Con la llegada de Donald Trump a su segundo mandato en los Estados Unidos el escenario cambió. No para pacificarse, por cierto, sino porque el derecho internacional, que a veces se aplicaba y otras era la matriz sobre la cual debían justificarse las acciones agresivas, parece haber quedado totalmente herrumbado.
En efecto, ya el presidente norteamericano no precisa argumentar sobre supuestas violaciones de los derechos humanos en Venezuela, por ejemplo, para justificar su intervención sobre la soberanía de ese país, sino simplemente aludir a los beneficios que el petróleo venezolano aportará a los Estados Unidos, o cómo las petroleras yanquis se llevarán la parte del león de su explotación.
No es nada nuevo en la historia de la humanidad, ya que la supremacía del más fuerte es una ley natural a la que los seres humanos no escapamos. Lo novedoso es que ya no haga falta recurrir a artilugios ni a argumentaciones hipócritas, tal como exigían las reglas de juego fijadas a la finalización de la segunda guerra mundial.
Así como Trump decidió capturar o destruir bienes del estado venezolano argumentando su relación con el narcotráfico o llevar a cabo un operativo relámpago para atrapar y secuestrar al presidente Maduro, volvió también a insistir con otro de sus objetivos estratégicos: apoderarse de Groenlandia.
Pero, a diferencia de un presidente desprestigiado y cada vez más aislado a nivel internacional, aquí se encontró con la determinación de Dinamarca para oponerse a su grandilocuente pretensión. Las autoridades danesas no dudaron en solicitar la colaboración de sus aliados europeos para fortalecer la presencia de la OTAN, y así fue que Suecia, Gran Bretaña, Noreuga, Francia y Alemania confirmaron el envío de tropas para reforzar la seguridad de la zona. De este modo, la Isla que desvela a Trump pasó a experimentar un refuerzo militar sin precedentes, que traduce a la perfección la drástica suba de temperatura del termómetro geopolítico mundial.
La estrategia de oposición a las pretensiones norteamericanas se articula en torno al ejercicio militar danés denominado Operación Resistencia Ártica, al que se agregan varios módulos de parte de sus aliados europeos de la OTAN. Así, el primer ministro sueco, Ulf Kristersson, anunció el arribo de tropas suecas a Groenlandia, que se complementará con el de otros contingentes internacionales para coordinar acciones a partir de la solicitud de Dinamarca.
El ministro de Defensa británico, John Healey, también publicitó la incorporación de un militar británico a un grupo de reconocimiento dentro de la misma iniciativa, aunque trató de maquillar la decisión argumentando que se trata de un interés compartido con la administración de Donald Trump para fortalecer la seguridad y disuadir posibles acciones de Rusia o China en el Ártico.
El ministro de Defensa noruego, Tore Sandvik, anunció también el envío de personal militar para con fortalecer la seguridad en el Ártico y propiciar la cooperación entre aliados, en tanto el ministerio de Defensa de Alemania reconoció el envío de un equipo de reconocimiento de trece efectivos en la capital groenlandesa, Nuuk, con el fin de evaluar las condiciones para futuras contribuciones militares en apoyo a Dinamarca, como vigilancia marítima y otras capacidades. También Francia participa de la iniciativa, a través del envío de un pequeño contingente militar.
De este modo, la respuesta de Dinamarca y sus aliados europeos de la OTAN a las amenazas de anexión formuladas por Donald Trump han enrarecido aún más el clima político internacional. El gobierno danés emitió una declaración conjunta con el ministerio de Exteriores de Groenlandia, en el que se anunció un amplio despliegue militar en la isla –que incluye aeronaves, buques y soldados europeos de la OTAN- para invalidar el cumplimiento del objetivo norteamericano.
La coordinación de acciones defensivas de los aliados europeos de la OTAN se inició en 2025, cuando Trump anticipó sus planes de anexión, por lo que la actual debe considerarse como una nueva etapa de cooperación y de desarrollo de ejercicios conjuntos y ocupación efectiva del territorio de Groenlandia que se profundizará de aquí en adelante.
La movilización de fuerzas europeas se coordinó estratégicamente con la visita de una delegación danesa a los EE.UU., donde se reunió con el vicepresidente estadounidense J.D. Vance y el secretario de estado, Marco Rubio. La señal de los europeos fue clara, pero resta saber si modificará un ápice siquiera la determinación de Trump en tiempos en que el derecho internacional parece haber sido arrasado por el poder real. (www.REALPOLITIK.com.ar)