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6 de septiembre de 2023 | Nacionales

Máximo está enojado

El cristinismo tiene expedido su certificado de defunción

La resignación se apoderó de la iglesia cristinista. Ya nadie espera que aparezca públicamente en la campaña electoral y es poco lo que esperan de su eventual victoria en las presidenciales.

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Aunque no se lo haya anunciado con bombos y platillos, Wado de Pedro quedó desplazado de la jefatura de campaña. Su sucesora es nada menos que Malena Galmarini. El ministro del Interior, molesto por su propio desplazamiento de la boleta de UxP, no hacía ningún esfuerzo por hacer crecer las chances de su candidato. Más bien todo lo contrario.

¿Qué podrían esperar quiénes no hacen nada por trabajar la boleta presidencial de UxP si, aun así, termina siendo la ganadora?

En el massismo están enojados por la diferencia significativa de votos entre las boletas municipales y la presidencial. Algo que siempre ocurre, sólo que ahora se trata de una cuestión de supervivencia.

Cada cual atiende su juego. Un intendente cristinista deslizó la siguiente definición: "No existe más el ir en banda para conseguir algo. La historia lo demuestra y nadie confía más en nadie". A la vista de cómo Cristina y Máximo Kirchner sepultaron al gobierno de Alberto Fernández, el argumento está plenamente justificado.

El mismo alcalde ensaya una explicación aún más demoledora: "Néstor no conducía, ordenaba a fuerza de billetera. Y lo último que padecimos fue la toma del partido por parte de Máximo Kirchner que, con La Cámpora, intenta en transformarse en una organización política, pero termina siendo una fuerza de apriete".

En el cristinismo no terminan de digerir ni le encuentran explicación al apoyo de Cristina a Sergio Massa. No saben cómo explicarlo después de tantos años de tratar de destruirlo. Menos aún comprenden la actitud abandónica de Máximo Kirchner.

"Máximo está enojado... Enojado con nadie y con todos, pero fundamentalmente, con la realidad", afirmó un diputado de su extrema confianza. “Frustrado” sería el término, aclara. "Es hijo de Néstor y de Cristina, tiene casi un mandato familiar", pero le cayó la ficha de que nunca estuvo a la altura.

Con el baldazo de agua fría de las PASO llegó la hora de la autocrítica. Interna y subterránea por ahora. "Si esto no funcionaba, teníamos que haber hecho las cosas de diferente manera. No puede ser que no queremos el acuerdo con el FMI y la única actitud que tomamos fue la renuncia a la presidencia del bloque", asegura. El arrepentimiento tardío e inútil llega a extremos desconocidos: "Lo peor es que terminamos representando lo que no queremos ni somos, una fuerza conservadora".

"Todavía me acuerdo –concluye el legislador- que, en mayo, cuando hicimos el acto en plaza de Mayo, y Cristina dijo por última vez que no iba a ser candidata a nada, un reportero de C5N les preguntó a dos militantes quién querían que fuera su futuro presidente. Ambos dijeron Cristina. Ante la repregunta del periodista, que le recordó que ella ya había renunciado a todo, ellos dijeron Milei. Listo. Milei es la rebeldía que nosotros no expresamos". 

Los intendentes que consiguieron mantenerse en sus cargos apelando al servilismo y la obsecuencia hacia Cristina y Máximo están desolados. Ni Sergio Massa los atiende personalmente, ni Axel los tiene en cuenta. A punto tal que se enteraron del bono de 60 mil pesos en dos tramos “por los diarios”. Cuando pidieron asistencia, la respuesta fue taxativa: "Yo también fui intendente, sé lo que tienen y lo que pueden hacer". 

Mientras que Massa y Kicillof tienden puentes y se muestran juntos en actos públicos, la mayoría de los intendentes y La Cámpora quedan excluidos. Los primeros desearían estar; la “orga” quiere cortarse sola para reposicionarse el día después, tanto sea de victoria como de derrota. Sergio Massa ya anticipó que su gobierno será de “unidad nacional”, entre “todos los argentinos”. Sin sectarismos ni grietas.

Así marchan a la elección general. Todos tienen en claro que lo que vendrá será algo nuevo. El cristinismo tiene expedido su certificado de defunción. Quedarán las “minorías intensas”, atomizadas, más necesitadas de participar de grupos de autoayuda que de imaginar un eventual retorno a la centralidad política de la Argentina. (www.REALPOLITIK.com.ar)


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