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7 de enero de 2024 | Nacionales

Un rumor con sustento

Le rodearon la manzana a Javier Milei

Días atrás, el cada vez más irascible vocero presidencial, Manuel Adorni, salió a desmentir que que el ministro del Interior, Guillermo Francos, hubiese presentado su renuncia.

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por:
Alberto Lettieri

Tras culpar a la prensa por difundir "un rumor sin sustento”, el vocero presidencial, Manuel Adorni, concluyó enfatizando que "en el gobierno no hay una sola interna”. Cuando tres afirmaciones de este tipo aparecen juntas, queda claro que se intenta atacar molinos de viento. La crisis está instalada en el gobierno nacional.

La incomodidad de Guillermo Francos no es un secreto para nadie, ni tampoco su decisión de dar un paso al costado si no se lo empodera para llevar a cabo su gestión. Desde hace tiempo no participa en las reuniones de mesa chica, no fue consultado respecto del mega DNU ni de la ley Ómnibus, ni fue convocado a la reunión de Javier Milei con legisladores del oficialismo.  Martín Menem, el presidente de la Cámara de Diputados, sufre un destrato similar. Cierto es que por ahora sigue en su cargo, pero es una incógnita averiguar hasta cuándo.

Si volvemos a los dichos de Adorni, tampoco es cierto que "en el gobierno no hay una sola interna”. La mayoría de los integrantes de La Libertad Avanza de la primera hora han sido excluidos, como en los casos de Ramiro Marra, Carolina Píparo o Lilia Lemoine. A niveles provinciales o municipales, la fragmentación y la ruptura son la característica en la mayoría de los casos. Y la secretaría de Cultura está estallada por la intromisión de una funcionaria de La Cámpora, Isabel Pose, que se desempeñó en el disuelto ministerio de la Mujer y que ahora ha sido empoderada en el de Capital Humano.

Pero el affaire Francos excede largamente a su protagonista, ya que forma parte del diseño de un golpe palaciego que tiene como protagonistas principales a Mauricio Macri y a la vicepresidenta, Victoria Villarruel. En los últimos días un medio periodístico lanzó la bomba: ambos se habrían reunido en El Calafate y el ex presidente le habría consultado a su interlocutora sobre su disposición a hacerse cargo de la presidencia en caso de que Javier Milei deba abandonar su cargo. "Con el desastre que está haciendo Javier la gente va a pedir que nos vayamos todos", habría pronosticado, palabras más, palabras menos. Más allá de la nebulosa que rodea a la reunión, el presidente está convencido de que el diálogo fluido entre ambos existe a sus espaldas, con una habitualidad que excede el enigma de El Calafate. Tampoco es una novedad, ya que viene produciéndose desde antes del balotaje, e incluso entonces Villarruel se animó a lanzar su propio sello y a convocar a una manifestación en su propio apoyo.

A Javier Milei le están rodeando la manzana. Su gestión navega en aguas de confusión e improvisación y sólo parece funcionar el plan de saqueo y empobrecimiento de la Argentina, implementado por el ministro Luis Caputo, que no es sino el plan económico convalidado por Mauricio Macri, y que muestra sensibles diferencias con las propuestas electorales del entonces libertario. De hecho, el ex presidente está presionando muy fuerte para que Francos vuele por los aires y sea reemplazado por Diego Santilli. Con los reveses judiciales en el ámbito laboral del mega DNU -el “misil contra la democracia”- y las contradictorias afirmaciones de los diputados aliados y consentidores seriales -UCR, peronismo cordobés, pichettismo y CC-, Milei necesitará cada vez más el apoyo de estos espacios legislativos que tanto desprecia, y deberá optar entre hacer mayores concesiones o avanzar por la vía autoritaria: ninguna de las dos aporta certezas sobre su futuro.

Francos, por su parte, tampoco le hace fáciles las cosas al presidente. En una reunión restringida en la Casa Rosada, le habría lanzado a la cara de Luis Caputo la siguiente pregunta:  "¿Hasta cuando vos y Javier van a ajustar sin aumentos de salarios? ¿Hasta cuándo creés que vamos a durar así como gobierno? Vos la hacés fácil, después te escapás como con Macri”.

El presidente sabe que entregar a Franco sería una señal inconfundible de debilidad y mantenerlo un dolor de  cabeza. Por esta razón le renovó la confianza y este jueves recibió a Guillermo Montenegro y a Ignacio Torres, muy preocupados por el impacto de la ley Óminibus sobre la actividad pesquera en Mar del Plata y Chubut. El ministro del Interior aseguró que habían entendido mal el texto de la normativa, pero no dejó conforme a nadie, ya que todo el tablero político duda de las afirmaciones de Francos, ya que reiteradamente han sido desconocidas en los ámbitos decisorios de esta gestión. En el contexto del ajuste salvaje que fogonean Caputo y Milei, la cartera de Interior debe jugar un papel clave, que claramente no le habilitan a desempeñar.

A esto se suman otras tres cuestiones que generan preocupación. Uno es el alcance del paro con movilización programado por la CGT para el 24 de enero, que podría potenciar la dimensión de un pronunciamiento popular en contra del programa económico y social del gobierno. El otro es el ensanchamiento de la brecha entre dólar oficial y paralelo, que súbitamente levantó vuelo con el inicio del nuevo año, y que volvería ineludible una nueva devaluación salvaje para febrero o marzo, sin que el  gobierno considere incrementos salariales compensatorios. El tercero es cuál será la reacción del campo ante el incremento de las retenciones, considerando que es un electorado “propio” que podría escapársele de las manos.

Al presente, todo es incertidumbre. La previsibilidad que prometió Milei no aparece por ningún lado. El saqueo de las clases medias, los trabajadores y de quienes perciben asignaciones sociales estaba muy claro, salvo para los ingenuos votantes del actual presidente y los odiadores seriales del antiperonismo. En ese marco, Martín Guzmán reapareció en escena para afirmar que el gobierno está preparando el camino de la dolarización. El interrogante es si conseguirá llevarla a cabo y a qué costo. Y allí aparecen como alternativas la confrontación social y la transformación de la Argentina en una gigantesca villa miseria. Alcanzado este punto, ya no habría posibilidades de retorno. (www.REALPOLITIK.com.ar)


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