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31 de octubre de 2023 | Opinión

Balotaje 2023

No está en juego un partido político en el gobierno, está en juego la democracia

Se cumplen cuarenta años de la vuelta a la democracia y la realidad nos indica que no hemos sabido fortalecerla.

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por:
Alicia Panero

Muchas generaciones, nacidas después de 1983, dan por sentado que esta es una forma de vida, porque no conocen otra, lo que los hace afortunados y también un poco inconscientes de los riesgos certeros que hoy se corren de perder la libertad.

Mas allá de las volteretas con poco sentido de la ética política, que dieron después de la primera vuelta electoral los perdedores, no solo perdedores, sino los que salieron terceros, hay hoy un riesgo latente de que llegue al poder, apoyado por quienes se proclaman dueños de la república, Javier Milei.

Basta seguir sus posteos en redes sociales para saber que es un antidemocrático, no solo porque no cree en los derechos colectivos, aquellos que son de la humanidad, sino porque no cree en la democracia.

“Para despertar de esta mentira llamada democracia… Solo es un negocio para los chorros de la política, donde el populismo no es un vicio sino la expresión mejor lograda de dicho sistema”, y debajo del texto pone una foto de un grafiti que dice: “Si votar cambiara algo, sería ilegal”. Esto escribió en la red social X.

Si hubiésemos sabido en estos cuarenta años fortalecer la democracia, hoy no leeríamos este tipo de cosas, inadmisibles. Tampoco escucharíamos a Cecilia Pando en su cuenta de Instagram, bregar por la libertad de los genocidas, para que las nuevas generaciones de uniformados se animen, en un eventual gobierno de Milei, a reprimir los reclamos de quienes pierdan derechos.

Esto constituye un delito, es incitación a la violencia y una clara violación de la ley de defensa de la democracia.

Lo más grave, es que los militares activos, que, aunque no muevan la aguja electoral, voten por este concepto, porque votar a Javier Milei es votar conceptos que los argentinos creíamos erradicados y otros que nunca nos pasaron por la cabeza. Y vamos, que alguien debe denunciar esto en la Justicia, veremos quién.

Las fuerzas armadas, de occidentales y cristianas, pasaron a indignas de su propio uniforme al avalar esos conceptos que nunca se nos cruzaron a los argentinos por la cabeza. Que una parte constitutiva del estado vote anarcocapitalismo, que busca desaparecer al estado, es no solo incoherente, sino que presupone el peligro de que esas fuerzas, sean en un gobierno de Javier Milei, para militares, como los que se ven en Venezuela. La tan temida Venezuela que es, en definitiva, la que proponen estos personeros de la frustración personal y el odio aspiracional de clases.

Lo más grave, es que Javier Milei tiene en sus listas a veteranos de Malvinas, esas islas a las que él pretende dar a los isleños, y uno de sus diputados piensa en privatizar el mar argentino, donde tenemos muertos de la guerra, muertos en los que esos camaradas se cagan.

La democracia no ha sido cuidada por quienes ocuparon sucesivamente cargos primordiales en el estado, no la cuidaron los ciudadanos. Hoy algunos sectores minoritarios, agitados por periodistas que no conocen la ley electoral, llaman a marchar por “fraude eventual”, es decir, por algo que no se ha comprobado. ¿Dónde estaban cuando se debió pedir transparencia, acceso a la información, decir no a la corrupción con los mecanismos que nos brinda la democracia?

Otra candidata, la que salió tercera, la que fue denostada sistemáticamente por el candidato Javier Milei, ante la contundente derrota, sale corriendo a ponerse a disposición de quien la maltrató, dando una imagen pública lamentable, en un país donde matan mujeres cada treinta horas, donde muchísimas padecen la violencia verbal y psicológica que ella sufrió en cadena nacional. Patricia Bullrich perdió, no solo las elecciones, también la dignidad, con la excusa de erradicar al peronismo, impostando a San Martín.

También ahora es su deseo que todo explote antes de las elecciones, para que explote el gobierno, hasta hace poco más de una semana era quien nos iba a cuidar. Es un remake de “muera Sansón y los filisteos con él”, odian a la gente. Y no es necesario hablar del desabastecimiento de combustibles provocado, parece que mañana será la yerba, aunque hoy es el fraude, que por ejemplo en San Juan, le hizo perder un senador a La Libertad Avanza porque tanto llorar fraude y lo habían hecho ellos. Para denunciar, al menos hay que saber contar.

El nivel de violencia de la oposición, y no digo que la corrupción no sea violencia también, ha llegado a grados insospechados, solo por rencor. El ejercicio democrático tiene esa variable, a veces se pierde, a veces se gana.

La oposición ahora es dirigida por el máximo endeudador externo de la historia, Mauricio Macri, con un 70 por ciento de imagen negativa en la sociedad, lo que le impidió ser candidato.

Que tuvo un secretario de Derechos Humanos, que argumenta votar a Milei porque del otro lado están los amigos de Irán y Hamás, pero en la Argentina su nuevo candidato es quien apoya a Villarruel, defensora de genocidas, a Pando, que llama a liberar militares para que puedan reprimir tranquilos. En el mismo espacio, que apoya Claudio Avruj, el ministro de Educación señalado para un eventual gobierno, sostuvo que la Gestapo fue ineficiente porque no terminó su trabajo.

Lo más triste, es que hay otras partes constitutivas del estado, como el personal de la salud pública, que votan este espacio open door, avalando implícitamente las ideas del libre mercado de órganos. No vendría mal una revisión de las carreras de ciencias de la salud, sus programas, para entender si es que falta ética profesional en las cursadas.

También las madres que votan a estos desquiciados, que con sus políticas favorecerán la trata de niños para ese libre mercado de órganos. Es que no hay límites.

Nadie está obligado a votar a Sergio Massa, existe la opción del voto en blanco, porque ir a votar hay que ir, y eso no favorece a nadie, también es una expresión de disconformidad. No se es tibio por hacerlo. Se da un mensaje. Y dentro de la democracia, todo se puede corregir, fuera de ella nada.

Resulta llamativo que gente que se apropió de los valores republicanos, hoy avale a gente sin otra patria que el mercado.  Que no usan la bandera argentina, que no cantan el himno en sus actos. Que desconocen a San Martín argumentando que es una leyenda creada por Bartolomé Mitre.

La segunda vuelta electoral es un fin de semana largo, que tiene el 80 por ciento de ocupación vendida, con el plan Previaje. Un subsidio para la gente que se queja de los subsidios, lo correcto no sería correr el fin de semana, por la complejidad que ello implica, sino pasar las reservas, pagar las multas y quedarse a votar, y cuidar los votos, con fiscales en todas las mesas, así la oposición se asegura de que no exista el “fraude eventual”.

Hemos vuelto tras cuarenta años de democracia al planteo amigo - enemigo, al no me importa si viste resucitar a Cristo tres veces, si tu perro muerto te habla a través de una médium, si escuchás voces, si gritás como loco promulgando ideas irrealizables, te voto igual porque lo que está en frente, que es la democracia, no me gusta, no me sirve, porque implica conceptos colectivos que no estoy dispuesto a aceptar.

 

(*) Alicia Panero es docente, investigadora, escritora.


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