Martes 14 de abril de 2026

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Medios y financiamiento

Infobae y embajadas que financian Chequeado lideran evento sobre injerencia rusa

13/04/26 | Tras la polémica por la presunta campaña rusa sin pagos comprobados, embajadas occidentales e Infobae organizan un foro sobre desinformación.


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En medio de la controversia por la supuesta red de desinformación rusa en la Argentina —una investigación que no logró comprobar transferencias de dinero—, se realizará en la Ciudad de Buenos Aires un evento impulsado por embajadas occidentales junto al medio Infobae.

Se trata de la tercera conferencia internacional titulada “Manipulación Informativa e Injerencia Extranjera (FIMI)”, que tendrá lugar el próximo miércoles 15 de abril, entre las 9.00 y las 12.30, en el Salón Dorado de la Casa de la Cultura porteña.

Embajadas, medios y “combate a la desinformación”

El encuentro es organizado y financiado por un bloque de representaciones diplomáticas alineadas con occidente: las embajadas de Ucrania, la Unión Europea, Francia, Canadá, Reino Unido y Alemania.

El esquema de paneles deja en claro el eje político del evento:

- Panel 1: Alcances e implicancias estratégicas de la manipulación informativa (moderado por Fernando Stanich, presidente de Foro de Periodismo Argentino (FOPEA).

- Panel 2: Injerencia informativa rusa y mecanismos para contrarrestarla (moderado por Gonzalo Aziz, periodista de Infobae).

- Panel 3: FIMI en Argentina y la región (moderado por Olivia Sohr, referente de Chequeado y elDiarioAR).

Entre los disertantes aparecen especialistas internacionales, académicos y periodistas vinculados a Europa y Canadá, en su mayoría enfocados en estudios sobre desinformación y geopolítica. 

El contexto: una investigación sin pruebas, retractaciones y una nota borrada

La conferencia se da días después de la difusión de un informe internacional que habló de una presunta operación rusa para influir en medios argentinos, con un presupuesto estimado de 283 mil dólares para la publicación de artículos. Sin embargo, el propio trabajo incluyó una aclaración central: no pudo verificarse si esos pagos existieron ni quién los habría recibido. Es decir, el núcleo de la denuncia nunca logró ser probado.


La insólita afirmación de la investigación sobre la presunta injerencia absurda.

Con el correr de los días, comenzaron a aparecer las primeras fisuras: el consorcio liderado por openDemocracy terminó admitiendo que no acusó ni pudo constatar que Ámbito Financiero haya recibido dinero o participado de una campaña, pese a haber sido uno de los medios señalados en la difusión inicial.

En paralelo, incluso el propio ecosistema mediático empezó a recalcular. Revista Noticias llegó a publicar una nota titulada “Primera retractación en el caso del espionaje ruso”, donde daba cuenta de esta desmentida y la primera grieta en el relato original. Sin embargo, el artículo fue posteriormente eliminado de su sitio sin explicación pública, en otro episodio que alimenta las dudas sobre la solidez y el tratamiento del caso.


La nota eliminada de Revista Noticias no hace más que acrecentar las sospechas.

Así, lo que fue instalado rápidamente como un escándalo de “injerencia extranjera” comenzó a desinflarse al ritmo de sus propias inconsistencias: sin pagos comprobados, sin responsables identificados y con rectificaciones que llegaron tarde y de manera parcial.

El otro lado: financiamiento extranjero comprobado

En paralelo, surge una contradicción que vuelve a poner el foco sobre los actores que impulsan este tipo de debates. Tal como reveló REALPOLITIK, la organización Chequeado —una de las participantes del evento y responsable de difundir la investigación en Argentina— recibió desde 2014 a la fecha financiamiento directo de embajadas extranjeras, principalmente de las organizadoras del evento, por montos que superan los 300 millones de pesos.

A diferencia de la supuesta operatoria rusa, los fondos acreditados en el medio que conduce Laura Zommer sí están documentados en balances oficiales y vinculados a proyectos concretos, muchos de ellos relacionados con la desinformación y la guerra en Ucrania.

En esa misma línea, el propio informe que dio origen a la polémica fue elaborado por el medio internacional openDemocracy, cuyo esquema de financiamiento también expone una fuerte dependencia de estructuras extranjeras. Según su información pública, recibe aportes de fundaciones y organizaciones con sede en Reino Unido y Estados Unidos, como Joseph Rowntree Charitable Trust, Joseph Rowntree Reform Trust y Legal Education Foundation, además de grandes actores globales como Open Society Foundations, Ford Foundation y Rockefeller Brothers Fund.

A ese entramado se suma la National Endowment for Democracy, entidad financiada por el Congreso de Estados Unidos y señalada en distintos ámbitos por su rol en la proyección de intereses geopolíticos bajo el paraguas del fortalecimiento democrático. También aparecen fondos del ecosistema tecnológico, como Luminate y Omidyar Network, orientados a influir en el debate público y el flujo de información digital.

De este modo, mientras la presunta injerencia rusa no logró ser acreditada en términos concretos, sí queda expuesto un circuito de financiamiento internacional verificable que sostiene tanto a organizaciones locales como a los actores que producen este tipo de investigaciones, en un esquema donde la disputa por la “desinformación” se cruza con intereses políticos, estratégicos y geopolíticos a escala global.


La investigación de OpenDemocracy, a la medida de Javier Milei.

Infobae y la interna: del silencio a la necesidad de despegarse

El rol del medio de Daniel Hadad dentro del episodio comenzó a generar ruido puertas adentro. En el marco del escándalo por la supuesta red de contenidos vinculados a intereses rusos, en la redacción se habría instalado una versión incómoda: la responsabilidad habría sido circunscripta a un trabajador, identificado informalmente por su vínculo con el sindicato SiPreBA.

Sin confirmaciones oficiales ni sanciones transparentes, la hipótesis de un “error individual” empezó a circular como explicación interna dentro del medio que se convirtió en el 678 de Javier Milei. Sin embargo, lejos de cerrar el tema, esa línea abrió nuevos interrogantes: ¿Se usó al trabajador como chivo expiatorio en un intento por contener el impacto institucional?

El punto cobra mayor relevancia si se observa el movimiento posterior del medio. Mientras otras piezas de la investigación comenzaban a desmoronarse —incluyendo rectificaciones públicas sobre supuestos involucrados—, Infobae optó por reposicionarse rápidamente en el plano discursivo, participando en espacios junto a organizaciones como Chequeado y actores internacionales que impulsaron la agenda sobre desinformación.

Más aún, el bajo perfil que adoptaron otros medios cercanos al gobierno de Javier Milei frente a la implicación de Infobae refuerza la percepción de un tratamiento desigual dentro del ecosistema mediático.

El evento, lejos de ser un hecho aislado, se inscribe en una disputa más amplia donde la “desinformación” funciona como eje de conflicto geopolítico. Mientras se denuncian operaciones sin comprobación concluyente, distintos actores locales reciben financiamiento extranjero para investigar, capacitar y producir contenidos sobre esos mismos temas. En ese escenario, la pregunta vuelve a instalarse: ¿Quién define qué es desinformación y con qué intereses? (www.REALPOLITIK.com.ar)

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