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28 de abril de 2024 | Nacionales

Atrincherado en el Senado

En la UCR bonaerense, se esmerila el poder de Maxi Abad

En el radicalismo en su conjunto se vive todo un proceso de transición y de ebullición en un contexto de fuerte puja de la oposición contra un oficialismo que decidió insistir en el “shock” como modalidad permanente para sus medidas económicas y políticas en general.

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Mientras cada sector partidario hace sus deberes para demostrar algo de protagonismo a afiliados, simpatizantes y referentes, en el comité provincia, comandado por el senador nacional, Maximiliano Abad, se escuchan pocas voces disonantes o se observan pocas acciones de fuerte tono opositor desde la conducción. Las pocas que hay reservaron su exclusividad en dirección a la gestión del gobernador Axel Kicillof.

Si bien Abad timonea una representación provincial, también es sabido que en los últimos tiempos y cuando se sufren impactos contra la calidad de vida de la gente -con mucha clase media que históricamente respondió a la UCR- los cañones no discriminan. A la hora de marcar la cancha, se protesta o se pone freno a toda política considerada perjudicial en sus efectos hacia el bolsillo. El caso Abad viene siendo muy comentado en distintos ámbitos partidarios y máxime en un proceso de renovación de autoridades del comité provincia.

Por carta orgánica, Abad ya no puede renovar su cargo debido a que agotó sus dos períodos consecutivos al frente del órgano cuya sede queda a menos de 100 metros de la Legislatura bonaerense. En el último mandato hasta tuvo el apoyo de una lista única, producto de la negociación con su otrora rival y ex intendente de San Isidro, Gustavo Posse. Ahora, es conocido que si hubiera existido una gestión altamente positiva y de fecundos beneficios para el radicalismo en general, Abad no tendría inconvenientes en colocar en el sillón de sucesión a un delfín. No obstante, por lo que se viene demostrando, estaría ocurriendo lo contrario.

Desde la conjunción o confluencia denominada “Adelante Buenos Aires” ya le anticiparon a Abad que se hiciera a un lado y que si insistía en acercarse a las negociaciones habría mucho ruido, sobre todo con su lugarteniente en el bloque de Diputados, Diego Garciarena. Este, ya sufrió su primera humillante derrota cuando nada pudo hacer para evitar el cisma que provocó un ex protegido de Abad, como es el diputado provincial, Claudio Frangul, quien armó bloque aparte con el apoyo del diputado nacional Facundo Manes y del GEN de Margarita Stolbizer.

En consecuencia, desde “Adelante Buenos Aires”, un frente de lineas que realmente no se sabe si incluye al abadismo, ya calentaron motores hace rato en favor del ex intendente de Trenque Lauquen y ex candidato a vicegobernador, Miguel Fernández.

Por las dudas, se negocian posiciones de poder -llámese lugares en lista de la mesa directiva del comité provincia- con otro Fernández, como es Carlos, el ex diputado nacional y miembro del directorio del Grupo BAPRO.

En consecuencia, señalan desde varios sectores internos, Abad administra las ruinas del poder que detentó y que tuvo su cenit cuando negoció para el mismo su propia candidatura a senador nacional en un combo que incluyó lugares seguros en listas provinciales de legisladores.

A esto le agregan muchos referentes que su abstención en ocasión de tratarse la validez del DNU 70/23 en el Senado de la Nación profundizó su declive y generó cosecha gruesa de quienes lo critican por volcarse excesivamente a la derecha por su maridazgo con el Pro y quienes le facturan no haber aportado un freno más a una medida del oficialismo que privatiza organismos, elimina derechos básicos laborales y en educación.

Como si esto fuera poco, casi nada se habla de una proyección ventajosa de su mujer y titular del Concejo deliberante de Mar del Plata, Marina Sánchez Herrero, hacia un encumbrado sillón judicial bonaerense. Y ante tal desfavorable presente, con tantas malas noticias, Abad sólo se regodea con evitar mayores filtraciones de poder propio y mantener una acción de oro, aunque disminuida, con su mandato de cinco años en una banca nacional. (www.REALPOLITIK.com.ar)


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