En 2 febrero de 2026, el Frente de Liberación del Enclave de Cabinda (FLEC) proclamó la independencia de Angola. Esta fue comunicada en Bruselas, en una conferencia organizada por el FLEC, donde mostró un video donde el secretario General, Jacinto Antonio Telica, anunciaba la independencia del citado territorio. La fecha elegida no fue antojadiza, sino que corresponde al aniversario 141 del Tratado de Simulambuco, firmado entre el gobierno portugués y el reino de Ngoyo, el 1 de febrero de 1885, dando origen a un régimen de protectorado. Esta nueva declaración de independencia hace un llamamiento a la Organización de las Naciones Unidas, la Unión Africana, la Comunidad de Países de Lengua Portuguesa (CPLP), organizaciones de derechos humanos y al presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
La declaración de independencia de Cabinda fijó una ruta destinada a elegir un parlamento, un gobierno en el exilio y una constitución. Esto ha sido un acto de contenido meramente político. No obstante, en cierto punto entra en contradicción con la proclamación de agosto de 1975. El pedido de intervención de Estados Unidos tendrá un efecto escaso, dado que Chevron y ExxonMobil, tienen una fuerte presencia en el sector petrolero de Angola. Además, dicho país africano, por su ubicación, juega un papel importante en el acceso a materiales críticos y estratégicos, aspecto que impactan en las relaciones entre Luanda y Washington. Es posible que los dirigentes de Cabinda especulen con algún apoyo de la Casa Blanca, dado los estrechos lazos entre China y Angola, pero ello no ha sido factor que afecte los intereses de las petroleras estadounidenses que operan en el enclave. Si fue logrado, dar cierta visibilidad, pero los apoyos internacionales son más bien escasos.
En 2018, el Comando de las Fuerzas Armadas de Cabinda (FAC), brazo armado del FLEC, anunció el reinicio de la lucha armada, luego que fuera detenido el líder independentista Carlos Vemba. En aquel momento, el citado grupo armado señaló como objetivos no solo a la policía y fuerzas armadas angoleñas, sino también al sector petrolero que opera en el enclave.
A pesar de la riqueza generada, Cabinda es una de las provincias más pobres de Angola. El gobierno en Luanda niega la existencia del FLEC como una amenaza cierta y señalan que solo existe un pequeño grupo armado que brega por la independencia de Cabinda. Algunas fuentes internacionales hablan de 2 mil combatientes, en una población de más de 700 mil habitantes.
Los enfrentamientos armados cesaron luego de un acuerdo con el gobierno angoleño en 2007, a pesar de incidentes aislados como el secuestro de empleados de las empresas petroleras que operan en el territorio o el ataque al ómnibus que llevaba a los miembros del seleccionados de fútbol de Togo. En 2016 los incidentes se incrementaron con la toma de instalaciones de Chevron, la amenaza a empleados chinos de una petrolera de ese origen y el incremento de acciones armadas, costándole la vida a medio centenar de soldados angoleños. Asimismo, el FLEC convocó a un boicot a las elecciones presidenciales angoleñas. En marzo de 2021, 77 militantes del Movimiento de Independencia de Cabinda, de carácter pacífico, fueron detenidos. A pesar de la narrativa del gobierno de Luanda, los trabajadores extranjeros viven bajo custodia militar como las instalaciones petroleras, poniendo en evidencia la existencia de un conflicto armado no resuelto.
Las posturas entre los independentistas de Cabinda y el gobierno angoleño son irreductibles, agregándose las divisiones internas entre los primeros. Ni siquiera hay margen para discutir algún tipo de régimen de autonomía especial. Estamos frente a un territorio “cerrado” a la curiosidad de la prensa internacional. A principios del siglo XXI, el territorio padeció una crisis humanitaria derivada del conflicto armado. El conflicto se caracterizó por la brutalidad, dado que ha permanecido lejos del radar de organizaciones internacionales, como las mismas Naciones Unidas.
Se estima que varios miles de refugiados de Cabinda viven en el Congo (el antiguo Congo Francés) y la República Democrática del Congo (ex Zaire). En su momento en 2006, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) organizó su repatriación, pero hasta 2018 (es difícil acceder a información actualizada) unos 20 mil exiliados de Cabinda permanecían en los mencionados países africanos. En la práctica son considerados apátridas, carentes de protección jurídica. La población que vive en el enclave está condenada a la pobreza, desempleo y deserción escolar.
