“Este acuerdo con la Comunidad Económica Europea tiene más de 25 años de tratativas y recién ahora se firmó una carta de intención. Pero llega en un momento en el que el mundo es muy distinto al de aquel entonces”, explicó Sergio Waldman, al señalar que el multilateralismo y el bilateralismo han perdido peso frente al avance de las grandes corporaciones y las cadenas globales de valor.
En ese marco, sostuvo que Europa atraviesa una crisis geopolítica y económica profunda, atravesada por el conflicto entre Rusia y Ucrania y por la pérdida de influencia frente a potencias como Estados Unidos y China. “Europa está viviendo una crisis existencial y eso también condiciona este tipo de acuerdos”, remarcó.
Sin embargo, Waldman hizo foco en la situación interna de la Argentina. “La pregunta clave es si vamos a cambiar únicamente de países a los que le vendemos lo que ya producimos o si realmente se van a dar las condiciones para producir más”, planteó. Y fue categórico: “El comercio exterior argentino es muy pobre porque la Argentina produce poco”.
En ese sentido, explicó que el producto bruto argentino ronda los 600 mil millones de dólares, muy lejos de las principales economías del mundo, y advirtió que, aun con un mercado ampliado como el que propone el acuerdo Mercosur – Unión Europea, sin reformas de fondo no habrá un verdadero desarrollo.
“Para que la Argentina pueda aprovechar estos mercados hay que eliminar impuestos, eliminar derechos de exportación, reducir cargas nacionales, provinciales y municipales, y mejorar la infraestructura: caminos rurales, conectividad, electricidad barata y acceso al financiamiento”, enumeró. “Hay que dejar que los particulares, que son los que producen riqueza, puedan producirla”, agregó.
Waldman también subrayó la importancia de la seguridad jurídica y la estabilidad política. “Si no hay reglas claras, es muy difícil que alguien invierta a riesgo en producción. La Argentina cambia de rumbo cada dos años y eso impide cualquier planificación de largo plazo”, lamentó.
Pese a ese diagnóstico crítico, el titular del Centro Argentino de Ingenieros Agrónomos reconoció algunos signos positivos en el comienzo del año. “Hubo una relativa tranquilidad social que no se veía en otros fines de año. Eso muestra un cambio de mentalidad y da cierta esperanza”, afirmó.
Finalmente, al referirse al debate sobre la reforma laboral, sostuvo que debe apuntar a darle previsibilidad al sistema. “Los juicios laborales deben tener reglas claras y montos previsibles para no poner en riesgo la continuidad de las empresas. También hay que pensar cómo incorporar a los nuevos trabajadores al sistema formal, porque el crecimiento del trabajo en negro pone en jaque al sistema jubilatorio”, concluyó. (www.REALPOLITIK.com.ar)