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25 de marzo de 2024 | Nacionales

UCR

Luis Petri, al borde de la expulsión partidaria

El ex diputado nacional por Mendoza y actual ministro de Defensa, Luis Petri, logró algo que ningún otro correligionario ha logrado en los últimos años y es que volvió a alterar los nervios de hombres y mujeres de Alem, a tal nivel, que se prepara y moldea un pedido de expulsión de su afiliación partidaria.

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Esto no ocurría desde que Julio Cobos había sido practicamente deportado más allá de las fronteras radicales, por su aventura de apoyar al kirchnerismo en el 2007, integrando la fórmula como vicepresidente y asegurando el triunfo de Cristina Fernández en las presidenciales de ese año.

Por aquellos tiempos, la configuración de los radicales “K” se había munido de una fortaleza inusitada porque se habían pasado en bloque varios mandatarios provinciales como es el caso del actual gobernador de Santiago del Estero, Gerardo Zamora y su por entonces colega de Río Negro,  el recordado Miguel Saiz.

Lo de Petri es en algunos aspectos similar a lo de los radicales K, pero abona terreno muy distinto en cuanto a las verdaderos argumentaciones para requerirle que continúe su recorrido por otros horizontes.

En este caso, la bronca se alimentó tal cual un proceso de alud en el cual el actual ministro no dejó de amasar una gran bola de nieve con distintas cuestiones: Primero su aceptación del cargo de funcionario en un gobierno al cual no pertenece políticamente, luego su ansiosa invitación a radicales de distintos puntos del país para sumarse al movimiento de La Libertad Avanza y apoyar incondicionalmente las propuestas de Javier Milei, incluyendo el combo sorpresivo del DNU y una ley Ómnibus.

En este sentido, si algo le queda a un partido cuyos militantes en promedio superan los 40 años es la sensibilidad histórica y el amor por sus símbolos y manifestaciones doctrinarias, algunas propias de una ortodoxia que aman aún a pesar del paso del tiempo.

Por eso, el apoyo a un presidente que se burla de un partido centenario y juega a mansillar imágenes de dirigentes históricos como Raúl Alfonsín, constituyen datos no menores como para iniciar un proceso de expulsión.

Por tal motivo, en sectores ortodoxos porteños y bonaerenses enhebran hilos para el bordado final de una misiva dirigida al titular del Comité Nacional Martín Lousteau y a través de varios pedidos en comités regionales.

La fundamentación principal del pedido de expulsión pasará por la inconducta partidaria prevista en la carta orgánica. La solicitud pasará por las evaluaciones del Comité Nacional, donde Petri tiene algunos amigos como los aliados de los gobernadores de Mendoza y Corrientes, pero donde también hay muchos dirigentes permeables a la pertinencia de tal solicitud como es el propio Lousteau.

En una segunda etapa, el asunto pasará a la Convención Nacional, que preside Gastón Manes, donde podría o no darse un proceso interno en el cual el propio Petri haga su descargo, si es que éste realmente quiere destinar tiempo a esos menesteres. 

La inconducta que se configura por apoyar a un gobierno de filosofía y doctrinas ubicadas en las antípodas del radicalismo debiera ser al menos atendible y pasible de ser admitida para su estudio en los cuerpos disciplinarios partidarios.

No obstante, y por si todo esto fuera poco, la gota que rebosó la copa fue su última intervención pública para sostener, junto a su colega de gabinete Patricia Bullrich, la posibilidad de que las Fuerzas Armadas intervengan en seguridad interior, utilizando como excusa el combate al narcotráfico en Rosario.

Por las incumbencias de su cargo, fue Petri quien dio la cara como radical en una rueda de prensa para remarcar la necesidad de que las Fuerzas Armadas realicen tareas de patrullajes, requisas de vehículos, identificación y demás actividades contrastivas y limitativas de los Derechos Humanos básicos. 

Algo que sólo se vio hace más de cuarenta años en plena dictadura militar. Con esto, en los hechos, no habría diferenciación de la vigencia plena usufructo de los derechos humanos respecto de un estado de sitio.

Lo cierto es que de abajo hacia arriba del centenario partido se observan reflejos de preservar ejes doctrinarios  e ideas fuerzas que le dieron identidad y donde, por el momento, no estaría ingresando el mendocino Luis Petri.

UN MENSAJE DE ADVERTENCIA

La incipiente solicitud de expulsión de Petri estará en marcha en los próximos días y se supone que provocará un enorme revuelo en las filas del centenario partido y configura también un mensaje acerca de un cambio de actitud respecto de quienes decidieron desertar de la lucha que propone la organización política alguna vez conducida por Hipólito Yrigoyen, Ricardo Balbín y Raúl Alfonsín.

Es también un mensaje que propone una situación irreversible para quienes se fueron por motivaciones de cargos públicos como por ejemplo Ricardo Alfonsín, Leopoldo Moreau y varios más.  

Hasta ahora, y por otros contextos, uno de los pocos que volvió por la puerta grande fue Julio Cleto Cobos, pero por aquél entonces había rearmado una imagen opositora al kirchnerismo con la votación “no positiva” de la resolución 125 que aumentaba las retenciones y que, curiosamente, orquestó e ideó el actual titular partidario Martín Lousteau.

En tanto, el actual senador nacional por provincia de Buenos Aires, Maximiliano Abad, mira con mucho temor estos reclamos de diferentes sectores internos y bases militantes. No es para menos, porque él mismo es producto de una alianza con Patricia Bullrich, pero alguien que también viene apoyando en trazos gruesos la política y la gestión del presidente Javier Milei.

Al igual que el presidente de la bancada de Diputados, Rodrigo De Loredo, Abad piensa en otorgar las herramientas para apoyar a un gobierno que recién empieza, incluyendo dar luz verde a atribuciones de las Fuerzas Armadas que parecían históricamente enterradas tras la consolidación de una etapa democrática inédita en el país.

Allí habrá que ver si los procesos de recriminación y apartamiento continúan o si, por cuestiones políticas, los mecanismos de control y de disciplina partidarios se mantienen pasivos y lo de Petri pasa a ser tan sólo una simple anécdota. (www.REALPOLITIK.com.ar) 


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