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5 de junio de 2023 | Nacionales

Rosca permanente

La interna del Frente de Todos se definirá por knock out

La Casa Rosada se convirtió, súbitamente, en un escenario privilegiado de la rosca política del oficialismo. Pese al anuncio que hace mucho tiempo formuló Alberto Fernández de que los precandidatos deberían renunciar a sus cargos para dedicarse exclusivamente a la campaña, ninguno tiene intención de cumplir con esa directiva.

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Tanto Wado de Pedro, como Sergio Massa, Daniel Scioli, Agustín Rossi o Victoria Tolosa Paz combinan ambos roles sin que nadie se atreva a recordar ese enunciado que suena tan fantasmagórico como la anunciada “guerra contra la inflación”.

“La remisería”, tal como se conoce a la oficina de Wado, es uno de los escenarios privilegiados de intensa rosca electoral. El preferido de Cristina Fernández de Kirchner lejos de disimular sus movimientos los subraya, como un gesto de provocación para sus competidores que se mueven en la órbita del albertismo inmaterial.

En la oficina contigua a la de Alberto, la del jefe de Gabinete, Agustín Rossi, Alberto Pérez –el histórico armador del sciolismo- se mueve a sus anchas. No es secreto para nadie que la fórmula Scioli-Rossi, con Victoria Tolosa Paz para la provincia, es la cabecera de puente de la oposición al cristinismo en la interna del Frente de Todos.

Daniel Filmus, el ministro de Ciencia y Tecnología, grafica la situación en la que, pese a los deseos del cristinismo y de Sergio Massa, será muy difícil escapar a unas PASO competitivas. “Si hay un programa común es posible que consigamos un candidato de síntesis a ese programa común, pero si no hay un candidato de síntesis, las leyes argentinas son muy claras y estipulan que va a haber un mecanismo, que es la PASO”.

Mientras tanto, Alberto Fernández multiplica sus viajes y su actividad en tono de campaña electoral. Está claro que, mientras le queden fuerzas, no abandonará su confrontación con Cristina, algo que lo excita mucho más que el curso de una gestión de la que, desde hace tiempo, perdió el control. La portavoz presidencial, Gabriela Cerruti, duplica la apuesta, con publicaciones hirientes y provocativas en Twitter. No hay chances de consenso.

Agustín Rossi ha abandonado la moderación que lo caracterizó en su trato con Cristina y con la Cámpora. “Lo único traumático es que se intente imponer, forzar una decisión. Hay que dejar que naturalmente surjan los procesos”, disparó por elevación a la vicepresidenta. Antes de esto había lanzado sus municiones contra Máximo Kirchner: "Para no ponerlo con nombre y apellido, desde la provincia de Buenos Aires, que es de donde te aprietan, te intentan extorsionar un poquitito, pero la verdad que me parece una estupidez".

Mientras tanto, Sergio Massa se esfuerza en reflotar su candidatura presidencial con algunos avances significativos en la negociación con China, que espera consolidar en su constante ida y vuelta con el FMI. También él tensó la cuerda dos semanas atrás cuando anunció que el Congreso del Frente Renovador definirá la continuidad dentro del Frente de Todos.

Wado de Pedro no deja de operar por su candidatura, aunque nunca terminó de oficializarla. Cristina le ordenó salir a caminar, pero sujeto a las negociaciones con Massa o a un eventual salto de último momento de Axel Kicillof a las listas nacionales. El gobernador bonaerense, por su parte, hace gestos cada vez más explícitos de su voluntad de no abandonar la provincia, y hasta adelantó que desea repetir fórmula con Verónica Magario

La postergación de la oficialización de la precandidatura del ministro del Interior obedece, además, a otra razón: Cristina no quiere “quemarlo” si los números parecen no acompañarlo. Sin heredero consagrado, sabe que una derrota electoral pondría en terapia intensiva su futuro político, más aún si se produce en el contexto de una interna. Los precisa plenos a Máximo, a Wado y a Axel para que el cristinismo no se esfume después del 10 de diciembre.

Como trasfondo de la interna oficial –y también de la de Juntos por el Cambio- aparece Javier Milei. “Para los macristas, Milei es un topo de Cristina, y para los kirchneristas, lo es de Macri. Ahora los medios que responden a los dos le dan manija como locos... ¿Qué es casualidad?”, apunta un curtido intendente bonaerense. Su argumento se completa con la sentencia de que lo que vendrá será un escenario de catástrofe. “Deliberadamente o no, las dos coaliciones parecen esperar que la bomba le explote a otro. Y ahí está Milei ofreciéndose sobre un clima social de desencanto y bronca”.

No es el único que piensa así. De un lado y del otro de la grieta, todos aspiran a retomar el gobierno una vez producido el “estallido”. Juntos por Cambio preferiría que se produjera entre las PASO y el cambio de gobierno para acelerar los tiempos. El cristinismo, por su parte, preferiría que, a falta de posibilidad de continuidad, llegara a la presidencia el profeta de ese escenario apocalíptico, ya que están convencidos de que “Milei no resiste tres meses de gobierno”. “Y allí, a la hora de pasar la ambulancia y sacar a la Argentina de la crisis, una vez más la única opción sería la del peronismo”.

Claro está que, quienes razonan de este modo, poco tienen que ver con el peronismo de Perón. Apenas si invocan su nombre para justificar proyectos y modelos que hacen revolcar al general en su tumba. (www.REALPOLITIK.com.ar)


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