En los primeros meses de 1984, mientras la Argentina comenzaba a transitar la salida institucional tras siete años de dictadura, Mario Firmenich, jefe máximo de Montoneros, concedió una extensa entrevista a la revista Gente desde su lugar de detención en Brasil. El reportaje, de casi quince páginas, fue publicado cuando la discusión sobre responsabilidades, justicia y violencia política todavía estaba abierta y lejos de cristalizar en un relato dominante.
Leída hoy, la nota no necesita reinterpretaciones forzadas. El interés central está en cómo Firmenich se explica a sí mismo, qué justifica, qué relativiza y qué directamente niega.
Una de las primeras definiciones fuertes aparece cuando el periodista le pregunta si, con el paso del tiempo, revisa su accionar. Firmenich responde sin rodeos: “No estoy arrepentido de nada”.
La frase no aparece aislada. A lo largo de la entrevista, cada vez que se lo invita a revisar el costo humano de la lucha armada, el exjefe montonero vuelve a una idea recurrente: los errores existieron, pero fueron políticos u organizativos, nunca morales. “Se cometieron errores, como no haber cerrado locales a tiempo o no haber evaluado correctamente determinadas situaciones”.
La violencia, en ese marco, queda fuera de discusión.
Cuando la conversación avanza hacia la responsabilidad personal y la cadena de mandos, Firmenich se corre del centro del escenario. Consultado por su rol como conductor de la organización, afirma: “No siento ninguna responsabilidad personal por lo que ocurrió”. Y agrega, en el mismo tramo: “Las responsabilidades no pueden analizarse de manera individual, sino como parte de un proceso histórico”.
La formulación desplaza la discusión desde las decisiones concretas hacia una abstracción política que borra nombres, órdenes y consecuencias. El reportaje se publica en plena transición democrática, con un gobierno constitucional en funciones. Sin embargo, Firmenich deja en claro que ese cambio institucional no modifica sus objetivos estratégicos: “Nuestra lucha no se detendrá”.
En otro pasaje, insiste en que la violencia no fue una elección circunstancial sino una necesidad histórica: “La lucha armada era inevitable en las condiciones que vivía el país”.
La afirmación convive con un contexto completamente distinto al de los años previos: elecciones libres, Congreso en funciones y reapertura del sistema judicial.
Hay tramos de la entrevista en los que el periodista intenta avanzar sobre cuestiones más concretas: secuestros, cárceles clandestinas, ejecuciones internas. En esos casos, Firmenich evita profundizar o corta la respuesta. “De esas cosas prefiero no hablar”.
La negativa queda registrada en la nota, sin edición ni explicación adicional, como parte del intercambio periodístico.
La entrevista incluye también la voz de la esposa y de los padres de Firmenich, María Elpidia Martínez Agüero, quien años atrás había sido detenida tras el atentado de Montoneros al comedor policial de 1976, dio a luz a un hijo en la cárcel de Villa Devoto y, ya en democracia, cobró una indemnización de 128 mil dólares y accedió a una pensión mensual graciable como expresa política.

Ella afirma no arrepentirse del camino elegido y relata cómo explica a sus hijos la ausencia del padre: “Cuando su papá no está en casa es porque está preso”.
Los padres, por su parte, se limitan a destacar el vínculo afectivo y evitan pronunciarse sobre los hechos políticos y judiciales que rodean a su hijo.
Publicada en 1984, la entrevista funciona hoy como un documento clave para entender cómo uno de los principales dirigentes de la guerrilla setentista se posicionaba frente a la democracia recuperada y frente a su propia historia.
No hay revisiones posteriores ni justificaciones retrospectivas. Hay frases dichas en tiempo real, registradas en papel, cuando todavía no existía un consenso social sobre cómo narrar ese pasado reciente.
El peso de la nota está en esas palabras, en su reiteración y en sus silencios. No necesitan interpretación adicional: están ahí, impresas, y dicen exactamente lo que dicen. (www.REALPOLITIK.com.ar)