La compañía que supo estampar su marca, Megatone, en la camiseta del Club Atlético Boca Juniors entre 2005 y 2007 —por 3 millones de dólares durante dos años— y que además fue proveedor de la Selección Nacional de fútbol, enfrenta hoy un momento económico difícil, del que tampoco están exentas las demás grandes cadenas de electrodomésticos con fuerte presencia en todo el país.
La caída en las ventas, el auge de las importaciones y del comercio online con el exterior, el aumento de la morosidad y el alza de los costos operativos explican el inicio de un ajuste en el sector que genera preocupación por la cantidad de empleos en riesgo.
Según supo REALPOLITIK, cerró un local en la ciudad de Rosario y finalizaron las ventas en sucursales de la avenida Cabildo y del barrio de Once, en la ciudad de Buenos Aires.
Megatone (específicamente Electrónica Megatone SRL) es una de las empresas líderes en venta de electrodomésticos y tecnología del país. Opera a través del sitio Megatone.net y una red de sucursales físicas que comenzaron a reducirse en distintas localidades.
La firma integró la alianza Red Megatone hasta su disolución. En los años ’80, esa unión estaba compuesta por Bazar Avenida, Carsa y Electrónica Megatone para realizar compras masivas. Luego, Electrónica Megatone SRL comenzó a operar sus propios locales bajo la marca On City, mientras que parte de su estructura anterior se reconvirtió, incluyendo la operación de Musimundo.
El sector atraviesa su peor momento en décadas. Mientras Megatone confirma el cierre de sucursales, sus competidores Frávega y Cetrogar enfrentan niveles históricos de morosidad, y Garbarino ya es historia. Muchas de estas empresas cuentan con más de 70 años en el mercado argentino.
La situación refleja una economía que no logra estabilizarse. El rubro de electrodomésticos, tradicional termómetro del consumo y símbolo de la clase media, hoy atraviesa una crisis profunda. La combinación de retracción del consumo, deterioro de las carteras de crédito y problemas de liquidez obliga a tomar decisiones drásticas para sostener la actividad en un contexto adverso.
La cadena comenzó a cerrar locales en distintas localidades como parte de una reestructuración orientada a preservar la viabilidad del negocio. Según fuentes del sector, la empresa decidió clausurar las sucursales menos rentables para concentrarse en ubicaciones estratégicas que aún generan márgenes positivos.
El cierre de locales implica no solo una menor presencia territorial, sino también despidos en áreas de ventas, administración y logística. Aunque no hay cifras oficiales, se estima que cientos de empleados podrían verse afectados. “Es una decisión dolorosa pero necesaria. Los costos fijos de mantener sucursales abiertas en el contexto actual son insostenibles”, señaló un ejecutivo del sector que pidió reserva.
La medida no es aislada. Otras cadenas evalúan movimientos similares ante la imposibilidad de sostener estructuras diseñadas para un mercado mucho más dinámico.
Frávega y Cetrogar enfrentan niveles de morosidad sin precedentes. Ambas compañías, que durante años impulsaron la venta en cuotas, hoy tienen carteras de crédito fuertemente comprometidas. El incumplimiento en el pago de cuotas creció de forma significativa en los últimos meses. Clientes que financiaron la compra de electrodomésticos ya no pueden sostener los pagos.
“La gente priorizó alimentos, servicios y alquiler. Los electrodomésticos quedaron en segundo plano”, explicó un analista del sector. “Muchos tomaron créditos en otro contexto económico, pero la inflación y la pérdida de poder adquisitivo los dejaron sin margen”.
Mientras que históricamente la morosidad rondaba entre el 3 y el 5 por ciento, hoy algunos segmentos superan el 20 por ciento, según datos extraoficiales.
En Córdoba, la cadena Pardo cerró locales en Río Cuarto y General Deheza. Un año atrás ya había realizado ajustes en la provincia de Buenos Aires.
Uno de sus directivos, José Luis Oberto, declaró al medio El Puntal: “El cierre es consecuencia de la caída del poder adquisitivo. Las ventas bajaron mucho y los números no cierran. No es un problema aislado, sino una situación generalizada. Incluso supermercados y casas de comida venden menos. Es alarmante”.
La alta morosidad y el cierre de sucursales exponen un problema estructural: el descalce financiero. Las empresas venden en cuotas, pero deben afrontar pagos inmediatos a proveedores, salarios y servicios. Cuando los clientes dejan de pagar, ese flujo proyectado desaparece y se genera un déficit de caja.
“Es una ecuación difícil de sostener. Si un cliente deja de pagar en la tercera cuota, se pierde rentabilidad y capital. Multiplicado por miles de operaciones, el impacto es crítico”, explicó un contador especializado en retail.
El problema se agrava por la falta de acceso al crédito: las tasas son elevadas y las entidades financieras restringen los préstamos al sector.
Además de la morosidad, el sector enfrenta una fuerte retracción del consumo. Las familias priorizan gastos esenciales y postergan la compra de bienes durables.
Las ventas de electrodomésticos cayeron con fuerza en el último año. Cuando hay consumo, se orienta a productos más económicos, ofertas o pagos al contado o con tarjeta bancaria, en lugar de financiación directa de las cadenas. “El sistema de cuotas propias perdió atractivo. Hay incertidumbre sobre la capacidad de pago futura”, señaló un especialista en consumo.
Las cadenas tradicionales también enfrentan mayor competencia. El comercio electrónico ganó terreno, con plataformas como Mercado Libre que operan con estructuras de costos más livianas. Supermercados e hipermercados ampliaron su oferta de electrodomésticos, y consumidores de mayores ingresos optan por importar productos directamente del exterior.
Frávega, con más de 110 años de historia, atraviesa uno de sus momentos más complejos. Su extensa red de sucursales representa tanto un activo como una carga de costos. Cetrogar enfrenta desafíos similares en un mercado que cambió aceleradamente. Megatone, al cerrar locales, reconoce la necesidad de reconversión para sostener su operación.
Los analistas coinciden en que la recuperación dependerá de variables macroeconómicas: inflación, empleo y poder adquisitivo. En el corto plazo, las empresas deberán acelerar su transformación digital, ajustar costos y revisar sus políticas crediticias. También se anticipan posibles fusiones o adquisiciones. “Podría haber una consolidación del sector, con marcas que desaparezcan o sean absorbidas”, señaló un consultor. No se descartan reestructuraciones de deuda o concursos preventivos para reorganizar pasivos.
La crisis impacta directamente en miles de familias. Trabajadores del sector enfrentan incertidumbre laboral, mientras proveedores —muchos de ellos pymes— ven comprometida su actividad. Los consumidores, en tanto, podrían encontrarse con un mercado más concentrado, menos opciones y precios potencialmente más altos. (www.REALPOLITIK.com.ar)