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26 de noviembre de 2023 | Nacionales

Un tropezón no es caída

El futuro de Sergio Massa

Las palabras de Sergio Massa anunciando el fin de su vida política en la noche de la elección presidencial duraron lo que el polvo en el viento: se desintegraron por su propio peso.

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El enojo y la frustración por el resultado adverso y el anuncio de una renuncia o licencia hasta el fin de la actual gestión se contrapusieron con la reunión matinal en la primera hora del lunes con su equipo de trabajo. En definitiva, el resultado de los comicios no había sido tan malo. Con 150 por ciento de inflación interanual, sequía, guerras internacionales, pandemia y herencia macrista, el 44 por ciento de los votos válidos obtenidos, lejos de condenarlo al retiro, confirmaban un resultado excepcional. Sobre todo teniendo en cuenta que, a excepción de un caso en Paraguay, todas las elecciones realizadas en América Latina a partir de mediados de 2019 habían sido derrotas para los oficialismos.

Por más que la revista Forbes publicó, a mediados de la semana, que tres megafondos de inversión pretendían contratarlo como lobista, la decisión no parece tan tajante. Las comunicaciones de Sergio Massa y Malena Galmarini, difundidas en los últimos días, coinciden en marcar la cancha hacia lo que vendrá. Sólo se perdió una batalla, al fin y al cabo.

Tal como dejan filtrar sus allegados, Sergio Massa aspira a convertirse en el líder de la oposición al inminente gobierno de Milei-Macri. La opinión mayoritaria dentro del universo político y mediático es que, ya sea que se aplique el plan del libertario –algo prácticamente descartado al día de hoy-, como el proyecto de de ajuste de Mauricio Macri, los altísimos niveles de inflación, desocupación, deterioro de los ingresos y resignación del patrimonio nacional generarán rápidamente un altísimo nivel de desaprobación en la sociedad, que no tardaría en canalizarse en un rechazo masivo en las urnas en las elecciones legislativas de 2025 y las presidenciales de 2027.

Por cierto que ese papel protagónico dentro de la futura oposición deberá disputarlo con Axel Kicillof, quien ya no contará con la opción de una nueva reelección provincial, y las penurias económicas y financieras que indudablemente le impondrá el gobierno nacional le obligarán a adoptar una posición confrontativa. Sin embargo, a diferencia de lo sucedido en las elecciones de este año, Sergio Massa parece contar allí con varias ventajas. En primer lugar, no debe contar con el desgaste de tener que desempeñar una función oficial que lo coloque en el ojo de la tormenta, a diferencia de su situación actual y de la que deberá soportar Kicillof.

En segundo lugar, deja el recuerdo de un conjunto de políticas favorables para trabajadores, jubilados, monotributistas e informales –sobre todo en el tramo final de su gestión- que incrementarán su valor a medida que el ajuste del próximo gobierno se incremente.

En tercer lugar, la dura interna que no deja de aumentar su temperatura entre La Cámpora y Kicillof generará necesariamente divisiones que afectarán las filas del gobernador.

En cuarto lugar, esos aportes del cristinismo sólo serían residuales, ya que la estrategia de Sergio Massa consiste en tratar de liderar una nueva coalición política, sobre la que habría montado su gobierno en caso de haber obtenido la victoria: radicales, socialistas, peronistas no cristinistas, gobernadores e intendentes, y su propio Frente Renovador serían los cimientos de su armado, que contaría, además, con una interesante dotación de bancadas nacionales, provinciales y municipales.

En territorio bonaerense, en tanto, el rol de su equipo de legisladores será protagónico para garantizar la gobernabilidad. Ese puente hacia la gestión de Kicillof se encarna en la figura de Jorge D’Onofrio, quien continuará ocupando el ministerio de Transporte.

Todo indica que las posibilidades de concreción del sueño presidencial de Sergio Massa se mantienen intactas. Sólo le queda llamarse a silencio durante algún tiempo, hasta que baje la espuma electoral, para volver a recuperar su protagonismo. Lo cual no es más que seguir el célebre consejo de Napoleón: “Si el enemigo se está equivocando, no lo distraigas”. (www.REALPOLITIK.com.ar)   


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