El enclave de Cabinda, de 7270 km2 y 700 mil habitantes (gran parte de ellos hablan francés), está rodeado por las Repúblicas del Congo y Democrática del Congo. Está separado de Angola por la desembocadura del río Congo. Sus costas fueron visitadas por portugueses e ingleses dedicados a la trata de esclavos y comercio de maderas. En 1885 el reino local de Ngoyo firmó un tratado de protección con Portugal, reconocido por las potencias coloniales en la Conferencia de Berlín en 1885.
En 1956, durante la dictadura salazarista, el enclave pasó a ser gobernado directamente por el gobernador lusitano en Luanda, la actual Angola y la entonces África Occidental Portuguesa. En dicho año nació la Asociación de Indígenas del Enclave de Cabinda (AEIC), germen del movimiento nacionalista, que sostenía la tesis de unificación con las coloniales del Congo Belga y Francés.
En 1960, la Organización de la Unidad Africana consideraba a Cabinda como un territorio a descolonizar, separado de Angola. En 1963 nació el Frente de Liberación del Enclave de Cabinda y, en 1967, creó un gobierno en el exilio en Tshela, Zaire (hoy República Democrática del Congo). El 1 de agosto de 1975 fue proclamada la República de Cabinda. Tropas del Movimiento Popular de Liberación de Angola –marxista– con apoyo del régimen del mismo signo del Congo, ingresaron en el enclave, mientras el FLEC resistía en áreas rurales. Ello no impidió divisiones, debilitando la lucha independentista.
El año 1975, por medio del Tratado de Alvor, que puso fin a la presencia de Lisboa en Angola, dejó a Cabinda como parte del nuevo estado. El Frente de Liberación de Cabinda rechazó de plano dicha decisión y continuó la lucha armada. Eran tiempos de la Guerra Fría, los insurgentes recibieron apoyo francés (París estaba interesado para quedarse con los lucrativos pozos petroleros para la estatal Elf) y del Zaire (en manos de la dictadura pro occidental de Mobutu), dado que el gobierno angoleño quedó en manos del marxista MPLA. La lucha entre las distintas facciones independentistas que operaban en Angola (FNLA, UNITA y el citado MPLA) lucharon abiertamente desatando una cruenta guerra civil, donde intervinieron la Unión Soviética y Estados Unidos.

La ayuda soviética se tradujo en armas, asesores y miles de soldados cubanos. Parte de la fuerza expedicionaria que envió La Habana fue destinada a Cabinda a proteger la industria petrolera de los ataques de las guerrillas locales. Angola pagaba los salarios de las tropas cubanas con recursos provenientes de los derechos de explotación de la empresa petrolera Cabinda Gulf Oil (una subsidiaria de la estadounidense Chevron). Ironías del destino, los cubanos terminaron defendiendo los intereses de una multinacional de Estados Unidos contra la guerrilla independentista de Cabinda. Hasta fines de los 80, cuando comenzó el repliegue de las fuerzas de La Habana, había unos 15 mil efectivos caribeños.
Los acuerdos de paz entre el gobierno de Angola y la insurgencia de la UNITA en 2002, permitió el traslado al enclave de 30 mil efectivos de las fuerzas armadas de dicho país. En 2003, el obispo de Cabinda, Paulino Fernades Madeca, denunció las graves violaciones a los derechos humanos contra los militantes independentistas. En dicho año, en París, se llevó a cabo una reunión preliminar entre el FLEC y autoridades angoleñas. Los independentistas pidieron la mediación de la Comunidad de Desarrollo de África Austral (SADC). El gobierno de Luanda ofreció la integración de los guerrilleros a las fuerzas regulares angoleñas. Muchos combatientes depusieron sus armas, poniendo en evidencia la descomposición y desgaste de la rama militar del FLEC.
En 2004, los independentistas celebraron una conferencia en los Países Bajos, derivando en la creación del Foro de Diálogo de Cabinda con la intención de abrir canales de comunicación con Angola. En 2005, a pesar de la diferencias, luego de bombardeos a los campos de refugiados en la República Democrática del Congo por parte de Angola, fue presentado por parte del Foro de Diálogo, encabezado por el líder del FLEC –Bento Bembe– el Memorando de Entendimiento para la Paz y la Reconciliación en la Provincia de Cabinda, donde se planteaba un régimen de autonomía. Las Fuerzas Armadas de la Resistencia Cabindesa (grupo surgido en 1992) dieron apoyo al proyecto. En cambio otra facción, las Fuerzas Armadas Cabindesas Unificadas rechazaron el acuerdo. Las divisiones entre los independentistas se hicieron evidentes.
