María Eva Basterra Seoane, exdetenida y referente vinculada a la defensa de los derechos humanos, dialogó con RADIO REALPOLITIK FM (www.realpolitik.fm) y repasó la historia de su familia durante la última dictadura, el rol fundamental de su padre, Víctor Basterra, en la recopilación de pruebas contra los represores y la vigencia actual de la lucha por memoria, verdad y justicia.
La entrevistada recordó que el secuestro ocurrió cuando ella era apenas una bebé. "Nosotros fuimos secuestrados el 10 de agosto de 1979, vivíamos en Valentín Alsina, yo tenía dos meses, fuimos llevados a la ESMA", relató.
Basterra Seoane contó que sus padres militaban en el peronismo de base y que, al llegar al centro clandestino de detención, fue separada de su madre. "Cuando llegamos a mí me separan de mi mamá, me cuida una compañera sobreviviente, por suerte, que vive en Suecia", explicó.
Según detalló, tanto su madre como su padre fueron sometidos a torturas y, tras algunos días, ella y su madre fueron liberadas, mientras que su padre permaneció secuestrado durante años. "Mi vieja es sometida a torturas, igual que mi papá... a la semana aproximadamente deciden liberarnos y mi papá queda secuestrado cuatro años", afirmó.
Durante ese tiempo, relató, los detenidos considerados “recuperables” eran obligados a realizar trabajos dentro del centro clandestino. En ese contexto, su padre comenzó a desarrollar una estrategia que luego resultaría clave para los juicios contra los represores.
Víctor Basterra, obrero gráfico y fotógrafo aficionado, aprovechó su acceso a documentación y fotografías dentro de la ESMA para comenzar a recopilar pruebas. "Él se da cuenta que tiene acceso a los rostros de los genocidas cuando le encargaban alguna documentación", explicó su hija.
A partir de allí, comenzó a realizar copias clandestinas de los documentos que le pedían elaborar. "Le pedían cuatro documentos y él hacía, no cuatro copias, sino cinco copias", relató.
Ese material fue escondido durante años y luego sacado del centro clandestino durante salidas transitorias. "La quinta copia la empezó a esconder en el papel fotosensible, que era un lugar donde los tipos no le requisaban", recordó.
El archivo reunido terminó convirtiéndose en una pieza clave en los procesos judiciales tras el retorno de la democracia. "Ese testimonio concreto, gráfico que sacó mi viejo, más su testimonio y el de un montón de compañeros, sirvió para que hoy muchos genocidas estén presos", aseguró.
Tras su liberación en 1983, la familia continuó bajo vigilancia y atravesó años de inestabilidad y mudanzas. "Fue una vida muy a los tumbos, una cosa que nos marcó mucho fue el desarraigo de tener nuestra casa y de pronto no tenerla más", recordó.
Con el tiempo lograron establecerse en La Plata, donde su padre abrió un negocio de fotografía y su madre comenzó a trabajar como maestra. Allí también continuaron su militancia social y política en el barrio.
En el marco de los casi 50 años del golpe de estado, Basterra Seoane destacó los homenajes que recuerdan la figura de su padre y su aporte a la memoria histórica. Entre ellos mencionó la inauguración de una sala en la ex ESMA y un espacio de memoria en Tolosa.
Sin embargo, advirtió que la lucha por memoria, verdad y justicia sigue vigente. "Esto está muy vigente... hasta que no recuperemos a todos los hermanos apropiados, hasta que aparezcan restos de compañeros, esto no termina", sostuvo.
En ese sentido, remarcó la importancia de transmitir lo ocurrido a las nuevas generaciones. "Es súper vital poder nombrar esto como algo que sí pasó", expresó.
Finalmente, reafirmó el compromiso con la memoria histórica y los derechos humanos: "Esto no termina y nuestra lucha, por supuesto, está más viva que nunca". (www.REALPOLITIK.com.ar)