Desde el arranque, hubo lugar para la sorpresa y la memoria: “Preso de mi corazón”, un tema que la banda decidió rescatar, encendió de inmediato la conexión con el público. A partir de ahí, el show se sumergió en su presente con “Rock sin vuelo”, uno de los ejes de Siglo Pánico (2016), el disco que marcó un punto de inflexión en su carrera y los llevó por primera vez al Teatro Flores y al Estadio Atenas.
El repertorio fue construyendo un equilibrio sólido entre lo nuevo y lo clásico. “Todo se va” y “Carcelero” se afirmaron como pilares del segundo material, mientras que “Maquinado”, “Revancha” y “Barcos hundidos” mantuvieron la intensidad arriba.
También hubo espacio para revisitar "Venganza Primavera" , con “Mi cielo te dejé” y “Stoned”, y uno de los momentos más emotivos de la noche llegó con “Volverte a ver”, dedicada a Luz hija de Manuel que vive en Córdoba, en una canción cargada de sensibilidad.

El show continuó con “Buen día otra vez”, apertura de su último disco, antes de dar paso a un bloque acústico que cambió completamente el clima. “Ladran Sancho”, “Estrellas muertas”, “Canción para mi ocaso”, “Ojos ventanal” y “El pacto” (todavía no tocada hasta entonces) construyeron un momento íntimo, donde la atención se centró en la interpretación y la emoción.
El regreso a la potencia no tardó en llegar: “Nube negra” marcó el quiebre y “Mareado” sumó una nueva dimensión con la incorporación de vientos, liderados por Gastón Tocho en saxo y Mauro Kakace en trompeta, aportando frescura y expansión sonora.
Luego, “Dejarlas sangrar” volvió a cargar de emoción el ambiente, en un tramo donde cada acorde parecía golpear más profundo. Como guiño a otra etapa, aparecieron “Riña de gallos” y “Mil pasos”, completando un recorrido amplio por la discografía.

El cierre fue demoledor: “Los años ligeros”, “Probaste un buen dolor” y “Las verdades” terminaron de desatar la euforia colectiva.
Más allá de la música, hubo un aspecto que elevó el show: el trabajo visual. Las pantallas mostraron animaciones de un mundo futurista, donde un personaje con guitarra recorría distintas escenas, con referencias constantes a la banda en banderas, micros y paredes, generando una identidad visual potente.

En lo musical, también se destacó la base firme de Gabriel y Mariano “Cogo” en batería y bajo, junto a las guitarras eléctricas de Manuel Rodríguez y Agustín Bragoni, que construyeron un sonido sólido y preciso durante toda la noche.
El final tuvo ese condimento que ya es parte del ADN de la banda: el canto colectivo. “Si querés vení, pegate una vuelta por nuestra fiesta”, sonó desde el público como síntesis perfecta de lo vivido.
Sueño de Pescado volvió a dejar en claro que lo suyo no es solo un recital: es una experiencia compartida que sigue creciendo. La próxima parada ya está marcada: el 30 de mayo en Uruguay, en Sala Live Era. (www.REALPOLITIK.com.ar)