Viernes 30 de octubre de 2026

Cultura

La parisina, capitulo VIII

El argentino

23/05/23 | El hombre a quien Albertine observó detenidamente en el trasatlántico "Le Périgord" la noche del 13 de julio de 1922, y al que inmediatamente asoció su recuerdo del conde von Richthofen, era argentino y se llamaba Enrique Aparicio Muniagurria.


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Las trashumancias marinas del hombre elegante y longilíneo eran frecuentes y variadas, y el viaje en el que conoció a Albertine era el corolario de una serie de pequeños desafíos que Muniagurria se imponía -por orgullo, pero también, hay que decirlo, por jactancia- como un ejercicio con el que atenuar su permanente sed de aventuras y conocimientos refinados.

En París y Brulelas tenía dos residencias que visitaba todos los años -visitas que fueron interrumpidas por el estallido de la Gran Guerra- y en las proximidades de Reims, una casa de campo con granero, molino y establo. El regente de sus propiedades era otro argentino, Fernando Vieytes, amigo y hombre de negocios. Muniagurria cultivaba, además, el ejercicio de las peregrinaciones, las lecturas de novelas por entregas y el amor al alpinismo. Albertine lo supo esa primera noche en el salón principal del crucero: Muniagurria se acercó al piano en el que la joven había ejecutado la mazurca polaca, y en un francés impecable, le dijo:

—La pieza que usted acaba de brindarnos me recuerda un episodio excepcional de una obra de Chéjov: en ella, una muchacha alemana deslumbra con el piano a los concurrentes de una cena organizada en honor al zar, deslumbramiento acentuado por la belleza de la intérprete. Nunca olvido esa lectura, porque la hice en una pequeña cabaña a los pies del Mont Blanc. Los vientos descendentes azotaban las maderas y los vidrios de nuestro resguardo; la noche más profunda se cernía amenazante sobre el grupo de guías y escaladores; desde la profundidad del valle llegaban pocos sonidos, sordos e ininteligibles; sólo el blanco de las nieves eternas -en ese momento Muniagurria se acercó algo más a Albertine y observó detenidamente su rostro-, ofrecía una promesa de felicidad, descanso y bienaventuranza.

 

Continuará...(www.REALPOLITIK.com.ar)

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JUAN BASTERRALA PARISINA

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