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30 de noviembre de 2023 | Historia

Siglo XX

La economía de la primera posguerra mundial

Tras la Primera Guerra Mundial, era tal la fe que tenían los pioneros industriales en un sistema de cambio anclado en el metal precioso que Inglaterra apresuró a sus aliados europeos para un retorno programado a la paridad con el oro.

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HORACIO DELGUY

por:
Alberto Lettieri

Así, en la Conferencia de Génova de 1922, los países centrales retornaron al patrón oro, pero también se comprometieron a una restricción de la circulación de este metal para evitar un aumento de su precio. Sin embargo, el mundo luego de la guerra no se parecía en nada al mundo del laissez faire. Los países europeos estaban en inferioridad de condiciones respecto de Estados Unidos y los tiempos de la competencia perfecta habían quedado en el olvido. Por eso, el retorno al patrón oro con circulación restringida, lejos de rememorar los tiempos de libre circulación de bienes, consolidó la contracción del comercio internacional. A esto se sumó la rigidez del sistema de pagos. No obstante, ésta no fue la única razón por la cual los intercambios entre naciones disminuyeron. Cada economía adoptó una orientación distinta para enfrentar la creciente inflación e impulsar sus desvencijadas economías. En Inglaterra, su ortodoxia económica le permitió alcanzar la estabilidad monetaria pero tuvo múltiples problemas en materia de competitividad.

Otros países optaron por el camino opuesto. El uso sistemático de la devaluación para aumentar el grado de competitividad en las exportaciones y para obstruir las importaciones fueron los mecanismos de intervención económica de los gobiernos. Francia apostó al incremento de las exportaciones a través de la depreciación del franco. Hacia finales de la década del 20, Francia pudo estabilizar el franco y quedó en un honroso segundo lugar como país con reservas de oro, luego de Estados Unidos. Alemania, claramente la más perjudicada luego del Tratado de Versalles, no pudo apelar a una política de exportaciones por la restricción a los mercados a la que se vio sometida. Por ello, en este país, el crecimiento dependió del ingreso de capitales norteamericanos generalmente con tasas de interés muy altas. La balanza de pagos nunca pudo superar su déficit y el desempleo fue un elemento estructural de su economía durante la década del 20. A esto se le adicionó el desboque de la inflación adquiriendo un cariz hiperinflacionario. Las consecuencias de esta crisis económica trajeron aparejada una nueva concentración económica y la destrucción de los pequeños y medianos productores.

Italia se vio conmocionada durante los primeros años con profundos conflictos sociales que llegaron a manifestarse en importantes disturbios obreros, huelgas y tomas de fábricas. A partir de 1922, con el ascenso de Benito Mussolini, al poder llegarían una serie de reformas políticas y económicas. El advenimiento de un Estado corporativo se basó en la falsa ilusión de eliminar los conflictos capitalistas bajo una política falaz de conciliación de clases.

El caso de Estados Unidos resultó ser muy especial por su tarea de crear una economía autosuficiente, pensamiento que se alimentaba de los reclamos por parte de la población de aislarse del mundo europeo. Europa, a los ojos del ciudadano medio norteamericano, estaba conformado por almas profundamente belicosas y que no lograban comprender la supuesta vinculación entre paz y comercio. La tendencia a aislarse no era solamente una postura norteamericana, sino que entraba en correspondencia con la pérdida de los mercados europeos en la primera posguerra.

Los países de Europa comenzaron a reconstruir su economía a partir de la revitalización de su mercado doméstico dejando de ser el principal consumidor de los productos norteamericanos. Estados Unidos reorientó su mercado hacia América Latina a través de la exportación de capitales que entraron a competir con la vieja metrópoli económica, Inglaterra. Estados Unidos ya había incursionado en dicha región, la cual desde un principio había considerado bajo su manto de protección, pero fue durante la década del 20 cuando una política agresiva de inversiones en el continente americano produjo el inicio de la declinación definitiva de la influencia británica en América Latina. La política de reorientación de sus capitales estuvo determinada por el desequilibrio económico de los años 20 y 21, pero esta crisis sólo fue transitoria y dos años después se iniciaría un lustro de gran prosperidad, que la sociedad norteamericana bautizó “Los años locos”.

El sector primario fue la excepción a esta etapa de gran progreso. La evolución de los precios de los productos agrícola-ganaderos fue el desencadenante del estancamiento de este sector. El descenso ininterrumpido de los mismos determinó una caída de la tasa de ganancia y la insolvencia del sector rural. Las razones que explican esta crisis agraria son la pérdida de los mercados cautivos europeos y la mecanización completa del proceso de producción. La instalación de trilladoras y la generalización del tractor impulsó un aumento notable de la productividad, la expulsión de mano de obra, y la caída vertiginosa de los precios.

El sector primario de la economía tenía frente a sí los límites de una economía de competencia perfecta. Siendo los precios fijados por el mercado internacional, los productores debían adoptar una política de cantidades para mantener sus ganancias. Es decir, debían regular la oferta para que el precio no descendiera en forma tan abrupta que el costo de producción sobrepasase el precio de venta final. Pues bien, la mecanización completa, sumada a la protección sustitutiva europea, hizo que la oferta global de productos primarios excediera ampliamente a la demanda. Muchos productores tendieron a endeudarse a través de créditos hipotecarios y terminaron en la ruina absoluta.

Las tierras marginales que habían sido incorporadas al mercado internacional en tiempos de guerra fueron las primeras perjudicadas; los grandes latifundios amortiguaron mejor esta crisis, pero en general el sector primario no pudo recuperarse y su situación empeoró hacia 1925. Sólo algunas actividades específicas como la fruticultura y la láctea pudieron sortear con facilidad los problemas que aquejaron al sector.

El mundo, por entonces, no encontraba una salida. (www.REALPOLITIK.com.ar)


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Historia, Alberto Lettieri, Siglo XX

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