Las elecciones de medio término de 2025 arrojaron un resultado sorprendente para lo que eran las expectativas. En las boletas, La Libertad Avanza (LLA) obtuvo un resultado que nadie esperaba. Pero la paternidad de la victoria no fue de Javier Milei, sino de Donald Trump, que a través de las publicaciones y gestiones del secretario del Tesoro, Scott Bessent, bendijo la continuidad de la gestión actual con un paraguas protector.
La ingerencia de Trump, que fiel a su estilo el gobernante norteamericano destacó públicamente, en una actitud en la que combinaba la satisfacción de su ego con el desprecio hacia el libertario, permitió confirmar otro cambio drástico en el sentido común de los argentinos: de ser una de las sociedades más anti-yanquis del continente, la argentina había experimentado un giro copernicano. Tanto éxito habían tenido las corporaciones económicas en denostar a la política local, apelando a sus instrumentos –operadores y políticos-, que ahora los argentos preferían confiar sus destinos a un extranacional. Demasiado había hecho el denominado campo nacional y popular para desprestigiarse. Demasiado poco los liberales y libertarios locales para mostrarse diferentes. Ahora la sociedad los ponía a todos en la misma bolsa del repudio.
El gobierno ha intentado monopolizar la relación con Trump desde la campaña presidencial norteamericana, y no duda en reafirmarla a cada paso como una garantía para su inestable gobernanza. Pero ahora le ha salido una competidora: nada menos que la vicepresidenta, Victoria Villarruel, que en los últimos días volvió de su largo letargo para anunciar su pretensión presidencial para 2027. Tras manifestar sus dudas sobre la reelección de Milei, disparó: "Lo eligieron a él, pero gobierna la hermana"
En una reunión con peronistas riojanos, Villarruel confirmó su ambición presidencial. Pero no fue un gesto aislado, ya que estuvo acompañada de munición gruesa hacia Karina Milei y su entorno, y, sobre todo, de una encomiable defensa de la política proteccionista de Donald Trump. Tal vez pueda argumentarse que siempre la vice tuvo una perspectiva industrialista, pero lo llamativo es que ahora ha descubierto que para que sus pretensiones puedan comenzar a carretear debe lograr un acercamiento con las autoridades norteamericanas. Al fin y al cabo, Trump sigue siendo el “Gran Elector” en la Argentina.
Villarruel estuvo en la celebración de la Fiesta Nacional de la Chaya y sorprendió con su actitud desacartonada y su lenguaje directo. Primero coqueteó con el pueblo, al permitir que la rociaran con harina y hasta que le pusieran una hoja de albahaca en su oreja derecha, como señal de su soltería. Más tarde participó de una cena en la Casa de Gobierno provincial, con el gobernador Ricardo Quintela como anfitrión. Alguien que, está claro, está en las antípodas de Milei.
La reunión adquirió un tono informal, y no esquivó las preguntas de los comensales, sobre todo al momento de poner en duda la reelección de Milei el año próximo: "No creo porque lo eligieron para que gobierne él pero gobierna la hermana". La respuesta, sumada a sus críticas y descalificaciones sobre Karina Milei, motivó la pregunta obligada, sobre su propio interés en postularse a la presidencia. Tampoco le esquivó al bulto: "¿Y por qué no?", fue su respuesta inmediata.
La relación entre Milei y Villarruel está rota irreversiblemente desde los inicios de la actual gestión, y hace tiempo dejaron de conocerse las reuniones que la vice sostenía con Mauricio Macri y diversos empresarios, políticos y sindicalistas para construir una alternativa al libertario. Eso no quiere decir que hayan sido clausuradas. Pero, además, Villarruel dio un paso más allá al postear en X su respaldo a la política proteccionista de Donald Trump, al cononcerse la sentencia de la Corte Suprema norteamericana que eliminó los aranceles sobre los que construyó buena parte de su política exterior, al señalar que la decisión de fijar nuevas tasas correspondía al Congreso de los Estados Unidos y no al presidente.
"La decisión de la Corte de Estados Unidos de anular los aranceles impuestos por Trump a las importaciones, implica un golpe a las políticas de producción y establecimiento de empresas en Estados Unidos", afirmó. Y agregó inmediatamente: "Sin empleo nacional y sin producción nacional no hay políticas reales de gobierno. Sin industria, se pasa a depender hasta en lo más mínimo de China, un país comunista. Para Trump primero está Estados Unidos, para mí, primero está la Argentina".
El contenido manifiesta simultáneamente su apoyo a la gestión Trump y una crítica frontal a las políticas de apertura indiscriminada de las importaciones del gobierno argentino, que están destruyendo la producción local y han colocado al país en una nueva etapa de estanflación.
Por si fuera poco, Villarruel terminó sentenciando: "La apertura total y libre de las importaciones solo favorece la dependencia de China y profundiza las emergencias económicas y sociales". Ni se privó de mojarles la oreja a la dupla conformada por Javier Milei y Luis Caputo: "Tenemos todo para ser una potencia mundial. No debemos conformarnos con ser un país de servicios".
En el entorno de la vice trataron de bajarle la temperatura a sus declaraciones para preservar lo poco que queda de la relación con el ejecutivo. En vano: la vicepresidenta ya había instalado el tema de manera explícita y sin rodeos. (www.REALPOLITIK.com.ar)