Los datos se desprenden del reporte global de Edelman, el Trust Barometer 2026, que traza un mapa inquietante sobre el estado de la confianza en el mundo y en Argentina, donde se profundiza la grieta ideológica. En “la era de la insularidad”, 7 de cada 10 argentinos se aíslan de quienes piensan diferente.
Sobre 33.938 encuestas que abarcaron 28 países, entre los que se encuentra Argentina, el Trust Barometer 2026 de la consultora analizó el concepto de “la era de la insularidad”, cuyo estudio muestra una sociedad cada vez más fragmentada, donde la afinidad ideológica se vuelve condición para confiar y donde las instituciones tradicionales pierden terreno frente a los vínculos cercanos.
A nivel global, el dato más contundente es que 7 de cada 10 personas desconfían de quienes piensan o viven distinto. Esta tendencia refleja un cambio profundo: la confianza ya no se construye sobre valores compartidos amplios, sino sobre coincidencias casi totales.
En paralelo, se observa un desplazamiento de la confianza. Mientras cae la credibilidad en instituciones macro como gobiernos y medios de comunicación, crece la confianza en el entorno inmediato: familiares, vecinos e incluso líderes empresariales cercanos, como los CEO.
El informe también revela un pesimismo histórico. Solo el 32 por ciento de las personas cree que la próxima generación vivirá mejor, y el miedo a perder el empleo por una recesión alcanza al 67 por ciento de los encuestados. Este clima de incertidumbre se ve agravado por la percepción de que la desinformación se ha convertido en una herramienta de conflicto: el 65 por ciento teme que potencias extranjeras utilicen noticias falsas para dividir a las sociedades.
A esto se suma el impacto de la tecnología. Lejos de ser vista únicamente como una oportunidad, la inteligencia artificial genera preocupación: más de la mitad de las personas de bajos ingresos (54 por ciento) cree que los dejará atrás, profundizando las desigualdades existentes.
En el plano local, nuestro país refleja y amplifica muchas de estas tensiones. El informe presenta una radiografía clara: la confianza se refugia en lo cercano. El empleador lidera con un 75 por ciento de confianza, seguido por las empresas (57 por ciento) y las ONG (54 por ciento), consideradas “territorios neutrales”.
En contraste, las instituciones más cuestionadas siguen siendo el gobierno (47 por ciento) —aunque con una suba significativa de 12 puntos respecto al año anterior— y, especialmente, los medios de comunicación, que alcanzan apenas un 44 por ciento, convirtiéndose en la institución con mayor nivel de desconfianza.
Pero el dato más alarmante tiene que ver con la convivencia social. El 76 por ciento de los argentinos considera urgente resolver la desconfianza entre personas con ideas distintas, y un 45 por ciento cree que la hostilidad ya alcanzó un nivel de “crisis”. La llamada “grieta” no solo persiste, sino que se profundiza como problema estructural.
Aun así, hay un matiz de moderado optimismo: el 45 por ciento de los argentinos cree que sus hijos tendrán un futuro mejor, un número bajo pero superior al promedio global.
Frente a este escenario, el informe plantea un desafío clave: el rol de las empresas. Más que tomar posiciones en temas divisivos, la sociedad espera que actúen como “intermediarias de confianza”. Es decir, que faciliten el diálogo, promuevan la cooperación y contribuyan a construir consensos en contextos de alta polarización.
En un mundo donde la confianza se fragmenta y se vuelve cada vez más selectiva, el verdadero capital no parece estar en las instituciones tradicionales, sino en la capacidad de generar puentes. El desafío, tanto global como local, será reconstruir esos vínculos antes de que la insularidad se vuelva la norma definitiva. (www.REALPOLITIK.com.ar)