“Hace tiempo que se habla solo de calorías, pero hoy prefiero explicar la obesidad desde la teoría hormonal. No es lo mismo comer calorías de papas fritas o de un alfajor que obtenerlas de proteínas, verduras, minerales y frutas que el cuerpo realmente necesita”, explicó el médico y cirujano Matías Lejarraga al inicio de la entrevista desde el Balneario Poseidón.
Lejarraga describió cómo incluso en los mejores centros turísticos la oferta alimentaria suele ser pobre en calidad: “En el hotel donde estoy, la propuesta de desayuno era medialunas, pan, jamón y queso y una ensalada de frutas enlatadas llena de azúcar. En la playa, lo único que se ofrece son churros, chipá y más harinas. Eso, culturalmente, nos está llevando a enfermarnos y a un grado de obesidad que como médico me preocupa mucho”.
Consultado sobre cómo armar un desayuno saludable, el médico recomendó no pensar solo en quitar, sino en sumar nutrientes: “No se trata de decir ‘no comas una medialuna’, sino de agregarle fibra, proteínas y grasas buenas. Por ejemplo, sumar frutos secos, frutas, semillas de chía o lino. Eso ya cambia completamente el impacto de esa comida en el cuerpo”.
Entre sus opciones ideales para empezar el día, destacó: “Un desayuno puede ser huevos con palta, con un poco de jamón o queso y, si no se necesita bajar de peso, un pan de masa madre integral. Otra alternativa muy buena es yogur griego con frutos secos, arándanos, chía y alguna granola sin azúcar. Los frutos rojos son los que más antioxidantes tienen”.
En cuanto a las comidas principales, Lejarraga propuso una fórmula simple: “El plato debería dividirse en 50 por ciento de verduras de distintos colores, 25 por ciento de proteínas como pollo, carne o pescado, y 25 por ciento de almidón resistente, como papa, batata o arroz que se cocina y se enfría antes de comerlo. Eso mejora la forma en que el cuerpo procesa esos carbohidratos”.
Además, remarcó la importancia de la variedad: “No es lo mismo comer solo lechuga que combinar espinaca, kale, rúcula, zanahoria, tomate y semillas. Yo trato de llegar a diez nutrientes distintos en un plato: ahí sabés que estás comiendo realmente saludable”.
Sobre los “permitidos”, fue claro: “Si vas a comer un alfajor o un postre, es mucho mejor hacerlo después de una comida con verduras y proteínas. Si antes comiste ensalada con vinagre de manzana, ese azúcar va a generar menos pico de glucosa y menos insulina, que es la hormona que hace que la glucosa se convierta en grasa”.
En ese sentido, explicó que el problema no es solo qué se come, sino cuándo y cuánto: “No es lo mismo comer un churro a la mañana, un alfajor a la tarde y helado a la noche que elegir uno o dos días para disfrutar algo dulce. La cantidad y la frecuencia son claves”.
Lejarraga también cuestionó el modelo de cinco comidas diarias: “Yo recomiendo dos o tres comidas al día. La mayoría hace cinco, y ahí se multiplican los excesos. Si hacés menos comidas, también podés elegir mejor calidad: en vez de cinco helados por semana, uno solo, pero bueno”.
Más allá de la estética, el médico advirtió sobre los riesgos reales: “No me preocupa la grasita que se ve, sino la que está dentro del abdomen y de las arterias. Eso es lo que lleva a infartos, a no poder levantarse de una silla o a no poder correr a un nieto. Nuestra alimentación puede darnos diez o quince años más de vida, o quitárnoslos”.
Finalmente, dejó un mensaje de concientización: “No se trata de prohibir pastas o pizza, sino de tener una estrategia. Si vas a comer harina, primero comé verdes con vinagre de manzana para que no impacte tanto. Son pequeños cambios los que hacen una enorme diferencia. La salud es una decisión cotidiana”. (www.REALPOLITIK.com.ar)