El gobierno de Javier Milei siempre ha tenido mayores dificultades para afrontar su interna que para deshacerse de una oposición caduca, obsoleta y atomizada, que ha perdido su empatía por la sociedad y sólo parece preocupada en conservar las cajas y posiciones institucionales que aún conserva, a costa de incrementar su propio fuego interno.
Pero el internismo del gobierno ha sido su mal congénito y, si bien ha conseguido cumplir con varios objetivos de su programa, en general lo ha hecho en medio de tumultos, desprolijidades y una constante sensación de precariedad.
Si bien los participantes de la interna general de La Libertad Avanza se han incrementado y modificado con el paso del tiempo, el conflicto neurálgico sigue siendo el mismo de siempre: la tensión dentro de lo que en su momento se denominó como el “triángulo de hierro”, compuesto por Javier y Karina Milei y Santiago Caputo.
Si bien desde hace muchos meses los operadores mediáticos y los principales referentes del “karinismo” han insistido en sostener que “el triángulo no existe más” y que Karina es la única vencedora luego del triunfo en las elecciones de medio término de octubre del año pasado, por debajo de la superficie aparecen señales que indican que no es oro todo lo que reluce.
Desconfiado e inseguro al extremo, Javier Milei desconfía hasta de su propia sombra, y si bien siempre ha reconocido que su hermana es “El Jefe”, se espanta ante la idea de reconocerle el control total. Por esta razón, en el momento de mayor declinación pública de la figura de Santiago Caputo, tras los comicios de octubre, el presidente se ha esforzado por fortalecer su posición burocrática dentro de la gestión. Sin señales públicas explicitas para no alentar la ira de su hermana.
Pero ni aún así consiguió calmar el enojo de Karina. Durante todo el mes de diciembre, Karina no visitó Olivos. ¿Su precio? Obtener el “control total” del espacio. En silencio, Javier se resiste, mientras convalida el empoderamiento del “Mago del Kremlin”. Así el asesor monotributista incrementó su poder, tomando el control total de la agencia recaudadora (ARCA) y de su dominio de la Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE), donde hizo designar a su contador, Cristian Auguadra.
También Santiago Caputo consiguió aumentar su poder sobre las áreas militares y de seguridad, fortaleciendo su vínculo con la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva y de Defensa, Carlos Presti.
Karina y sus laderos, los primos Menem, están enfadados con la “rebeldía” de Javier. La hermana presidencial ha decidido explicitar su enojo a través de gestos que parecen aleatorios, pero que impactan directamente en la línea de flotación de la construcción de poder personal del presidente.
Karina retacea a un mínimo sus visitas a Olivos, y ahora decidió golpear adonde le duele a su hermano, comunicándole que se bajaba de un inminente nuevo viaje a Mar-a-Lago, donde se realizaría una conferencia del “trumpismo residual latino”, que obligó a Javier a bajarse, ya que no se anima a viajar sin su fraternal acompañante terapéutico. Simultáneamente le ha puesto un plazo para que desplace definitivamente a Santiago Caputo y hacerse del “control total” del gobierno.
Tal es la dureza del posicionamiento de Karina que Javier Milei aún no pudo confirmar su presencia a la nueva “presentación oficial del Board of Peace de Donald Trump en Washington, el 18 de febrero, una participación que le permitiría reiterar su sumisión al presidente norteamericano, del que depende a rajatabla para garantizar su gobernanza de la Argentina. ¿Se resignará Javier Milei a quedar afuera de la foto o, por el contrario, cederá a la presión de su hermana?
El evento clave que permitiría evaluar el éxito o el fracaso de la ofensiva de Karina es el supuesto reemplazo del ministro de Justicia, Mariano Cúneo Libarona, quien renunció varios meses atrás pero se mantuvo en el cargo ante el pedido de las autoridades que no conseguían resolver el dilema de su sucesión. Karina y los primos Menem quieren despedir también a Sebastián Amerio, viceministro, hombre de Santiago Caputo y sobre quien recayó toda la gestión de Justicia desde los inicios del actual gobierno.
Se trata de una definición muy significativa, ya que el ministro es el encargado de operar sobre el poder judicial, y allí Karina encuentra un terreno árido, en particular debido a las causas ANDIS y OSPRERA. Si quienes manejarán la relación son “El Jefe” y sus adláteres, Karina podrá respirar en paz. Pero si quien se queda con el control es Santiago Caputo, temen que apueste a preservar a Javier de la causa $Libra y otras similares, mientras alienta la ofensiva judicial sobre la hermana.
Tal es la concentración del poder que existe en el gobierno actual –y que se repite en el área económica con Luis “Toto” Caputo-, que Manuel Adorni, es un simple convidado de piedra: ni se anima ni le interesa terciar en las disputas clave. Es, simplemente, un vocero con cargo de jefe de Gabinete. No le molesta, sólo lo aprovecha para hacer clientelismo político e incrementar la planta de amigos y parientes designados en el estado.
¿Habrá resoluciones en la novela entre Javier, Karina y Santiago? El presidente parece estar cómodo en medio de las tensiones, aún las más acuciantes. El único problema es que Donald Trump le exija que esté presente el 18 de febrero en Washington para dar nuevas muestras públicas de su sumisión. Y entonces Javier Milei deberá decidir si concede a Karina sus exigencias para que lo acompañe, o que por fin se anime a cortar el cordón umbilical, con el derrumbe del castillo de naipes del débil equilibrio interno de un oficialismo frágil, cualesquiera sea la decisión que adopte. (www.REALPOLITIK.com.ar)