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9 de febrero de 2024 | Opinión

Gobierno sin rumbo

Javier Milei: El populismo desbocado

El intento desesperado por imponer la llamada "ley Omnibus" en Argentina ha dejado al descubierto no solo la fragilidad del gobierno de Javier Milei, sino también su completa desconexión con la realidad y el clamor popular.

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por:
Javier Barragán

Ante el rotundo rechazo de su propuesta, como si de un kirchnerismo de derecha se tratase, Milei ha optado por recurrir a viejas tácticas de confrontación, acusando a los legisladores de "traidores" y "coimeros", mientras amenaza con acciones que la misma constitución le impide llevar a cabo. Y es que las reformas penales, las cuestiones impositivas y de presupuesto, entre otras medidas que aborda la ley, no pueden ser plebiscitados.

Parece que desde el oficialismo no solo se desconoce la ley máxima, el reglamento de la Cámara (como lo reconocieron los propios legisladores pro-gobierno), sino también el sentido común. ¿Cómo es posible que un gobierno pretenda gobernar por decreto tras el rechazo de sus propuestas por el Legislativo? La respuesta es clara: la soberbia y la arrogancia han cegado completamente a quienes se creen dueños y señores de la verdad absoluta.

Por otra parte, la idea de plebiscitar una ley con más de 600 artículos, cuyo alcance y consecuencias son prácticamente incomprensibles para la mayoría de la población, es simplemente una burla a la democracia. ¿Qué sentido tiene votar algo que ni siquiera se entiende completamente? Es evidente que detrás de esta propuesta se esconde una estrategia populista y manipuladora, destinada a confundir a la ciudadanía y perpetuar el poder en manos de unos pocos.

Sorprendería saber quiénes son los presidentes que más han utilizado esta herramienta: Hugo Chávez en Venezuela para validar cambios constitucionales, Evo Morales en Bolivia para obtener respaldo para su reelección indefinida, Rafael Correa para convocar a una constituyente en Ecuador. En suma, un artilugio frecuentemente utilizado por aquellos que el gobierno no dudaría en llamar "zurdos populistas". ¿Será que Milei ha caído en la tentación populista?

Acaso es momento oportuno de recordar a Enrique Krauze, quien en su libro "El pueblo soy yo" (publicado en México por Editorial Debate, en el 2018), nos ofrece la caracterización más clara del populismo a través de su decálogo:

1) El populismo exalta al líder carismático. 

En el caso de Milei, se observa una clara exaltación de su figura como el líder carismático que encarna la voluntad del pueblo, presentándose como el único capaz de llevar a cabo las transformaciones radicales que promete.

2) El populista no sólo usa y abusa de la palabra: se apodera de ella. 

Milei utiliza un lenguaje provocador y confrontativo, apoderándose del discurso público con sus declaraciones polémicas y su retórica anti-establishment, buscando generar impacto y captar la atención de sus seguidores.

3) El populismo fabrica la verdad.

Se observa una tendencia por parte de Milei a simplificar problemas complejos y ofrecer soluciones sin fundamentos sólidos, presentando su visión ideológica como la única verdad válida y desestimando cualquier opinión contraria como falsa o manipulada.

4) El populista utiliza de modo discrecional los fondos públicos.

Existen 29 fondos fiduciarios que, en conjunto, concentran un presupuesto anual cercano a los 1,5 billones de pesos. Creados en su mayoría para financiar obras públicas específicas o subsidiar energía y transporte, la lista de fideicomisos incluye de todo. Desde fondos más conocidos como el “Procrear” para la construcción de viviendas familiares o “de Infraestructura Hídrica”, a los de “Integración Socio Urbana”, “Manejo del Fuego”, “Estabilizador del Trigo Argentino” o “para el Desarrollo Provincial” o “para la Recuperación de la Actividad Ovina”, entre otros.

Al nuevo Secretario de Turismo, Deportes y Ambiente, Daniel Scioli, el gobierno de Milei le dio el control de una caja de 70.000 millones de pesos. Sí, a Scioli, ese fiel representante de la "casta" que parece pasar la gorra por todos los gobiernos.

5) El populista reparte directamente la riqueza.

Su enfoque en la desregulación y la reducción del rol del estado en la economía apareja como consecuencia una distribución desigual de la riqueza, beneficiando principalmente a los sectores más privilegiados.

Está claro que se promueve un "capitalismo de amigos" desde el momento en que el propio Javier Milei mencionó a la compañía de su "amigo" Elon Musk por cadena nacional: "Desregulación de los servicios de internet satelital para permitir el ingreso de empresas como Starlink", leyó el mandatario.

6) El populista alienta el odio de clases. 

A través de su retórica polarizadora y sus ataques contra la clase política tradicional, Milei ha fomentado un clima de confrontación y división en la sociedad argentina, alimentando resentimientos y hostilidades entre diferentes grupos sociales. La "casta política", en este sentido, permite ser pensada en términos de clases.

7) El populista moviliza permanentemente a los grupos sociales. 

Milei ha logrado movilizar a una base de seguidores entusiastas en torno a su figura y sus ideas. Aunque claro, el eje de su apoyo han sido hasta el momento las redes sociales, escapando a las movilizaciones callejeras típicas de los populismos tradicionales.

8) El populismo fustiga al enemigo exterior.

Milei ha dirigido sus críticas hacia diversos actores considerados como el "enemigo exterior", incluyendo a mandatarios que tildó de socialistas o comunistas (por ejemplo el presidente colombiano Petro, a quien tildó de "comunista asesino"), o hacia el grupo terrorista Hamas, todo sea por lograr desviar la atención de los problemas reales que sufre Argentina.

9) El populismo desprecia el orden legal.

Su discurso inaugural de espaldas al Congreso, su postura de confrontación con las instituciones establecidas y su disposición a gobernar por decreto pueden interpretarse como un menosprecio por las normas democráticas y el estado de derecho.

10) El populismo mina, domina y, en último término, domestica o cancela las instituciones de la democracia liberal.

Los libertarios abominan de los límites a su poder, los consideran contrarios a la "voluntad popular", y que son defendidos solo por "la casta" que intenta "conservar sus privilegios". Quizás por su voluntad de poder perpetua es que el propio Milei dijo: "Si me dan 35 años podríamos ser como EE.UU.".

En Buenos Aires la gente se agolpa frente al ministerio de Capital Humano, clamando por una respuesta ante el hambre que azota a miles de familias argentinas. Es la "fila de la pobreza", que la ministra Pettovello se niega a atender luego de haber prometido recibirlos uno por uno.

Mientras tanto, la mudanza de la embajada argentina de Tel Aviv a Jerusalén, la promoción de un proyecto para derogar la ley de interrupción voluntaria del embarazo, resuenan como bombas de humo que buscan tapar el hecho de que el gobierno no halla su rumbo.

En resumen, el gobierno de Javier Milei se ha convertido en un circo de amenazas vacías y bravuconadas sin sustento. Desde la antigua Grecia hasta el presente siglo XXI, incluyendo el tumultuoso siglo XX, la lección es evidente: la demagogia tiene el impacto ineludible de "destruir la democracia". (www.REALPOLITIK.com.ar) 


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