“La vuelta a clases no es simplemente comprar los útiles. No vuelven solamente los niños, los padres también”, explicó Deborah Bellota, y remarcó que el regreso a la rutina implica un cambio psíquico importante. “Venimos de una etapa de vacaciones marcada por el relax, la creatividad, incluso el aburrimiento y mucho contacto con los padres. De golpe reaparecen los horarios, las obligaciones, la tarea y el estudio, y eso no impacta igual en todos los chicos”, señaló.
Según la especialista, cada edad y cada subjetividad atraviesan este proceso de manera diferente. “Algunos vuelven con entusiasmo y otros con mucha angustia. También hay padres que sienten una mezcla de alivio y culpa”, describió, y explicó que en cada inicio de ciclo escolar se reactiva un proceso de separación. “No es lo mismo el jardín, primer grado o el ingreso a la secundaria. Son desafíos distintos para los chicos y también para los adultos”.
En ese sentido, Bellota advirtió que en los cambios escolares aparecen miedos vinculados a no encajar, quedar excluidos o no lograr pertenecer a un grupo. “Lo social se pone fuertemente en juego”, afirmó, y recomendó a las familias respetar los tiempos de adaptación. “Lo que sucede en las primeras semanas no es definitivo: un niño que entra angustiado puede acomodarse con el tiempo, y uno muy entusiasmado también puede angustiarse más adelante”.
La psicóloga también destacó que los padres suelen resignificar sus propias experiencias escolares. “Aparecen recuerdos del pasado y, muchas veces, se anticipan miedos que terminan transmitiéndose a los hijos”, advirtió. Por eso, insistió en la importancia de acompañar sin sobreproteger.
Otro eje central fue la socialización y la gestión emocional. “En el aula hay reglas y autoridad, pero en el recreo, en ese espacio de mayor libertad, suceden muchas cosas. Ahí aparecen conflictos, peleas y situaciones de bullying. A veces los chicos sufren más en el recreo que en clase, y eso hay que trabajarlo mucho desde casa”, sostuvo.
Bellota enumeró también los temores que atraviesan a las familias según la etapa: el miedo al abuso sexual en los primeros años, y en la adolescencia, la preocupación por el consumo de sustancias y las influencias del grupo de pares. “Por más que cueste, los padres tenemos que socializar, conocer a las otras familias y participar. El famoso chat de mamás y papás genera mucho estrés y carga mental, pero también es parte del cuidado”, explicó.
En cuanto al acompañamiento cotidiano, la especialista recomendó prestar atención a los gestos y actitudes de los hijos. “Mirarles la cara cuando salen del colegio, observar sus reacciones. No todos los chicos hablan de lo que les pasa”, indicó. Además, sugirió generar espacios de diálogo en familia: “En la cena, que cada uno cuente qué fue lo mejor y lo no tan bueno del día, empezando por los adultos. Cuando los padres se abren, los hijos también lo hacen”.
Finalmente, Bellota puso el foco en el uso del celular y las pantallas. “Cada vez hay más evidencia de que el uso del celular y las redes sociales impacta negativamente en el bienestar socioemocional y el desarrollo psíquico de niños y adolescentes”, alertó. En ese marco, remarcó la necesidad de encontrar equilibrio: “Las pantallas son una herramienta, pero no en todas las edades ni en todos los contextos son beneficiosas. Empieza por nosotros, los adultos, con el ejemplo”.
“Ni la presencia excesiva ni la ausencia excesiva son saludables. Lo importante es ofrecer tiempo de calidad, juego, diálogo y que los chicos se sientan queridos”, concluyó la psicóloga. (www.REALPOLITIK.com.ar)