”.

Esta posición es coincidente con la de Daniel Scioli, e implica no sólo un cuestionamiento al liderazgo absoluto de Cristina, sino también al diagnóstico de derrota ineludible sobre el que ella ha delineado su estrategia. Desde mucho antes de que la vicepresidenta explicitara la necesidad de un plan programático, este colectivo lo ha venido exigiendo, y a tal fin elaboró su “Plan de la Patria”, que consta de diecisiete puntos, tal como lo recuerda el ex vicegobernador bonaerense: “Nosotros venimos insistiendo en que la presencia de un programa es imprescindible para la conformación de la fuerza que vamos a presentar para competir contra las propuestas espantosas de la derecha. Para ello deberán estar muy claras las reglas de juego -cuál va a ser el formato para la unidad- para la integración de un frente para ir a las PASO. Creemos que cada sector que participe en las PASO tendría que llevar su programa con los matices que aporten a la discusión interna; y el voto popular le va a asignar la cuota parte de votos que cada programa puede esgrimir en el programa definitivo que el frente que va a construir como eje para enfrentar a la derecha”.

Claro está que, para Cristina, de haber un plan sólo se muestra dispuesta a que sea el suyo que, más allá de sus matices discursivos y firuletes, tiene como objetivo principal el pago de la deuda con el FMI con el menor costo social posible. La mirada de Soberanxs está ubicada en las antípodas: “Y sí, la clave sigue siendo liberación o dependencia. Richardson habla de nuestros recursos como si fueran de los EE.UU. -además la posición geopolítica de Argentina es privilegiada-. Por eso es imprescindible realizar otra constitución, para blindar a Argentina, e integrarnos definitivamente en una concepción patriagrandista de libre circulación de bienes, personas y servicios conformando un mercado interno importantísimo, y con valor industrial y valor agregado”.

En una breve e incompleta síntesis, el Plan de la Patria propone poner en discusión “la deuda externa; el rol del estado argentino en el comercio exterior -no puede ser que siete cerealeras exportadoras manejen los puertos del país-; otro punto es la energía -ya que tenemos los recursos- que debe quedar en el país para incrementar la industria de todas y cada una de nuestras provincias y no exportarse a lo pavote, hay que discutir sobre el precio interno de la energía, no puede ser que paguemos en dólares por un producido que se logró con total inversión del estado nacional; también hay que hablar de los servicios públicos, no puede la tecnología -imprescindible para la cotidianidad de todos los individuos- estar en manos privadas; y por supuesto que, indispensablemente, está también la gran reforma judicial que nos debemos como nación”, según explica Mariotto.

A simple vista queda en claro que dentro del Frente de Todos conviven perspectivas antagónicas  en términos programáticos y estratégicos. ¿Conseguirán sintetizarse en una propuesta común o, por el contrario, las disputas internas de poder terminarán privando por sobre el interés colectivo? Y no sólo existen diferencias sustanciales en este tema: la competencia abierta o el “dedazo”, o quiénes serían los encargados de ponerlo en práctica adquieren una relevancia sustancial. No se trata simplemente de una “pelea de enanos por cargos”, como cínicamente se ha expresado para justificar la exclusión de la participación popular en la definición de los nuevos liderazgos, sino de una cuestión de fondo: lo que ha colapsado no es únicamente la economía o los indicadores sociales, sino un estilo de liderazgo ejercido a nombre del pueblo pero sin consultar al pueblo.

La magnitud de la crisis es tal que los últimos tres presidentes se han autoexcluido de la elección sin dar batalla, en el convencimiento de su incapacidad para gobernar sin modificar sus estilos en el gravísimo contexto en que asumirá el próximo gobierno. Lo preocupante es que se rehúsen a dar un paso al costado e insistan en tratar de tutelar lo que vendrá, cada uno en la medida de sus posibilidades. (www.REALPOLITIK.com.ar)


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