Norberto Cafiel explicó desde los estudios ubicados en el Balneario Poseidón que su tarea no es improvisada, sino el resultado de años de trabajo junto a estudiantes y técnicos formados en energías renovables: “Soy docente de escuela pública y tenemos formación en energías renovables y en la parte eléctrica. Los chicos se van especializando y vamos armando equipos de trabajo para atender emergencias, pero también para generar bienestar en los hogares y reducir el consumo de energía eléctrica”. En ese sentido, destacó que Necochea tendrá el primer centro regional de energías renovables de la provincia de Buenos Aires, lo que consolida una experiencia que ya viene desarrollándose desde hace tiempo.
Actualmente, Cafiel se encuentra en la Patagonia asistiendo a comunidades golpeadas por los incendios que comenzaron en Puerto Patriada y, empujados por el viento, alcanzaron zonas sensibles de Epuyén. “Me parece una utopía tener equipos y conocimientos guardados en casa para charlas de café y no ponerlos en uso donde realmente se necesitan”, afirmó, al explicar por qué decidió viajar, como ya lo hizo en otras tragedias similares en El Bolsón, Lago Puelo y los Esteros del Iberá.
Su trabajo se centra en garantizar algo clave para la supervivencia y la organización comunitaria: la energía. “Después del incendio viene la reconstrucción, y sin energía no hay conectividad. Un pequeño foco que se reaviva no se puede informar si están aislados”, explicó. En zonas como Coihue o en el kilómetro 6 de Epuyén, Cafiel y su equipo proveyeron paneles solares y sistemas eléctricos para que vecinos autoconvocados puedan “prender una heladera, cargar teléfonos, linternas y luces de emergencia”, en un contexto donde las redes eléctricas y de comunicaciones quedaron completamente destruidas.
El panorama que describe es desolador. “Desde arriba del cerro ves tres o cuatro veces el Parque Miguel Lillo todo quemado, absolutamente todo. El olor a madera caliente, a tierra caliente, a animales, la pérdida es tremenda”, relató. Aunque el daño material fue menor en comparación con la devastación natural, señaló que “no quedó un cable en el aire, se derritió todo: la electricidad, la fibra óptica, todo colapsado”.
Además, Cafiel se refirió a lo que escuchó de los propios habitantes de la zona: “Yo no puedo opinar porque no vivo acá, pero lo que dicen las personas es que fue intencional. Se despasta una gran zona, tarda mucho en volver a crecer la vegetación y hay gente que se va; después esas tierras las compran empresas privadas”. Para él, más allá de las causas, el impacto ambiental y social es irreparable en el corto plazo.
En un contexto donde la comunicación es vital, también destacó el uso de antenas portátiles para mantener conectados a los pobladores y brigadistas: “Es la única vía de comunicación que hay en muchos lugares. La gente se comunica por estas antenas cuando no queda nada más”.
Finalmente, explicó que el trabajo solidario se sostiene con enormes esfuerzos económicos: combustible, equipos, cables y logística. “Yo no puedo bancarlo solo”, admitió, y detalló que en esta oportunidad contó con un presupuesto ajustado para poder desplegar la ayuda, mientras su equipo de jóvenes continúa en Necochea realizando tareas educativas y de difusión sobre energías solares.
Con humildad y convicción, Cafiel cerró destacando el valor del trabajo colectivo: “Si no hay un equipo, es imposible que salga una comunicación o que alguien haga algo. Esto es así en todos lados”. (www.REALPOLITIK.com.ar)