Martes 7 de abril de 2026

Internacionales

Defensa de occidente

La Línea Monroe pone a Annobón en el campo de batalla geopolítico por los mares 

07/04/26 | En ámbitos de defensa de EE.UU. gana terreno la “Línea Monroe”, una estrategia para contener a China en áreas clave para su seguridad y proyección global.


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En diferentes ámbitos vinculados con la estrategia de defensa de Estados Unidos, está cobrando fuerza la idea de la “Línea Monroe”, en el marco de la nueva política exterior de Washington para contener el avance de China en espacios considerados de interés para la seguridad estadounidense.

La narrativa de la “defensa del hemisferio occidental” puede identificarse como una maniobra defensiva por parte de los estrategas de Washington ante los cambios que está sufriendo el orden internacional liberal, donde claramente los neoconservadores plantean su ruptura y su reemplazo por una visión de liderazgo de Estados Unidos sustentado en la fuerza. Ejemplo de ello son las crisis de Cuba, Venezuela y la guerra con Irán. Esta corriente sostiene, como reflejo de superioridad, el poder militar acompañado por una visión de política exterior basada en el unilateralismo, fundamento de la nueva estrategia marítima —inserta en la Estrategia Nacional de Seguridad de 2025— que adquiere un papel central en la política estadounidense, donde se ejerce influencia y también quedan reflejadas vulnerabilidades y capacidades del poder nacional.

Los espacios marítimos son áreas de competencia geopolítica cada vez más manifiesta, no solo por el control de las líneas de comunicación marítima, sino también por los puntos estratégicos, puertos e infraestructura marítima crítica. Su interrupción impacta en la economía de los Estados Unidos, así como en su influencia a nivel global. La Estrategia de Seguridad Nacional describe cómo se enfrentarán dichos desafíos, donde cobra especial importancia el control de las cadenas de suministro y la libertad de navegación.

El hemisferio occidental se convierte en un espacio de alta prioridad para la política de seguridad de Estados Unidos. El denominado “Corolario Trump”, introducido en la Doctrina Monroe, busca impedir que competidores fuera del hemisferio posicionen activos militares o estratégicos en dicho espacio. La estrategia tiene un carácter defensivo y retoma la experiencia de la denominada “Cadena de Islas” como herramienta de contención del expansionismo chino. La “Línea Monroe” consistiría en una red de islas que iría desde África Occidental hasta el Pacífico Sur, como “muro de contención” de la influencia china en el hemisferio occidental:

- Isla Annobón (sometida por Guinea Ecuatorial pero atravesando un fuerte proceso de independencia), que funcionaría como un ancla en el Atlántico.

- Santo Tomé y Príncipe, para bloquear las exportaciones de minerales críticos y estratégicos de China desde la República Democrática del Congo.

- Isla Ascensión y Santa Elena (Reino Unido), cuya infraestructura facilita el despliegue de medios militares.

- Fernando de Noronha (Brasil), como centro de vigilancia del Atlántico Sur.

- Islas Malvinas (Argentina), para el control de los accesos interoceánicos (pasaje de Drake, Beagle, estrecho de Magallanes) y proyección sobre la Antártida.

- Isla San Félix (Chile), que por su ubicación tiene valor para la obtención de datos oceanográficos, sísmicos y como estación de inteligencia. Su infraestructura permite el control de rutas marítimas.

- Islas Galápagos (Ecuador), vinculadas a la seguridad del Canal de Panamá.

Los objetivos de esta nueva “cadena” abarcan bloquear el acceso de recursos críticos y estratégicos a China; proteger el Canal de Panamá; contrarrestar cualquier maniobra de una alternativa al citado canal en Nicaragua y los efectos de las infraestructuras marítimas desarrolladas por Pekín en el hemisferio.

El peculiar caso de Annobón: ¿Llave de una estrategia argentina en el Atlántico Sur?

La isla, que forma parte de Guinea Ecuatorial, desde 2022 tiene un gobierno en el exilio que reclama la independencia. El régimen de Teodoro Obiang Nguema Mbasogo somete a sus habitantes a un clima de constante represión política e intentos de modificación demográfica, con el arribo de colonos fang. El valor estratégico de la isla reside en el reclamo de una extensa Zona Económica Exclusiva, en los términos de la Convención de la Organización de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, lo que abre la posibilidad de acceso a reservas de petróleo estimadas en 35 billones de barriles.

Estados Unidos identificó el valor geopolítico del Golfo de Guinea, que impacta en la pequeña Annobón, no solo por la cuestión energética, sino también por cuestiones de seguridad, dados los problemas migratorios, la expansión del crimen transnacional en la zona, la piratería y el terrorismo. No en vano, la administración Trump, bajo el argumento de apoyar a Nigeria en su lucha contra organizaciones terroristas, proyectó discretamente la presencia militar estadounidense en un espacio de fuerte competencia geopolítica con Rusia y China. Estamos ante un área donde intervienen 17 estados, verdadera frontera con el inestable Sahel, por donde transita el 25 por ciento del comercio marítimo africano y que alberga el 10 por ciento de las reservas mundiales comprobadas de petróleo.

La guerra con Irán y el cierre del estrecho de Ormuz, junto con el riesgo del cierre del Bab el-Mandeb, con el consecuente incremento del precio del barril, ponen en valor otros espacios del mundo con reservas de crudo y gas.

