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12 de noviembre de 2023 | Nacionales

Balotaje 2023

La anarquía llegó antes que el poder para los libertarios

Javier Milei llega en las peores condiciones al debate presidencial. Desde la noche de las elecciones generales, todas las suyas han sido malas decisiones, tal vez a causa de su falta de experticia política, tal vez de su inestabilidad emocional. O, más probablemente, de la sumatoria de ambas.

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Lo cierto es que, a partir de entonces, sólo ha conseguido dinamitar su imagen confrontativa y anti-casta y, lo que es peor, su razonamiento de que “cuanto peor mejor”, aplicado a la destrucción del peso argentino para favorecer la dolarización, y que su entorno de “cueveros” y financistas intentó aplicar por medio de una corrida financiera y bancaria que terminó fracasando gracias a la oportuna intervención oficial, fue redirigido al interior de su propio espacio político, a través de sanciones y silenciamientos de quienes se opusieron al contubernio con Mauricio Macri, o bien a quienes se pretendió convertir en responsable del descorazonador desempeño en la primera vuelta electoral.

De un plumazo, Javier Milei cayó en el abismo. Las señales contradictorias emitidas desde el macrismo más rancio, asegurando que le habían impuesto su programa y que, a partir de entonces, el libertario había ingresado a la “casta”, convirtiéndose en “empleado” del ex presidente, resultaron mucho más creíbles para sus propios aliados y para sus votantes originales que las débiles y resignadas apariciones del candidato afirmando lo contrario. Lo cierto es que, al día de hoy, quienes lo voten no saben si lo hacen por el programa de la “motosierra” o el de los economistas de Mauricio Macri: ¿Habrá dolarización o no? ¿Continuará la educación pública o será reemplazada por vouchers? ¿Se dinamitará el Banco Central, los planes sociales y las jubilaciones que no completan sus aportes? ¿Volverán las AFJP? ¿Se privatizarán los clubes? Todo es líquido en el campamento de La Libertad Avanza y parece desvanecerse en el aire.

A esto deben sumarse otros factores que contribuyen a dinamitar sus chances. Las apariciones de Victoria Villarruel, no ya sólo en modo negacionista sino también reivindicando al terrorismo de estado y reclamando la libertad de los genocidas espantan a toda la sociedad democrática argentina. Lo mismo sucede con los exabruptos de Diana Mondino –su canciller, en caso de una victoria-, promoviendo los intereses de los británicos sobre las Malvinas, que coincide con expresiones anteriores del propio candidato y de la nueva aliada, Patricia Bullrich. Y ni qué decir de las publicaciones de la silenciada que se niega a acatar su sanción, Lilia Lemoine.

Milei aparece desbordado por su propio espacio político y sin capacidad alguna de liderazgo. Las encuestas sostienen que perdió un 10 por ciento de su electorado más radicalizado, decepcionado por su sumisión a Macri y a la “casta”, y buena parte de sus legisladores y concejales, en todas las categorías y a lo largo de todo el territorio nacional, han manifestado su desacuerdo por el contubernio con Macri y la resignación de sus banderas originales. Algunos ya rompieron y anunciaron que no acompañarán la campaña al balotaje; otros, que no rompieron aún pero que no se disciplinarán a las directivas que reciban en caso de llegar al gobierno o de tener que desempañarse como oposición.    

En la semana que pasó, una reunión en el hotel Libertador, donde transcurre el “secuestro” de Milei para ponerlo a salvo de sus propios exabruptos, terminó en un nuevo escándalo. La “cumbre” de La Libertad Avanza terminó en gritos, peleas y pase de factura a tres caracterizados dirigentes del espacio. Tratando de recuperar su autoridad interna, el candidato pretendió marcar el terreno, sentenciando: “No vamos a bancarnos operaciones de nuestra propia gente, el que las haga será expulsado”, refiriéndose a las impugnaciones y críticas encendidas que mereció su contubernio con Macri. E inmediatamente cayó un aluvión de desaprobación a la tarea desempeñada por Carlos Kikuchi, armador; Guillermo Francos, asesor y ministro clave en su eventual gobierno, y Diana Mondino, su probable canciller. Karina Milei -alias “El Jefe”- se despachó con violentas acusaciones contra Kikuchi, al que responsabilizó por supuestas “operaciones” en plena campaña afectaron al candidato, como por ejemplo la filtración de  versiones sobre rupturas internas provocadas por el respaldo de Macri y Bullrich a Milei, y sobre el sometimiento del libertario al programa y la jefatura del ex presidente. “El Jefe” le exigió, a los gritos, que “se tiene que bancar” el acuerdo, aunque crea que eso “desperfila” a Milei y que “se iba a pagar caro”. Kikuchi no se quedó callado, y responsabilizó por esas operaciones a Francos, quien había quedado como el principal armador de la fuerza.

Mondino fue la tercera en caer en desgracia, aunque en este caso la desaprobación resultó generalizada. No es casual que, en el posterior debate entre los candidatos a vicepresidente, Agustín Rossi le echara en cara a Villarruel las declaraciones de su “canciller” Mondino en defensa de los derechos de los habitantes de Malvinas, a lo que la biógrafa de Videla respondió con energía y su habitual mala educación: “No es canciller, si vas a hablar de algo, hablá de algo concreto”. En respuesta, el candidato de UxP aclaró: “Futura canciller”.

Para cerrar una reunión que había terminado en colapso, Milei aseguró que habría “tolerancia cero” para quienes estén detrás de operaciones. “Paren con esto, no vamos a bancarnos operaciones de nuestra propia gente, el que las haga será expulsado”. Pero sus palabras, lejos de contener, incrementaron el malestar y la disposición a tomar distancia de buena parte de los componentes de La Libertad Avanza.

Fuera de sí y naufragando en un esquizofrénico trance entre la depresión y la agresión, la habitación que ocupa en el hotel céntrico habría sido víctima de sus estallidos emocionales en dos oportunidades. Pocos son los que aún confían en él, y quienes lo hacen, en su mayoría, es por interés. Incluso llamó la atención que operadores calificados del blindaje antiperonista, como Jorge Lanata, “Baby” Etchecopar o Marcelo Longobardi lo hayan destruido en sus editoriales, o que de la pantalla de TN se reproduzcan las críticas. Nadie quiere abrazarse a un salvavidas de plomo.

Lo peor que le pasa a Milei es que es conciente de que el apoyo de Macri no es gratuito. Tiene en claro que será su próxima víctima y que la libra de carne que deberá devolverle nunca podrá ser pagada. Ya hoy en día aparece “secuestrado” y censurado en sus expresiones, lo que sucederá en el futuro próximo es todavía un enigma. (www.REALPOLITIK.com.ar)


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