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17 de febrero de 2024 | Nacionales

Con los ojos en las presidenciales

Guillermo Moreno o el nuevo “entrismo” de derecha en el peronismo

Si bien el “entrismo” fue originalmente una táctica empleada por algunos grupos trotkistas para introducirse en organizaciones populares, para tratar de captar a sus afiliados y militantes hacia posiciones revolucionarias de izquierda, con el paso del tiempo fue convirtiéndose en un recurso adoptado por todo tipo de organizaciones.

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En los años 60 y 70, la Argentina fue escenario de esta ofensiva de la izquierda radicalizada sobre el peronismo. En la actualidad, esa táctica es aplicada por el grupo AEA, y por diversos multimedia -entre ellos, Clarín- para tratar de instalar a sus propios candidatos a la presidencia del PJ. ¿El elegido? Guillermo Moreno.

La relación entre Clarín y el kirchnerismo no es nueva, y ha transitado diferentes etapas. Durante los dos primeros años de gestión de un Néstor Kirchner que llegaba a la presidencia con acotados equipos de gestión y nula musculatura en el área de prensa, el “gran diario argentino” asumió ese rol, hasta que llegó la ruptura con el alejamiento de Roberto Lavagna de la gestión, en 2005. Después se profundizó el conflicto, que terminó estallando con la llegada de Cristina Fernández de Kirchner a la presidencia y el affaire de la resolución 125.

Sin embargo, y tras los fuegos de artificio mutuos, que incluyeron una sentencia que aún no está firme sobre Guillermo Moreno en una causa impulsada por el Grupo Clarín, terminó imperando el interés mutuo entre Héctor Magnetto y el ex secretario de Comercio. A Clarín no le importa la confirmación de la decisión judicial sobre Moreno sino que más bien lo complica, ya que le imposibilitaría volver a ejercer cargos públicos. Con un discurso productivista y medievalista cristiano que atrasa 70 años, Moreno es una de las pocas cartas con las que cuenta el multimedia para alcanzar la presidencia y el control de PJ a nivel nacional, en medio de un vendaval que pone en riesgo los intereses de algunos de los grandes empresarios argentinos en beneficio de sus pares internacionales. El área de comunicaciones es, precisamente, una de las más expuestas, con la relación carnal existente entre el presidente Milei y Elon Musk.  

Moreno es un actor político que estaba prácticamente condenado al retiro, entre el descrédito al que lo había sumido su artística distorsión de los índices de inflación hasta su particular manejo de las relaciones con los empresarios durante su larga estancia en la secretaría de Comercio. Sus aventuras electorales resultaron decepcionantes, al punto de no conseguir superar las líneas de corte de las PASO. Pero, a pesar de ese rechazo del electorado, llamativamente se le fueron abriendo las puertas de diversos consorcios comunicacionales, desde el macrista -y luego mileísta- Alejandro Fantino, hasta C5N, La Maga o el Grupo Gelatina, o su rol protagónico en Canal Extra. De este modo, Daniel Tognetti, Rebord, Pedro Rosemblat o Nancy Pazos pasaron de confrontarlo a convertirse en sus aliados.

Así Moreno pasó de ser una especie de barrabrava que concurría a los medios a confrontar con comunicadores liberales o progresistas a una versión populista de “abuelito peroncho que se las sabe todas”, e intercambia bromas con quienes antes quedaba al borde de las piñas.

Tras su renovada apariencia de “abuelito experimentado” o de “tío piola”, Moreno distorsiona sin pudor la doctrina peronista, suprimiendo la tercera posición para embanderarse inequívocamente con los intereses de los Estados Unidos y la OTAN. Critica sin piedad a China, justifica el rechazo a la incorporación a los BRICS, defiende a las grandes corporaciones nacionales y reitera en cada ocasión que se le presenta las cualidades del “empresario nacional” Héctor Magnetto.  

Podría preguntarse cuál es el interés de sacar del armario a Moreno para instalarlo en los media, tal como se hizo, por ejemplo, con el actual presidente Javier Milei. La respuesta es simple: el panperonismo está estallado, no tiene liderazgos sólidos y la única con cierto reconocimiento es Cristina, quien ha decidido llamarse a silencio y hacer trascender algún comentario aprobatorio sobre el estilo “cristinista y confrontativo” del actual presidente, a cambio de mantener la custodia presidencial y poner en el freezer las diversas causas judiciales que en su momento le promovió el macrismo. En este escenario, naturalmente -y aún sin proponérselo- la principal referencia de la oposición real pasaría a ser la de Axel Kicillof, más por su rol institucional como gobernador bonaerense que por vocación de poder propia, algo que va en contra tanto de la estrategia del establishment como del diseño sucesorio en beneficio de Máximo Kirchner.

Sabido es que la relación entre Máximo y Axel está estallada hace mucho tiempo, y que Guillermo Moreno no pierde oportunidad de disparar contra el gobernador desde que fue despedido del gobierno de Cristina en 2013. El descrédito del “hijo de dos presidentes” es tal que a nadie en su sano juicio se le ocurría proponerlo como presidente del PJ y jefe de la oposición confrontativa. Moreno, en cambio, ofrece muchísimas ventajas: está jaqueado por una sentencia judicial que podría volverse firme en caso de que se retobe, no muestra animosidad contra el presidente Milei, plantea desde siempre la defensa del capital nacional, y está perfectamente instalado en la opinión pública como “garante de la mesa de los argentinos”. Si bien para muchos sigue siendo un barrabrava, para los principales empresarios nacionales y de empresas extranjeras que operan en el país, es la garantía de que sus intereses no se verán afectados. (www.REALPOLITIK.com.ar)


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