La suerte del ministro de Economía parece haber cambiado. Por más que el gobierno intente sobrar la situación actual, subrayando los incrementos en el PBI que proveerán las exportaciones de commodities, la minería y el sector energético, la economía real se está hundiendo. La destrucción de empleos, la caída en la capacidad de compras de salarios y remuneraciones, el cierre de decenas de miles de empresas y comercios y un incremento feroz de la mora en los préstamos tomados, en su mayoría, para la compra de alimentos, genera un creciente malestar social que se ha traducido en las encuestas.
El discurso de que los empleos y empresas destruidos podrían compensarse con otros provistos por los nuevos sectores estelares es falaz, ya que no se trata de actividades económicas que demanden mano de obra significativa, además de la reubicación masiva de la población que significaría su incorporación a estas áreas.
Mes a mes, la recaudación se hunde, la estanflación es indisimulable, ya que la capacidad de compra del mercado interno se ha reducido dramáticamente, y aún así impacta en un índice inflacionario que, pese a las manipulaciones oficiales, ronda el 3 por ciento mensual. Por más que el presidente prometa que este indicador comenzará con 0 en unos meses, ni siquiera el ministro de Economía se animó a sostener ese dislate.
Por si fuera poco, el alto nivel de vencimientos de deuda en dólares y en pesos de aquí hasta el fin de la actual gestión se hacen cuesta arriba, invalidando los planes del ministro de salir a tomar deuda en el mercado de capitales internacionales. Hasta fin de año deben pagarse unos 15.000 millones de dólares, y el año próximo otros 28.000. Revirtiendo la tendencia de algunos meses atrás, el riesgo país escaló a 630 puntos básicos, lo que hace imposible endeudarse a una tasa de alrededor de un 11 por ciento.
Además, por más que el Banco Central de la República Argentina compre divisas –algo que le reclamaba desde el inicio del mandato de Javier Milei- las reservas no crecen y están en un negativo similar al del fin del gobierno de Alberto Fernández. Los mercados desconfían de la capacidad de pago del estado argentino. Las inversiones externas, lejos de multiplicarse, han tomado desde hace tiempo un marcado sesgo negativo. No hubo inversión sino desinversión: el mercado argentino no resulta atractivo para casi nadie más que para las empresas extractivas y la producción agrícola, aunque en una escala acotadísima pese al otorgamiento de toda clase de exenciones, RIGI incluído.
Por primera vez desde el inicio de la gestión Milei los rumores sobre un eventual reemplazo del ministro de Economía han comenzado a circular. Ante la falta de interés del mercado financiero internacional y el agotamiento de su capacidad de endeudamiento con los organismos financieros internacionales, el “Messi de las finanzas” debió modificar drásticamente su discurso ante el cierre del acceso a Wall Street por la suba constante del riesgo país, para asegurar que afrontará los vencimientos con los dólares de los argentinos y el superávit fiscal.
Pero los argentinos son reticentes a invertir sus “dólares del colchón” temerosos de terminar embaucados por el estado, y encima no paran de comprar divisas planchadas a precio de liquidación. En lo que respecta al superávit fiscal se ha reducido drásticamente y el mercado está convencido de que sólo es posible, desde hace mucho tiempo, gracias a una imaginativa “contabilidad creativa”.
Así, el tiempo pasa, los mercados se impacientan y el ministro, que siempre tuvo la habilidad de generar más dudas y resquemores cada vez que intentó difundir mensajes tranquilizadores, no consigue generar confianza. Por estos días, cuando aseguró en el 21° Simposio de Mercado de Capitales y Finanzas Corporativas que no necesita salir a Wall Street debido a la suba del riesgo país, ya que "Tenemos opciones más baratas que salir a colocar deuda en el mercado internacional. Ya tenemos financiamiento identificado para cubrir los próximos tres vencimientos de capital, unos 9000 millones de dólares. Los intereses se pagarán con el superávit. No necesitamos ir al mercado", los inversores sólo atinaron a concluir en que se había caído el swap con los EE.UU. y que los organismos internacionales la habían soltado la mano.
Descartadas estas alternativas, Caputo intenta conseguir salvatajes de Israel e Italia. Necesitaría al menos dos antes del fin del mandato, de corto plazo y a altísimo interés. Por esto cayó aún peor cuando afirmó que "No tenemos pensado salir al mercado internacional. Este es un gobierno que no toma deuda, la cancela", mientras intenta encontrar, desesperado, por dónde pasar la gorra.

Las versiones que circulan hablan de negociaciones Israel e Italia para conseguir entre 3.000 y 5.000 millones de dólares, a tasas de alrededor del 7 por ciento, por lo que estará lejos de desendeudarse, ya que el swap de 20.000 millones de dólares del Tesoro de Estados Unidos, sin es que algunas vez existió, ya tienen certificado de defunción.
En el mercado se sospecha que la encendida retórica de Milei respecto de la Guerra de Irán, su proclamación de su condición de “sionista” y su determinación de que nuestro país envíe tropas al frente bélico, a pesar de las gravísimas consecuencias a las que nos expone, tienen como trasfondo la necesidad de agradar a los prestamistas israelíes. "Es un manotazo de ahogado. Va a mendigar a Israel dado el alineamiento en la guerra con Irán y a Giorgia Meloni por el vínculo personal de Milei", dejó filtrar un empresario que formaba parte del auditorio del Simposio del IAEF.
Sin argumentos ni soluciones, el ministro imitó al presidente Milei para culpar al “riesgo kuka” de su desasosiego. "La economía está tremendamente en orden. Ahora, hay muchísima gente que no puede evitar pensar que a Argentina le tiene que ir mal. No es una queja, es descriptivo. O sea, el daño no solo económico, sino psicológico que ha hecho el kirchnerismo en la gente es brutal". Nadie le cree. El mercado le da la espalda, mientras que el malhumor social se incrementa y la economía real se hunde. Pero no tiene respuestas: sólo es un eximio protagonista de mesas de dinero e inversiones especulativas. A la producción y al empleo siempre les escapó como a la lepra. Ahora le pasan factura. (www.REALPOLITIK.com.ar)