"Lo que me motivó a involucrarme en el trabajo territorial y luego en la política fue la necesidad de demostrar lo contrario a lo que habitualmente muestran los medios. Cuando se habla de un barrio o de una villa, muchos proponen ideas delirantes como exterminar o expulsar, y meten a todos en la misma bolsa", inició Luis Guisbert. “Viví discriminación desde la primaria, bullying, obstáculos al intentar entrar a una universidad privada. Después de haber tenido oportunidades, sentí la responsabilidad de mostrar que en nuestros barrios hay ejemplos positivos, jóvenes que estudian, trabajan y se esfuerzan”.
Al ser consultado sobre los principales obstáculos que enfrentan hoy los chicos de los barrios populares, señaló: “Influye la infraestructura, el hacinamiento, la falta de acompañamiento familiar en muchos casos. También la falta de oportunidades educativas. Entrar a una escuela o universidad privada es difícil, y la universidad pública muchas veces está atravesada por paros y situaciones que complican. Además, hay una brecha tecnológica enorme. Todo avanza rápido, la inteligencia artificial, el acceso a herramientas nuevas, y muchos pibes no pueden llegar a esos conocimientos porque su prioridad es llegar a fin de mes”.
Guisbert remarcó que esa desigualdad no puede resolverse sin una acción conjunta: “El estado, el sector privado y el tercer sector tienen que trabajar unidos. Si no hay articulación, no hay integración real”.
El referente de SocialBA repasó también el nacimiento de la organización, fundada en 2017-2018 después de un viaje a un congreso de juventud en Singapur. Ese viaje lo llevó a replantear su propio vínculo con el barrio: “Mi idea era irme, alejarme de todo lo negativo, pero después hice un trabajo interno. Empecé con un festejo del Día del Niño que fuera realmente para los chicos, no para los punteros. Ahí empezó todo, como un hobby, y cumplimos casi diez años con tres ejes: lo educativo, lo cultural y lo social”.
La asociación trabaja con emprendedores, otras ONG y empresas privadas. “Articulamos, por ejemplo, el aterrizaje del Banco Santander en la 31. Creo profundamente en unir mundos: sector privado, público y sociedad civil. Es la manera de lograr una urbanización más inteligente y una integración real”, explicó.
Consultado sobre qué política priorizaría si tuviera mayor injerencia en la agenda pública, Guisbert fue categórico: “Educación y formación. Estamos ante una nueva revolución industrial y necesitamos que los jóvenes accedan a esos conocimientos. La educación es lo que te permite ser libre, tener pensamiento propio y no depender de nadie”.
Finalmente, se refirió al cruce con Ramiro Marra: “Creo que lo suyo es un poco desconocimiento y un poco estrategia política. Usa mensajes disruptivos para captar atención, pero termina dejando un discurso de odio que mete a todos en la misma bolsa. No distingue a la gente laburante, a los pibes que estudian, a los que se rompen el lomo todos los días. Sus propuestas son destructivas, no construyen. Ya vivimos décadas de políticos que usan a los pobres. No podemos permitir que aparezca un nuevo mensaje que diga ‘odiemos a la gente de las villas’ sin aportar soluciones reales”.
Sobre la mirada polarizada alrededor de los barrios populares, concluyó: “Coincido en que hay dos extremos: quienes idealizan y quienes demonizan. Y ninguno está atacando los problemas estructurales. Hay que conocer el territorio para construir soluciones que unan, no que dividan. La sociedad está cansada de la grieta y de las injusticias. Yo voy a seguir trabajando para mostrar que en los barrios hay gente buena, ejemplos reales, y que el problema no es la gente sino la ausencia de políticas coherentes y de articulación entre los sectores”. (www.REALPOLITIK.com.ar)