Esta vez no recurrió a una invasión quirúrgica sobre un país soberano para secuestrar a su presidente, sino a redoblar su apuesta para apoderarse de Groenladia, presionando sobre los intereses económicos de ocho países europeos que enviaron, días atrás, tropas al territorio ambicionado por los Estados Unidos. El diálogo entre las partes fracasó, por lo que Trump recurrió a su otra herramienta más preciada: el establecimiento de nuevos aranceles del 10 por ciento sobre los países que resisten su iniciativa, que se aplicarán a partir del 1 de febrero y se irán incrementando hasta alcanzar el 25 por ciento en junio.
Se trata de una medida de presión para tratar de conseguir torcerles el brazo a quienes resisten la política de Trump "para la compra total y plena de Groenlandia" por parte de los Estados Unidos, por lo que gravará las importaciones de Dinamarca, Noruega, Suecia, Francia, Alemania, el Reino Unido, Países Bajos y Finlandia. La decisión de estos países, algunos de los cuales componen la cúpula de la OTAN, de resistir el proyecto expansionista norteamericano, y la respuesta de Trump subiendo la apuesta, amenazan con hacer estallar el esquema geopolítico que, con sus idas y vueltas, se instaló a partir de la finalización de la segunda guerra mundial.
En tono ofendido, Trump puntualizó que está dispuesto a "negociar de inmediato" con esos países, destacando que están "poniendo en riesgo" todo lo que "Washington ha hecho por ellos".
Desde el Consejo Europeo adelantan que se está coordinando una "respuesta conjunta" de los 27 países del viejo continente frente a la fijación de nuevos aranceles: "Lo que podemos decir es que la UE será siempre muy firme en la defensa del derecho internacional, sea donde sea, y, por supuesto, empezando por el territorio de los estados miembros de la UE".
La confrontación no es sólo económica, política o geopolítica, sino que pone en cuestión los fundamentos que rigen el ordenamiento mundial desde hace ochenta años. Para los europeos, el derecho internacional establecido entonces ha resultado clave para la reconstrucción europea en la segunda posguerra y su repotenciación a escala universal a partir de entonces, ya que no están en condiciones de confrontar militarmente con los Estados Unidos, por lo que habitualmente oficiaron como sus aliados. Pero la decisión de Trump de arrasar con el derecho internacional para convertir a las relaciones entre los países en meros confrontamientos a partir de sus infraestructuras, riquezas, capacidad militar, etcétera, es de enorme gravedad, ya que amenaza con hacer saltar por los aires la alianza estratégica de Occidente.
Apelando a razones de seguridad estratégica ante eventuales acciones de Rusia o China, Trump quiere apoderarse de las denominadas “tierras raras” y de los recursos naturales groenlandeses, lo que alarma a todo el continente europeo, no sólo por el saqueo planificado sino también por la pérdida absoluta del papel de privilegio que sus naciones líderes habían desempeñado en la estrategia imperial global y que ahora se ha cancelado de parte de los Estados Unidos.
Lejos de amedrentarse, Dinamarca respondió anticipando un incremento inmediato de su presencia militar en la isla y la realización de distinto tipio de maniobras y operaciones militares. Como contrapartida, el gobierno de los Estados Unidos trató de ningunear su capacidad bélica, asegurando que estos movimientos no afectan "en absoluto" al objetivo de apropiarse de Groenlandia.
La población de la isla en cuestión respondió este sábado movilizándose masivamente en Nuuk, la capital de Groenlandia, repudiando los “intentos del presidente de Estados Unidos de adquirir el territorio, o anexionarlo a la fuerza”. Se trata de la protesta más masiva que ha registrado en su historia y que contó con la presencia de su primer ministro, Jens Frederik Nielsen.
En medio del conflicto, los países afectados evalúan restablecer las relaciones con Rusia, para oponerse a la ambición del gigante americano. Por ahora se trata sólo de advertencias y de gestos cruzados, pero la situación no cesa de escalar y su resolución resulta imprevisible y hasta atemorizante. (www.REALPOLITIK.com.ar)