África de las Heras: La espía que operó en Latam y fue maestra de Vladímir Putin
Por: Antonio D'Eramo
Raúl Vallarino es uruguayo y periodista de investigación. Logró desentrañar la fascinante y a la vez inquietante vida de África de las Heras Gavilán, alias "Patria", en su libro "Mi Nombre es Patria" que acaba de ser reeditado por Dextra Editorial con nuevo material desclasificado.
A través de una investigación exhaustiva, el autor nos sumerge en la trayectoria de esta mujer española, convertida en una pieza clave del espionaje soviético durante el siglo XX, desde sus orígenes en Ceuta, hasta su muerte en Moscú, dejando al descubierto una red de intrigas, ideologías y decisiones extremas.
África de las Heras nació en 1909 en Ceuta, en el seno de una familia con vínculos militares y políticos. Sin embargo, desde joven mostró una rebeldía que la distanció de los valores conservadores de su entorno. El libro explora sus primeras inquietudes sociales y políticas, su participación en las protestas estudiantiles y su acercamiento a los círculos anarquistas y comunistas en Madrid y Barcelona durante la década de 1930.
En el fragor de la Guerra Civil Española, África se alinea con el bando republicano, participando activamente en las milicias populares y en las patrullas de control ciudadano. Vallarino no edulcora esta etapa, mostrando a una joven idealista, pero también capaz de actos de violencia y represión contra los considerados "enemigos del pueblo". Es en este contexto que África establece contacto con agentes del NKVD, la policía secreta soviética, quienes ven en ella un potencial valioso por su inteligencia, valentía y compromiso ideológico.
Tras el fin de la guerra civil y la victoria franquista, África es reclutada formalmente por el NKVD y enviada a México con la misión de infiltrarse en el círculo de León Trotsky, el exiliado revolucionario ruso enfrentado a Stalin. Bajo el nombre falso de María de la Sierra, África se convierte en secretaria y traductora de Trotsky, ganándose su confianza y recopilando información valiosa sobre sus actividades y contactos.
Aunque el libro no la involucra directamente en el asesinato de Trotsky en 1940, sí sugiere que África desempeñó un papel clave en la preparación del atentado, proporcionando planos de la residencia del líder revolucionario y facilitando el acceso de los sicarios. Esta etapa marca un punto de inflexión en la vida de África, quien se convierte en un instrumento al servicio de la maquinaria estalinista, priorizando la lealtad a la URSS por encima de cualquier consideración moral.

Durante la segunda guerra mundial, África regresa a Europa y participa activamente en la resistencia contra la ocupación nazi en Francia, utilizando sus habilidades de comunicación y organización para establecer redes clandestinas y sabotear las operaciones alemanas. Tras la liberación de Francia, se traslada a la Unión Soviética, donde recibe entrenamiento militar y se convierte en una experta en comunicaciones y guerra de guerrillas.
Concluida la contienda, África se establece en Moscú y se dedica a la formación de nuevos agentes del KGB, transmitiendo sus conocimientos y experiencias a las generaciones futuras de espías. El libro destaca su capacidad para inspirar y adoctrinar a sus alumnos, inculcándoles un profundo sentido de lealtad a la URSS y una férrea disciplina ideológica.
En la década de 1950, África recibe una nueva misión: establecer una red de espionaje en Uruguay, un país clave en el cono sur por su estabilidad política, su ubicación estratégica y su acceso a información sensible sobre los gobiernos de la región. Para ello, se casa por orden de Moscú con el escritor uruguayo Felisberto Hernández, un intelectual reconocido pero ajeno a las intrigas del espionaje.
Bajo el nombre de María Luisa de las Heras, África se integra en la sociedad uruguaya, estableciendo relaciones con políticos, diplomáticos y militares, y recopilando información valiosa sobre las actividades de la CIA y las estrategias de Estados Unidos en la región. El libro detalla sus métodos de reclutamiento, sus contactos con agentes encubiertos y sus operaciones de sabotaje y desinformación.
El matrimonio con Felisberto Hernández termina en divorcio, pero África continúa su labor de espionaje, manteniendo contactos con agentes en Argentina, Brasil y Chile, y estableciendo una red de informantes que le permite acceder a información confidencial sobre los gobiernos de la región. Sin embargo, a medida que avanza la guerra fría y se intensifica la persecución de los agentes soviéticos, la red de África se ve comprometida y varios de sus colaboradores son detenidos o expulsados del país.
En la década de 1970, África es llamada de nuevo a Moscú, donde pasa sus últimos años dedicada a la formación de nuevos espías y a la recopilación de información sobre América Latina.
En esos tiempos conoce a un joven aspirante a espía del KGB, que la admiraba: Vladimir Putin, que la veía como un ejemplo a seguir. Putin asistió a una conferencia de África de las Heras en Moscú, donde ella explicó cómo actuar cuando la cobertura de un agente pudiera estar expuesta.
Desde entonces fue su mentora y Putin pudo hablar con ella para que Africa le ofreciera consejos. Hablaban de aspectos personales y de la vida profesional. Cuando Putin fue destinado a Dresde, Alemania Oriental, se despidió de ella.
No la vería más. África de las Heras, muere en 1988, a los 78 años, y fue enterrada con honores militares en el cementerio de Kuntsevo, dejando tras de sí un legado de lealtad, secretos y contradicciones. Putin recibió en su despacho de Dresde la noticia de la muerte de una de sus maestras.

Más allá de la narración de una vida de espionaje, "Mi nombre es patria" es una reflexión sobre el poder de la ideología y la capacidad del ser humano para sacrificar su propia identidad en aras de una causa que considera de índole superior.
África de las Heras fue una mujer audaz, intrépida, en un oficio de hombres. Fue excepcional, dotada de inteligencia, valentía y una férrea voluntad, pero también fue un instrumento al servicio de un régimen totalitario, que la utilizó para promover sus intereses geopolíticos y reprimir cualquier forma de disidencia.
El libro plantea interrogantes sobre la naturaleza del patriotismo, la moralidad de la guerra y la responsabilidad individual en un contexto de conflicto ideológico. A través de la vida de África de las Heras, el escritor, Raúl Vallarino nos invita a reflexionar sobre los límites del compromiso político y los peligros del fanatismo. La historia de "Patria" es una advertencia sobre la fragilidad de la verdad y la capacidad del poder para manipular la conciencia humana. (www.REALPOLITIK.com.ar)