En 2006, el gobierno angoleño cedió y, en base a un acuerdo de cese del fuego con el FLEC, prometió destinar el 10 por ciento de la renta petrolera del enclave a inversiones en Cabinda. Las negociaciones se hicieron bajo auspicios de la Unión Africana y el presidente congoleño Denis Sassou-Nguesso. Bembe señaló que el acuerdo estaba cumpliéndose en un 90 por ciento, donde 500 combatientes estaban en proceso de desarme, reintegración a la vida civil y algunos de ellos a las fuerzas armadas de Angola. El proceso estuvo lleno de obstáculos y tensiones.
En 2007 se celebró el Consejo Nacional del Pueblo de Cabinda, Nkoto Likanda, en el marco de una ruptura entre las distintas facciones. El gobierno angoleño señaló que cuadros del FCD liderado por Bembe serían integrados a la administración provincial de Cabinda. Nzitia Tiago, líder del FLEC – FAC, solicitó reunirse con el gobierno angoleño y abrir una nueva ronda de negociaciones. En 2009 hubo nuevos choques armados. Por otro lado, desde Naciones Unidas fue alertado que el gobierno de Angola buscaba imponer el acuerdo de paz por la fuerza, agregándose que el prometido régimen de autonomía quedaba como expresión de deseo.

En 2010, Tiago denunció la existencia de un “golpe de estado” ante el llamamiento de distintos líderes del FLEC de adherir al proceso de paz, impulsando a una renovación completa de la cúpula del citado grupo, incluyendo su rama militar.
La antigua potencia colonial, Portugal, también tiene su papel, donde opera el Alto Consejo de Cabinda, aglutinando a diversos movimientos nacionalistas, con el objetivo que Lisboa actúe como mediador en el conflicto. El fundamento reside en que los independentistas consideran que la integración de Cabinda como una provincia de Angola en los Acuerdos de Alvor fue ilegal, al contradecir el tratado de protección de 1885 y el período que el territorio fue una colonia separada de Portugal, agregándose que la decisión de traspasar la administración del Cabinda al gobernador portugués de Angola, también es considerada ilegal, al no haberse consultado a los líderes locales, sobre la base del citado tratado.
Las divisiones internas en el seno del movimiento independentista, la falta de apoyos internacionales y la presión de Angola, tanto en el plano militar, como también por medio de subsidios y programas de empleo, redujeron la capacidad de los grupos armados a favor de la independencia de Cabinda.
La población en gran parte vive de la pesca y agricultura. Cabinda cuenta con importantes recursos forestales, además de plantaciones de café. Las empresas petroleras en gran parte contratan mano de obra extranjera. La mayor parte de la explotación de crudo está en manos de Chevron, seguida de la francesa Total Energies, la italiana Eni; las angoleñas, Sonangol y Fina; y la española Repsol.

Existe un claro interés por parte de la citada empresa estadounidense que Cabinda siga en manos de Angola, financiando las operaciones militares y lanzando una política de asistencia social, para impedir que los independentistas recluten adeptos. Un dato curioso es que existen vuelos directos entre Cabinda y Houston, sede de Chevron, reflejando la importancia del enclave para la dicha empresa multinacional. Francia tiene intereses de la citada provincia angoleña, no en vano mantuvo una postura tolerante con los exiliados del FLEC residentes en dicho país europeo. Incluso, voces críticas dentro del movimiento independentista denuncian que el FLEC ha recibido algún tipo de apoyo político – económico desde París.
China es otro actor en la tragedia de Cabinda. Empresas de dicho origen financiaron la construcción del puerto del enclave, agregándose la fuerte presencia de intereses económicos chinos en Angola (se estima que ha destinado en inversiones y créditos unos 40.000 millones de dólares). El 60 por ciento del crudo angoleño es comprado por Pekín. Esto impulsó al grupo Gemcorp Capital LLP, con sede en Londres, a financiar una refinería con un costo de 500 millones de dólares.
La corrupción y la mala gestión impiden que las riquezas de Cabinda se traduzcan en una mejora sustancial de la vida de sus habitantes. Esto es un mal endémico que afecta al resto de Angola, donde hay fuertes asimetrías entre la población urbana y los sectores rurales, donde hay acusados niveles de pobreza y subdesarrollo. (www.REALPOLITIK.com.ar)