Guinea Ecuatorial, a pesar de ser un régimen dictatorial y teóricamente estable, presenta fuertes vulnerabilidades geoestratégicas. El país carece de medios adecuados para la seguridad de sus espacios marítimos. A pesar de la presencia militar en las islas Annobón y Bioko, no cuenta con capacidades navales suficientes y, por ende, es vulnerable al bloqueo y aislamiento. Washington percibe esta situación, al igual que otros actores con intereses en la zona, como China. Existen tensiones separatistas, una institucionalidad débil, corrupción endémica y altos niveles de subdesarrollo y violencia institucionalizada.

Una rápida lectura de la Estrategia Nacional de Seguridad y la visión “unilateralista” de Estados Unidos pone en evidencia que, llegado el caso, Washington podría ejercer presión sobre el régimen ecuatoguineano para garantizar el acceso a recursos o negárselo a sus adversarios.

La pequeña y empobrecida isla de Annobón se transforma así en una pieza clave dentro de una posible estrategia de confrontación entre Estados Unidos y China. El incremento de las actividades de nuevos actores en África, como Turquía, India, Arabia Saudita, Qatar y Emiratos Árabes Unidos, genera interrogantes sobre la estabilidad regional a futuro.

La lejana Annobón se enlaza con Argentina, dado que sectores influyentes en la política de defensa de Estados Unidos incorporan a dicha isla africana junto con las Malvinas en el marco de un mecanismo defensivo para contener a China, agregándose su consideración como plataformas de acceso a recursos estratégicos. Pocos lo dicen, pero la gran batalla del futuro será el control de los nódulos polimetálicos en el fondo del mar. Urge para Estados Unidos establecer bases para su control.

En los pequeños estados insulares del Pacífico, la presión de poderosas multinacionales para alcanzar acuerdos sobre la minería oceánica son los “recuerdos del futuro” para el Atlántico Sur. Esta situación demanda que los estados ribereños del Atlántico Sur establezcan algún mecanismo de cooperación. Brasil, en su momento, impulsó la resolución 41/11 de la Asamblea General de las Naciones Unidas de 1986, declarando al Atlántico Sur como zona de paz, a la cual rápidamente Argentina adhirió, dada la militarización de Malvinas por parte del Reino Unido.


Annobón en el mapa global.

En 1956, Argentina, Brasil y Uruguay intentaron implementar un pacto de defensa del Atlántico Sur. La iniciativa, proveniente desde Buenos Aires, naufragó por las rivalidades vecinales de aquel tiempo. Desde la Armada Argentina, a fines de los años 70, se impulsó la idea de la Organización del Tratado del Atlántico Sur junto a Sudáfrica. El almirante Emilio Eduardo Massera promovió intercambios con la marina sudafricana. El gobierno de Pretoria lo vio como una válvula de oxígeno, dado el aislamiento internacional por el apartheid. Brasil se opuso por sus vínculos con Angola, en conflicto con los sudafricanos.

El interés del gobierno en el exilio de Annobón por acercarse a la Argentina —dado que las posesiones guineanas españolas del siglo XVIII dependían de iure del Virreinato del Río de la Plata— debe ser motivo de atención. Esta pequeña isla puede ser una “pieza” en la geopolítica del Atlántico Sur, en el marco de una maniobra donde Buenos Aires aproveche las declaraciones del presidente Luiz Inácio Lula da Silva ante su par sudafricano Cyril Ramaphosa, de visita en Brasil en marzo de 2026: “Preparar sus defensas” porque “pueden ser invadidos cualquier día (…) nadie tiene la bomba nuclear, así que si no preparan sus defensas pueden ser invadidos cualquier día”.

Esto podría impulsar una iniciativa regional para crear su propia “cadena de islas” en defensa de los intereses de los estados ribereños del Atlántico Sur y mejorar su posición ante la presión de los grandes actores. Estamos ante un mundo multipolar, donde organizaciones como Naciones Unidas han sido paralizadas por la confrontación entre Estados Unidos, Rusia y China, lo que abre la oportunidad de crear instancias regionales para promover la seguridad y la cooperación.

La hábil diplomacia brasileña dio pasos en esa dirección, como el Foro IBSA, que aglutina a India y Sudáfrica, impulsando el diálogo y la cooperación en materia de economía, seguridad y tecnología. La última cumbre de este foro se llevó a cabo en Pretoria, Sudáfrica, en noviembre de 2025. Se trata de un intento de crear un bloque que reúna a las potencias regionales de América Latina, África y Asia. Argentina debería incorporarse a dicho foro con la finalidad de compensar su debilidad ante el conflicto que se avecina por el control de los recursos marítimos y los puntos de acceso.

Annobón es una pieza clave en la geopolítica del Golfo de Guinea y se proyecta sobre importantes recursos energéticos. Un escenario caótico como resultado del fin de la dictadura de Obiang transformaría a la isla en un actor relevante en la geopolítica del Atlántico Sur. Argentina no puede permanecer ausente y debe jugar sus “fichas” en el complejo tablero geopolítico si no quiere que otros lo hagan en su lugar, con las consecuencias que ello implicaría, donde los valiosos recursos en nuestros mares terminen en manos ajenas. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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