Miércoles 22 de abril de 2026

Historia

Historia y Economía

Marcelo T. de Alvear y el boom industrializador de la Argentina

22/04/26 | La gestión de Alvear marcó un hito con la creación de YPF y la Fábrica Militar de Aviones, impulsando un PBI récord del 11 por ciento.


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Por:
Alberto Lettieri

La gran expansión industrial de la Argentina se produjo con la llegada a la presidencia de Marcelo T. de Alvear. Ya en su discurso de apertura de las sesiones ordinarias del Congreso, el 1 de mayo de 1923, expuso sus ideas en la materia, lo que le generó duros ataques por parte de los defensores de las “industrias naturales”, como se llamaba a aquellas que se limitaban a las transformaciones de bienes primarios de la agricultura y la ganadería. Si bien destacó la importancia del sector agrícola-ganadero, remarcó: “Todo eso no impedirá, por cierto, estimular industrias que, aunque usen materias primas extranjeras, sean beneficiosas para el país”.

El proceso industrializador del presidente Alvear cambió parcialmente ese esquema agroexportador con la aplicación de una fuerte suba de los aranceles aduaneros para favorecer así la producción manufacturera nacional. Su gestión se alejó de la política económica tradicional e impulsó la instalación de numerosas firmas fabriles. Mientras que entre 1890 y la asunción de Alvear como presidente se radicaron cincuenta y cinco industrias en la Argentina, durante su gestión se instalaron sesenta. Esta tendencia continuó durante los casi dos años de la segunda presidencia de Hipólito Yrigoyen, cuando otras veintidós industrias abrieron sus puertas, y trece más lo hicieron cuando ya gobernaba el golpista José Félix Uriburu.

Además de esas instalaciones de carácter privado se concretó la creación de las primeras industrias estatales. En 1923, primer año de gestión de Alvear, se creó el Frigorífico Nacional, años más tarde denominado “Lisandro de la Torre”, cuyo objetivo principal era entablar una competencia en el mercado local con el oligopolio de los frigoríficos extranjeros que controlaban el negocio de la carne en el país. El Frigorífico Nacional fue privatizado en 1959 por el presidente Arturo Frondizi. Durante el primer año de la presidencia de Alvear, el Producto Bruto Interno (PBI) registró un espectacular crecimiento del 11 por ciento. La Argentina comenzaba a tener preocupación por las estadísticas públicas al frente de las cuales Alvear destinó al economista Alejandro Bunge.

Si bien las empresas públicas creadas no terminaron con la cuestión de abaratar la carne para los argentinos, incluyeron temas de alta tecnología, como la Fábrica Militar de Aviones (FMA) en Córdoba, creada en octubre de 1927 y que ya en 1928 había producido sus primeras aeronaves. A lo largo de las décadas posteriores, la FMA generó desarrollos notables que fueron copiados por países como los Estados Unidos, la ex Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y la India. La Fábrica Militar fue privatizada por el presidente Carlos Menem (1995) y reestatizada por Cristina Fernández de Kirchner (2009).

El petróleo como bandera de soberanía

En octubre de 1922, Alvear designó al coronel de ingenieros Enrique Mosconi, de gran prestigio y experiencia, como director general de YPF, cargo en el que se desempeñó durante 8 años, sosteniendo la aplicación de políticas económicas nacionalistas y de monopolio estatal. YPF recibió un monto inicial de 8 millones de pesos de parte del gobierno nacional y a partir de ese momento se autofinanció con las ganancias provenientes de la extracción petrolera. Su potencialidad le permitiría dominar el mercado, marcar la pauta de los precios en beneficio de los consumidores y reducir el pago de las fabulosas ganancias y regalías que obtenían los consorcios importadores. En 1930, la valuación de los activos de la empresa (instalaciones, maquinarias, inmuebles, bocas de expendio y recursos varios) había crecido en forma exponencial y excedía los 250 millones de pesos.

YPF fue la primera empresa estatal de combustible en América Latina y sirvió como ejemplo a otras naciones hermanas, constituyéndose en símbolo de la soberanía nacional, de la protección de los recursos naturales y estratégicos, de la lucha contra el trust de los grandes intereses y del antiimperialismo. Por entonces, Mosconi realizaba una reflexión que mantiene su actualidad: “Resulta inexplicable la existencia de ciudadanos que quieran entregar nuestros depósitos de petróleo acordando concesiones al capital extranjero en lugar de reservar tales beneficios para acrecentar el bienestar moral y material del pueblo argentino, porque entregar nuestro petróleo es como entregar nuestra bandera”. Estas palabras podrían haber formado parte de la discusión parlamentaria por la reestatización de la empresa durante la gestión de Cristina Fernández, en 2012, con el fin de devolver al país el manejo de YPF, privatizada por Menem más de diez años antes.

