Lunes 26 de enero de 2026

Nacionales

En el CPF de Marcos Paz

El derrumbe de un puesto de guardia expone el deterioro crítico del Servicio Penitenciario Federal

26/01/26 | El colapso de una torre de control en el Complejo Penitenciario Federal II de Marcos Paz, que no dejó víctimas de milagro, volvió a poner en primer plano las condiciones edilicias y laborales en las que presta servicio el personal penitenciario. Denuncias internas hablan de abandono estructural, demoras en la asistencia y una cadena de responsabilidades que apunta a la conducción del SPF y al ministerio de Seguridad.


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Un grave episodio ocurrido en las últimas horas dentro del Complejo Penitenciario Federal (CPF) II de Marcos Paz, una de las unidades de máxima seguridad del país, encendió todas las alarmas puertas adentro del Servicio Penitenciario Federal (SPF). Parte del piso de una torre de control elevada colapsó, provocando el derrumbe de la estructura desde una altura considerable. No hubo víctimas fatales ni heridos de gravedad, pero, según relataron los propios trabajadores a REALPOLITIK, fue pura casualidad.

El hecho ocurrió el día de ayer y dejó al descubierto una situación que no constituye un episodio aislado, sino la consecuencia de un deterioro edilicio sostenido y reiteradamente advertido por el personal.


Complejo Penitenciario Federal (CPF) II de Marcos Paz.

Estructuras precarias y advertencias ignoradas

Según las fuentes consultadas, los puestos elevados del CPF II están construidos mayoritariamente en chapa, con pisos corroídos y bases deterioradas por el paso del tiempo, la falta de mantenimiento y la exposición permanente a la intemperie. Las falencias habrían sido asentadas en libros de guardia y reportes internos, sin que se adoptaran medidas preventivas concretas.

“El puesto estaba marcado como peligroso hace tiempo”, coinciden distintos testimonios, que apuntan a una desidia estructural por parte de las autoridades encargadas de garantizar condiciones mínimas de seguridad para el personal.


La negligencia no generó víctimas mortales de casualidad.

Demoras críticas en la asistencia

Otro dato que agrava el cuadro es la respuesta tardía ante la emergencia. Según los relatos internos, tras el derrumbe la asistencia demoró más de 25 minutos en llegar, inicialmente a través de una motocicleta, y más de una hora hasta que se dispuso un móvil con asistencia médica.

La ausencia de protocolos ágiles frente a un accidente de esta magnitud vuelve a exponer fallas graves en los mecanismos de respuesta, en un contexto donde la prevención debería ser prioritaria.


La mano del trabajador accidentado.

Un panorama general de abandono

El derrumbe del puesto de control se inscribe en un escenario más amplio de condiciones laborales denunciadas como precarias e inhumanas por los suboficiales y agentes de guardia externa. Entre las irregularidades señaladas se mencionan:

- Ventanas rotas y pisos destruidos.

- Cables de alta tensión expuestos, que entran en corto con la lluvia y la humedad.

- Chapas y caños sostenidos con precintos o alambres.

- Falta de agua potable, sanitarios adecuados y sistemas de calefacción o refrigeración.

- Caminos internos sin mantenimiento, con pastizales altos y presencia de roedores, serpientes y otros animales.

A esto se suma el abuso de recargos, la sobrecarga horaria y el deterioro progresivo de la calidad de vida laboral de quienes cumplen funciones en uno de los complejos más sensibles del sistema penitenciario federal.


Las imágenes exponen un deterioro notable de las instalaciones.

Responsabilidades políticas bajo la lupa

El SPF se encuentra actualmente bajo la órbita del ministerio de Seguridad de la Nación, hoy bajo el poder de Alejandra Monteoliva, luego de haber sido transferido desde el ministerio de Justicia. Su conducción está a cargo del director nacional, Fernando Julián Martínez, quien asumió en marzo de 2024 con un discurso centrado en la modernización, la profesionalización y la lucha contra el crimen organizado.

Mientras tanto, los trabajadores advierten que las condiciones críticas se concentran en áreas operativas, lejos de los despachos climatizados y los escritorios jerárquicos.

“El problema no es solo el derrumbe, es que tuvo que pasar esto para que alguien mire”, resume una de las fuentes. El temor compartido es que el próximo episodio no termine sin víctimas, y que las respuestas lleguen recién después de una tragedia.

El colapso del puesto de control en Marcos Paz no solo expone el estado edilicio del SPF, sino también una deuda estructural con quienes garantizan la seguridad en condiciones cada vez más adversas. La pregunta que sobrevuela es hasta cuándo. Porque, como advierten desde adentro, el abandono también es una forma de riesgo institucional. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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