Durante la presidencia de Alvear, el yrigoyenismo –desde la oposición– impulsó la nacionalización de los recursos petroleros para así satisfacer la demanda industrial con combustible nacional. Las propuestas, presentadas entre 1926 y 1928, condujeron a un enfrentamiento con la Standard Oil (ESSO) y la Shell. Tampoco cayó bien, desde la perspectiva de las multinacionales, un acuerdo con la petrolera soviética para impulsar el desarrollo de YPF.

En el marco de esta política de soberanía nacional, debe señalarse también la creación de la destilería petrolera de La Plata. Para impulsar el proyecto, Alvear tuvo que vencer a la oposición parlamentaria y apoyarse en el empuje del general Enrique Mosconi y en el sostén financiero de Carlos Madariaga. Si bien la creación de la destilería no pudo concretarse –al finalizar el mandato de Alvear todo quedó en la nada–, hay que destacar los importantes estudios realizados con vistas a la generación de energía mareomotriz en la costa atlántica.

Durante la gestión de Alvear se inició el denominado “comercio triangular” entre la Argentina, Gran Bretaña y los Estados Unidos. Debido al colapso que había provocado la guerra, Gran Bretaña no estaba en condiciones de abastecer a nuestra economía de manufacturas y carbón, como lo había hecho en el pasado. Esto provocó que la balanza comercial bilateral pasara a tener superávit para la Argentina. Si bien las inversiones norteamericanas en nuestro país propiciaron el crecimiento industrial favorecidas por las políticas proteccionistas de Alvear, había diversos rubros –maquinarias, sobre todo maquinarias agrícolas, repuestos, etc.– que no eran fabricados localmente, razón por la cual parte del excedente comercial se destinaba a adquirir manufacturas y tecnología en los Estados Unidos. Este triángulo tenía un vértice débil, el argentino, ya que Gran Bretaña estaba en condiciones de imponernos sus condiciones porque podía adquirir alimentos a otros proveedores, y si bien los Estados Unidos nos abastecían de manufacturas debido a la retracción de la industria británica, los productos argentinos de exportación (alimentos) tenían una posibilidad limitada de ingreso por ser competitivos con la producción agrícola norteamericana.

En el marco de ese triángulo comercial, las exportaciones de alimentos argentinos mantuvieron un crecimiento sostenido durante la presidencia de Alvear y generaron fuertes superávits. Esto motivó la presión exitosa de la oligarquía terrateniente para restablecer el patrón oro y la convertibilidad de la moneda, medidas beneficiosas para sus intereses, ya que permitían depreciar el peso. Esa depreciación les posibilitaba cobrar sus exportaciones en libras y pagar sus salarios y costos internos en moneda nacional devaluada. Por el contrario, la medida afectó un tanto las posibilidades de la naciente industria, ya que el restablecimiento de la convertibilidad facilitó el ingreso al mercado interno de importaciones de manufacturas competitivas con la producción local. La medida no duró demasiado (1927-1929), porque la existencia de divisas en nuestro mercado disminuyó significativamente cuando una gran parte de las inversiones norteamericanas en el país se esfumó en 1928, atraídas por el notable aumento de las tasas de interés en la Bolsa de Wall Street, que terminaría provocando la crisis de 1929. De este modo, resultó necesario volver al papel moneda inconvertible.

En 1926 el gobierno norteamericano prohibió el ingreso a su país de carnes argentinas, con el pretexto de que estaban afectadas por aftosa, así como de varios productos agrícolas. La presión de la oligarquía rural motivó la presentación de la primera protesta enérgica de nuestro país, frente al proteccionismo agrario estadounidense, que aún se mantiene. Dos años después, y con graves efectos distorsionantes sobre el comercio internacional, en la Conferencia Panamericana de La Habana, el representante argentino, Honorio Pueyrredón, reclamó el fin de esa política. Sin embargo, sus planteos, aunque justos y adecuadamente fundamentados, excedieron las instrucciones recibidas, lo que derivó, finalmente, en su reemplazo y en la adopción de una línea en la misma dirección pero mucho más moderada. (www.REALPOLITIK.com.ar)

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